21/06/2001 | 711

La pueblada

El pueblo ha liberado a General Mosconi de las tropas de ocupación. Las tropas de Mestre y de Mathov; del obispo Lugones y del petrolero «cristiano» Perez Companc; del juez Cornejo y del gobernador Romero; de De la Rúa y de Cavallo. Desde la plaza de Mosconi se levanta un solo grito: que se declare la huelga general en todo el país hasta que se vayan los gendarmes, se libere a los presos y se someta a juicio a los responsables políticos y militares de los asesinatos perpetrados contra el pueblo.


El gobierno de De la Rúa-Cavallo está liquidado; esta vez al gobierno de turno no lo voltearon «los mercados» sino la victoria del pueblo contra la represión.


Se ha caído un «blindaje» fundamental del gobierno capitalista: la posibilidad de poner fin a los piquetes por medio de la gendarmería. La campaña la inició Storani, en diciembre pasado, cuando «denunció» la reunión «clandestina» del Polo Obrero en Fatpren. Lo siguieron el diario El Tribuno de Romero y la patronal de Refinor. El martes 19, El Tribuno aseguraba que Altamira había «operado» desde el norte de Salta para impulsar los piquetes. La mentalidad de «servicios» de los gobiernos explotadores, los acosa hasta el final: acostumbrados a conspirar no pueden imaginar siquiera las justas causas que animan la lucha sacrificada del pueblo.


«Hay que acabar con los piquetes», dijo el vocero Baylac en conferencia de prensa el lunes. Mariano Grondona le había advertido al gobierno, desde La Nación, que «no advertir a los involucrados que deberán canalizarse dentro de la ley es iniciar un proceso de disolución social». Clarín había publicado un inusitado artículo, sin firma, con iguales «advertencias» a propósito del cruce de un Jumbo en Ezeiza.


Luego del «megacanje», el gobierno creía llegado el momento de poner «orden». Un diputado de Acción por la República pedía, de nuevo en La Nación, un ministerio de Seguridad. El Congreso nacional ampliaba la potestad represiva de la policía. El «método» debía ser «integral»: encubrir con el pretexto de la delincuencia diaria la represión contra los piqueteros. Eligieron Mosconi por su distancia de Buenos Aires, pero por sobre todo por la calidad y firmeza de sus organizaciones piqueteras.


El juez Cornejo comenzó la «cacería a los piquetes» encarcelando a Pepe Barraza y sus compañeros. Con ellos inició la metodología de la «suposición»; suponiéndolos «sediciosos» les dictó prisión preventiva y les negó la excarcelación; suponiendo que los piqueteros ocuparían la destilería Refinor, a partir de una presentación de la patronal, la hizo ocupar por la gendarmería, lo que no impidió que luego se acusara a los piqueteros de disparar desde sus instalaciones.


La gendarmería procedió a reprimir con bala y a secuestrar a luchadores o vecinos. Mató a tres habitantes. Ocupó el hospital y las radios y acosó todo el tiempo a los periodistas que informaban la veracidad de lo que ocurría. Mestre comenzó a hablar del estado de sitio. Se procedió a la ocupación militar. Después de Barraza había que «agarrar» a Pepino Fernández y Piquete Ruiz.


Mosconi es la segunda productora de gas y petróleo del país, pero su pueblo se calienta con leña. La explotan los pulpos más poderosos, pero la desocupación es del 50%. La Coordinadora de Trabajadores Desocupados ha presentado un programa de completa transformación social de la región, y con ello se transformó en una verdadera alternativa política. Ahora el secretario de Pymes, Martínez, descubre que hay 650.000 hectáreas sin utilizar cuando la Coordinadora hace más de cinco años que ha pedido una reforma agraria.


El planteo represivo ha fracasado. No es la falta de represión lo que amenaza con desembocar en una «disolución social», sino que es esta disolución social lo que hace inviable la política del gobierno y la represión. El capitalismo está en bancarrota; se cae Aerolíneas, la recesión sigue tremenda, el megacanje fracasó, Cavallo ha tenido que devaluar y lo hará todavía más, la desocupación no deja de crecer, hay una ruptura de la cadena de pagos, la cesación de pagos es total. La rebelión popular del 20 de junio tiene, por todo esto, consecuencias incalculables. Es la expresión más avanzada de un movimiento nacional que volvió a ponerse en marcha con el paro general del 8 de junio y en especial con la movilización de piqueteros a Plaza de Mayo ese día.


Por la vía que ha elegido, al gobierno no le queda otra que el estado de sitio, pero en todo el país. El gobierno de unión nacional, con el que Cavallo quería salvar la situación, se diluye día a día. Ahora, podría entrañar una suspensión de las elecciones de octubre. La pueblada de Mosconi ha puesto las contradicciones de este régimen inviable al rojo vivo. La salida es echar a De la Rúa-Cavallo y convocar a una Asamblea Constituyente soberana, para expropiar a los saqueadores y recuperar las conquistas del pueblo.

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