06/07/1993 | 395

Las inundaciones… y Duhalde al servicio de la oligarquía

Las inundaciones en la provincia de Bue­nos Aires están dando tugar a una brutal confiscación de pequeños propietarios por parte de los pulpos y grandes terratenientes. “Hay empresarios de Buenos Airea que están comprando los campos inundados a la cuarta parte de su valor y después si van a aparecer las compuertas, la repre­sa, la contención de aguas y todo lo demás”, denuncia el Intendente de Monte. Soldati (20 % del Ferroexpreso Pampeano, 21 % de Obras Sanitarias, Telefe, parte de la red de gas .etc.) “se está comprando todo el campo” (Ámbito Financiero. 25/6/93). Este fenómeno se reitera con cada inundación y explica, en parte, la colosal concentración de la tierra operada en la cuenca del Salado, una de las zonas más afectadas. Allí, ya en 1988, el 70.9 % de la superficie explotada estaba en manos de propietarios con explo­taciones de más de 1.000 hectáreas (“La propiedad agropecuaria en la Zona del Salado”, Basualdo).


La lluvia afecta a muchos, pero los meca­nismos de salva taje son bien distintos: “hay muchos que salvan el ganado enviándolo a campos no inundados, pero el precio del arriendo ha subido en forma sideral y solo algunos pueden pagarlo”, informa un productor en Clarín (22/6/93). Los grandes terratenientes cuentan con campos en otros partidos: “casi el 80 % de los mayores propietarios…tienen tierras en más de tres partidos distintos de los 27 que com­ponen la cuenca del Salado” (Basualdo, ídem). Por otra parte, los grandes canales de desagüe que cubren la llanura deprimida, fueron situados desde hace años y no por casualidad allí donde convenía a los latifun­distas y no en fundón de un sistema racional de escurrimiento hacia el mar. Impera “la iniciativa aislada de drenar un sector sin preocuparse por las consecuencias en al resto”, según confesaba ante la inundación del 85 el entonces secretario de Recursos Hídricos de la Nación (La Razón, 21/11/85), la oligarquía entre tanto no permite que ca­nales necesarios atraviesen sus tierras.


Duhalde o la “Industria del terraplén”


Duhalde y los funcionarios responsables del gobierno provincial se han escudado en la magnitud de las precipitaciones o en la imprevisión de gobiernos anteriores para concretar obras de defensa. Efectivamente, en cinco meses ha caído sobre la provincia de Buenos Aires una cantidad de lluvia supe­rior a la media histórica: unos 1.000 milíme­tros, cuando el promedio para las zonas afectadas se ubica entre 750 y 900. Sin embargo, no dista gran cosa de la lluvia caída en otras inundaciones (1978,1980 y 1985/86) y está por detrás en cuanto a la cantidad de hectáreas anegadas (unos 3 millones contra unas 10 en la inundación deli 80).


La magnitud del desastre se explica entonces, por una política que no tiene otra finalidad que acompañar el proceso de con­centración en manos de la oligarquía y los pulpos. Duhalde anunció créditos del Banco Provincia a tasas preferenciales para refinanciar las deudas bancarias de los produc­tores afectados. Pero esto beneficia a los terratenientes que gozan de crédito bancario. “Yo estoy endeudado en un 30 % con los bancos y en un 70 % con los proveedores cerealistas”, denuncia un minifundista, “el 100% de mi deuda es con un contratista” denuncia otro, “el 80 % de los productores de Junín (una de las zonas afectadas) no está endeudado con los bancos sino con cooperativas, acoplado­res y vendedores de insumos”, para este sector “el anuncio del gobierno no aporta nada” concluye uno de los afectados (Cla­rín, 16/5/93). Los beneficiarios de la refi­nanciación de deudas serán los grandes propietarios que se aprestan a ocupar los sillones del directorio del Banco Provin­cia dejados vacantes por orden de Duhal­de. Estas butacas conservan su valor de siempre: controlar la llave de paso de los créditos y los nombres que más suenan para ocuparlas, por los terratenientes, son los de Carlos Elizondo (Carbap) y Osvaldo Rial, (Sociedad Rural).


En la carrera por la refinanciación se anotan grandes propietarios que no han visto caer una gota en sus campos (Merce­des). Es que el gobierno provincial carece a sabiendas de todo control sobre los campos efectivamente inundados. “Los satélites na­turales, tipo Landsat, han facilitado el estudio de las inundaciones, permitiendo delimitar en forma precisa los sectores agropecuarios afectados” (“La degrada­ción del ambiente en la Argentina”, Do­mínguez y Carballo), pero “la estación re­ceptora de Mar Chiquita quedó fuera de funcionamiento y obsoleta desde 1983” (Pag 12,15/6/93). Esto hace que el gobierno provincial deba depender de satélites clima­tológicos como el Noaa, que no distingue inundaciones en predios menores (ídem).


El gran afectado no es sólo el minifundista, sino el poblador inundado y el trabajador rural, que no tienen ninguna salida, y que asisten, sobre “llovido” al negociado. “No recibimos respuesta para 140.000 pesos (necesarios para el desagüe de barrios inun­dados) y si nos proponen hacer defensas que cuestan cuatro o cinco millones…se está haciendo una industria del terraplén… en lugar de una ley de aguas que permita el escurrimiento”, denuncia el In­tendente de Monte (Clarín, 22/6/93).


El gobierno de Duhalde pretende que los trabajadores del campo y la dudad, junto a los pequeños productores, sean los chivos emisarios de la inundación. EI pago integral de la jornada al trabajador rural o urbano afectado, la condonación de las deudas a los pequeños productores, la eximición de im­puestos a unos y otros, la apertura de los libros del Banco Provincia para deschavar el destino de los créditos, la expropiación de las tierras necesarias para la construcción de los canales aliviadores, pueden presidir la lucha y la organización contra los beneficia- ríos de las inundaciones y “su” gobierno.

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