09/10/2003 | 820

Las elecciones en Córdoba

El domingo pasado, en Córdoba, se pusieron de manifiesto agudamente algunas constantes de la política nacional. Nada menos peculiar de la realidad local que la abstención, el 45%; la victoria en la ciudad capital de un candidato que «corrió por fuera»; la crisis del peronismo, con el desmoronamiento de De la Sota desde junio, cuando ganó «por muerte» la elección a gobernador; y una nueva caída de la izquierda y del PO, hasta niveles mínimos, afectados por la votación del «emergente» Luis Juez. De todo esto, surge un cuadro de contradicciones políticas manifiestas, que se neutralizan recíprocamente.


Obviamente, la burguesía debería festejar un resultado que otorga la victoria a un candidato que estuvo acompañado por otros dos (a diputados) , uno de VW y otro de Fiat (la lista de De la Sota consagró a un representante la Aceitera General Deheza). La victoria apabullante del «líbero» Juez en la capital está, sin embargo, neutralizada por una abstención igualmente apabullante en ese mismo distrito (más del 35%). El nivel de abstención en la provincia, aún más alto, marca, indudablemente, una continua hostilidad al régimen político y a sus partidos y representantes, pero la votación marginal que obtuvo la izquierda y el PO no permiten caracterizar a esa hostilidad como revolucionaria. Por último, si la votación de la izquierda y del PO pone de manifiesto el muy fuerte retroceso de los planteos revolucionarios y hasta de los superficialmente críticos al capitalismo, el hundimiento del ARI, Recrear y, por sobre todo, del peronismo oficial, muestra que el régimen político vigente continúa preso de constantes crisis políticas y sociales que alimentan la oposición de las masas.


El voto popular por un arribista constituye, por sí mismo, un síntoma de inestabilidad del régimen político y también del electorado. La idea de que un individuo pueda ofrecer una perspectiva política a partir de su condición de fiscal anticorrupción despedido, es por sí sola inconsistente. La candidatura de Juez tiene aspectos en común con Luis Zamora y con el ahora declinante ex juez anticorrupción de Tucumán, Jerez. Son candidatos «anti-políticos», de izquierda, derecha y centro, lo cual los emparenta, a su vez, con Macri (y con Schwarzenegger; en California hay una gran crisis financiera y social). Son síntomas de crisis políticas de mayor o menor gravedad y ponen de manifiesto las limitaciones políticas del momento de la izquierda revolucionaria.


Los resultados electorales ponen en evidencia una discrepancia muy grande con relación a la capacidad de movilización del Partido Obrero y a su participación en las luchas. Esta contradicción está expresando la resaca política dejada en el pueblo explotado por dos años de bancarrota económica y convulsiones sociales y políticas, de un lado, y la difícil formación de una vanguardia política a partir de los luchadores que han surgido del proceso revolucionario, del otro. La resaca política es típicamente transicional (evoluciona también desigualmente a lo largo del país) y dará paso a una nueva situación política de acuerdo a como evolucione el conjunto de la crisis. El segundo aspecto pone en cuestión si los luchadores piqueteros y el movimiento histórico que se encarna en ellos son históricamente viables: para la izquierda democratizante están condenados a desaparecer o a convertirse en una fuerza auxiliar menguante del asistencialismo estatal. Pero varios datos indican lo contrario: que sigue siendo un factor fundamental de reestructuración de la clase obrera sobre una nueva base programática, una nueva organización y una nueva dirección. Así lo demuestra la clara delimitación política clasista del Bloque Piquetero, tomado como conjunto, del gobierno burgués nacional y progresista de Kirchner, la cual se ha transformado en el obstáculo fundamental al intento oficial de liquidar al movimiento piquetero como factor de lucha y al intento, en general, de domesticar al movimiento popular. Pero también lo demuestra la continua delimitación polítca que se va produciendo dentro del movimiento piquetero e incluso en la izquierda, que asiste a varias fracturas políticas como consecuencia de la evolución que se está produciendo entre esos luchadores piqueteros (Chaco, Jujuy, Gran Buenos Aires). De otro lado, el Bloque y el Polo Obrero se han convertido, desde hace tiempo, en un factor de nuevos reagrupamientos políticos en el movimiento sindical; y no solamente esto, sino en protagonistas de las principales luchas obreras (huelga telefónica, lucha del subte, huelgas docentes provinciales, ocupación de plantas de pescado, trabajadores petroleros del sur).


Las elecciones son importantes para medir la temperatura política de las masas y también para establecer cómo ven la realidad política. Pero una y otra (la temperatura y la conciencia) están condicionadas por factores históricos que están fuera del control de los protagonistas: la bancarrota del capitalismo, la necesidad de resistir a sus consecuencias, la inviabilidad de las salidas gatopardistas o reformistas

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