26/11/2018

La renuncia de Ocampo, un coletazo de la crisis

Golpeado por la crisis que les generó al gobierno nacional y al de la Ciudad el escándalo de la final de la copa Libertadores, renunció el ministro de Seguridad porteño, Martín Ocampo. La salida del funcionario, más las declaraciones de Rodríguez Larreta sobre la responsabilidad de la Policía de la Ciudad por los “errores” en el operativo, dejan a cubierto a Patricia Bullrich a días de comenzar la reunión del G20.


La crisis fue creciendo con el correr de las horas y al conocerse detalles y declaraciones de testigos –como el chofer del micro– que denunciaban que se había “liberado el territorio” para la agresión al ómnibus que transportaba a los jugadores de Boca Juniors. Las responsabilidades recayeron tanto en las autoridades de seguridad de la ciudad como de la Nación. Ocampo era el responsable de la policía local y la Prefectura, que tenía a su cargo el control del punto donde se produjo la agresión, depende de la cartera de Bullrich.


Según fuentes periodísticas, entre ambos funcionarios había fuertes peleas. El largo silencio de Rodríguez Larreta luego del escándalo se explica, según La Nación (25/11) porque los cruces de acusaciones entre los funcionarios de las dos administraciones hacían imposible dar una versión unificada. Ocampo es un hombre vinculado a Angelici, quien también ha recibido un golpe político. La designación del vice jefe porteño Diego Santilli como reemplazante de Ocampo compromete personalmente a Rodríguez Larreta en el control del próximo operativo.


El escándalo ha supuesto una crisis muy grande para un gobierno que ya ve diluirse su poder. En un hecho inédito, Macri se entrometió en la conferencia de prensa que estaba por dar Patricia Bullrich para anunciar el envío a sesiones extraordinarias de un proyecto de ley “contra los barras”. En su monólogo, –Macri no admitió preguntas– se ocupó de culpar a la Justicia y a los políticos opositores de amparar a los barras –¡el ex presidente de Boca!– y anunciar su cruzada y la de Bullrich contra ellos, vía el proyecto de ley. Olvidó, quizá, sus largos años de connivencia con la barra de los Di Zeo. Scioli reflotó un proyecto similar, de su autoría.


La convivencia entre la policía y las barrabravas, la mayoría de los dirigentes de los clubes y los vínculos de éstas con los políticos, gremialistas y funcionarios, que se sirven de ellas como fuerza de choque, es una cuestión medular del régimen.


Para deshacer esa madeja es necesario terminar con este sistema que las ampara, protege y utiliza.


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