12/10/2017 | 1478

Las causas de “la peor inundación de toda la historia”


En las recientes inundaciones, la provincia de Buenos Aires llegó a tener 10 millones de hectáreas afectadas, con espejos de agua o bien con muchísima humedad superficial que las dejaba intransitables y cultivos arruinados. 


¿Quién es el responsable de esta catástrofe? La dinámica natural de las cuencas de los ríos que surcan buena parte de los territorios de Buenos Aires, al igual que La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos es la causante principal de las inundaciones, pero con la inestimable ayuda del hombre y en mayor medida con la falta o negligencia de las políticas gubernamentales.


 


Verso y realidad


 


La tesitura esgrimida por el actual gobierno, y por el de CFK en años anteriores, de que “estamos frente a lluvias extremas y la inundación es inevitable”.


 


Los registros históricos indican que toda el área mencionada está comprendida entre las isohietas de  500 y 1250 mm/año (http://climayagua.inta.gob.ar/estadisticas_de_precipitaciones) y que en los últimos años, en los que se han registrado innumerables inundaciones, los niveles estuvieron muy poco por encima de la media. Los procesos naturales de secas y crecidas recurrentes que se alternan en espacios de tiempo variables, son los más comunes.


El cambio climático se presenta con lluvias más abundantes en períodos cortos (torrencialidad), lo que ha incrementado levemente los registros anuales de lluvias. Ello contribuyó a que la provincia se inunde, pero la gravedad de la inundación, en extensión y permanencia se debe a otras causas producidas directamente por el hombre.


 


Hace más de cien años, en 1884, Florentino Ameghino escribió “Las secas y las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires”, donde abogaba por obras de retención y no de desagüe. Posteriormente un gran número de investigaciones han corroborado lo acertado de este enfoque. Sin embargo, en todo el período, y sobre todo en los últimos años, las obras de desagüe son las únicas que se realizan -y pocas veces logran terminarse: el Plan Maestro del Salado es la prueba más concluyente.


 


Desde los gobiernos se impulsaron grandes obras de canalizaciones que dieron lugar a negociados multimillonarios; mientras que los dueños de la tierra realizaron canalizaciones menores para sacarse el agua de encima, lo que lejos de solucionar nada, agravan la situación.


 


Los territorios mencionados son planos, por lo que los esfuerzos por desalojar el agua se ven dificultados -pues los cauces de los ríos de llanura, al no tener pendiente hacia el mar, retardan el escurrimiento. A ello se le suma que los valles de inundación (las riberas de los ríos) están ocupados, lo que les resta superficie para las aguas en exceso. Además, en ríos de llanura que desembocan al Río Paraná o de la Plata, el taponamiento de su desembocadura con proyectos inmobiliarios irracionales es otro grave condicionamiento.


 


Pero, sin duda, la causa que más agravó la situación es la falta de planificación en los ambientes rurales, es decir la no adopción de prácticas agronómicas sustentables: más rotaciones, menos agroquímicos y, fundamentalmente, no realizar obras de infraestructura prediales a menos que estén sustentadas en un plan agro-hidrológico regional.


 


Uso del suelo


 


Un trabajo técnico, Nicolás Bertram y Sebastián Chiacchiera, ingenieros del Inta Marcos Juárez, es concluyente: los excesos hídricos no se deben a la falta de obras o al exceso de lluvias, sino al cambio del uso del suelo. El agronegocio sojero, un engranaje del capital financiero y un feroz depredador, no sólo transformó la mayor parte de la superficie cultivable, impuso el monocultivo y desarrolló el mayor despoblamiento del campo, contribuyó a la desertificación del suelo y, al alterar los tiempos en que el suelo está cubierto de vegetación, incrementó sustancialmente los efectos de la inundación.


 


Las inundaciones desnudan la responsabilidad política de 50 años de gobiernos militares y civiles y del actual, que en 21 meses no ha resuelto nada.


 


El Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica (FFIH), para financiar obras relacionadas a inundaciones, recaudó 3.421 millones de pesos de impuestos (por impuestos a la nafta y al GNC), de los que el macrismo sólo ejecutó cerca del 30%, lo que abre grandes interrogantes sobre el destino de esos fondos.


 


Una salida


 


Los partidos de la coalición del ajuste no son garantía de solución para estos problemas. Anteponen los negociados de los capitalistas al control de las inundaciones, causando perjuicios en innumerables barriadas populares, en todas las ciudades de la región, y pérdidas millonarias en la producción lechera, ganadera y agrícola.


 


Planteamos: 


 


• el cese de las canalizaciones de los predios rurales. Por un plan regional de manejo agro hidrológico;


• la adopción de prácticas agronómicas sustentables, con rotaciones de cultivos, en toda la superficie de producción. Terminar con el monocultivo de la soja;


• una planificación de reservorios de agua;


• regulación para minimizar el uso de agroquímicos;


• prohibición de nuevos emprendimientos inmobiliarios en los humedales que taponan los desagües naturales;


• liquidación de los asentamientos precarios donde viven miles de bonaerenses;


• un plan de urbanización y de viviendas ya. No a la especulación inmobiliaria;


• un plan inmediato de asistencia y resarcimiento a los miles de afectados;


• un plan de urbanización y de viviendas ya, que elimine la especulación inmobiliaria;


• un plan inmediato de asistencia y resarcimiento a los miles de afectados.


Esta salida es imposible de desenvolver sin un plan económico y político elaborado por el movimiento obrero. Una campaña sistemática sobre este programa contribuiría a desarrollar la conciencia política y la organización de la clase obrera -rural y urbana- para terminar con los que han transformado una de la regiones de mayor riqueza natural del mundo en una zona de desastre permanente.

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