30/12/2017

Las “metas de inflación” no tienen dónde meterse

Una aproximación al desplome de la política económica

La crisis política que atravesó el gobierno como consecuencia de la intensa movilización obrera contra el atraco jubilatorio, tuvo otro elemento relevante, que es la crisis de la política económica y, por lo tanto, una división en el gobierno y en la clase capitalista. Pusimos en evidencia este aspecto, para nada menor, en una entrega anterior en esta página – “Macri na corda bamba”. En la caracterización de una crisis política es necesario destacar su carácter de conjunto. Es lo que explica los realineamientos que tuvieron lugar enseguida después en el terreno político y en la economía.

    El gobierno y los medios adictos se lanzaron a un ataque desvergonzado contra la izquierda y los ‘violentos’, con el propósito de presentar al macrismo como el ‘partido del orden y de la gobernabilidad’. Recibió el apoyo inmediato del aparato judicial, que ordenó arrestos arbitrarios y rechazó planteos de excarcelación. No tuvo el mismo trato con los infiltrados de los servicios, ni ocurre lo mismo con los responsables del asesinato por la espalda de Nahuel, por parte de los gendarmes, en Bariloche. Hace pocas horas, el gobierno, no las autoridades parlamentarias, presentaron una denuncia judicial contra numerosos diputados a los que acusa de intentar obstruir o impedir la actividad del Congreso – lo cual es un desatino, porque ataca un recurso extremo de los representantes electos en su actividad legislativa, que es usado en todo el mundo. El oficialismo pone en el mismo carro a los ‘sediciosos’ de la Plaza con los ‘subversivos’ del recinto. Este conjunto de ataques ilustra a la democracia como lo que realmente es – una dictadura del capital contra los trabajadores disimulada por ‘instituciones’ que operan a favor de los explotadores. Un columnista de Clarín, Vicente Palermo, un politicólogo liberal, ha advertido al macrismo contra el recurso al “decisionismo”, como algunos denominan al propósito de gobernar por encima del parlamento. Una advertencia oportuna, por supuesto, cuando se tiene en cuenta cómo terminó esa tentativa por parte De la Rua. De todos modos, la base parlamentaria que permitió al macrismo sacar cien leyes anti-populares en dos años, ha entrado en un impasse o en una crisis.

    En el tablero político general también se observan los primeros realineamientos posteriores a la crisis política que emergió con el saqueo a las jubilaciones. Han cobrado mayor peso relativo las transas con los gobernadores – el 99.9% ha firmado el pacto fiscal. Macri parece haber puesto todas las fichas en la pelea electoral en la provincia de Buenos Aires, con una caja engrosada con el dinero robado a los jubilados, donde ha comenzado una activa cooptación de intendentes peronistas. El bloque de Massa intenta despegarse de dos años de colaboración con el macrismo. CFK acaba de emitir un dudoso renunciamiento en favor de cualquier candidato del justicialismo que reúna las condiciones para ganar en 2019; el kirchnerismo busca colarse entre los pejotistas que han sostenido a Macri. La burocracia sindical, con Moyano, Barrionuevo y Caló también se ha puesto a rebobinar, porque enfrenta, de un lado, una creciente presión de las bases obreras y, por el otro, un ataque selectivo del gobierno para alinearla con la ‘paz social’. En el movimiento obrero comienza a procesarse un realineamiento político, donde está en juego, en última instancia, la cuestión histórica de una dirección clasista e independiente de los trabajadores.

                


Se mete la inflación


El anuncio de una reformulación de la política económica, también entra en las derivaciones de la crisis política. El esquema de los últimos dos años (“metas de inflación”) ha quedado desahuciado. Estamos, por de pronto, ante un enorme negociado, de características similares al ‘dólar futuro’ de Kicillof, aunque esta vez no hará su aparición el juez Bonadío. Ocurre que durante toda la semana, el Banco Central estuvo comprando Lebacs en el mercado secundario, con la intención aparente de reducir la tasa de interés de esos bonos y, por sobre todo, de producir una suba del dólar con el dinero que salía de las Lebac. El viernes 29, cuando se debían cancelar los contratos en el mercado futuro del dólar, con cotizaciones previas pactadas a alrededor de 18 pesos (o a menos, según la fecha de los contratos), el dólar al contado había superado los 19 pesos, lo que obligó al Banco Central a pagar casi 1.50 (o más, casi 2 pesos) para cubrir la diferencia. Cuando se conozca el monto total de esos contratos se podrán evaluar las pérdidas del Banco Central y las ganancias de los especuladores. ¿Irá alguien en cana por estas maniobras?

     El cambio de las ‘metas de inflación’ del 12 al 15% anual (la real es del 25%) produjo poco movimiento de cejas entre los comentaristas de prensa y mucho escepticismo acerca de sus efectos para la marcha de la economía. Los especialistas destacaron que el Poder Ejecutivo sustituía al Banco Central en la determinación de la política monetaria – y no solamente porque destruía el mito macrista-neoliberal acerca de la independencia del Banco Central. De hecho, estos anuncios constituyen una respuesta del gobierno a las grandes movilizaciones populares, cacerolazos incluidos, porque se adjudican el propósito de reducir tasas de interés, reactivar la economía y fomentar las exportaciones. Los realineamientos de política económica, como se puede ver, son parte de una lucha de clases.

    El precipitado anuncio del oficialismo es, sin embargo, más que nada, un estallido de las contradicciones insalvables de la política económica. La devaluación del peso promovida por el gobierno constituye un golpe de amplio alcance a la política del “carry trade”, que es como se denomina a la entrada de dólares para aprovechar la diferencia entre las tasas de interés en el exterior (bajas) y en el mercado interno (altas). La devaluación del peso ha desvalorizado, en términos de divisas extranjeras, a las Lebac, e incluso producido pérdidas a sus tenedores. El gobierno, sin embargo, no puede prescindir del “carry trade”, porque carece de otro medio para financiar la economía. Para 2018 está previsto un endeudamiento del orden de los u$S30 mil millones (en el marco de una deuda pública de u$S350 mil millones), cuya certidumbre ha sido puesto en duda por la reciente devaluación y por la decisión de transferir la política monetaria al poder político. La intención de convertir deuda del Banco Central en deuda del Tesoro, a través de la emisión de Letes, es imposible, pues el stock de Lebacs es de 1.2 billones de pesos, o más de u$s60 mil millones. Es significativo, en este cuadro, que el gobierno anunciara que “el Tesoro le pedirá menos dinero al Central”, o sea, que la “recalibración” incluye a un ajuste con despidos de estatales. 


    El gobierno ha provocado la devaluación reciente en el contexto de un déficit comercial de u$s8 mil millones anuales y el de cuenta corriente (por servicios) de más u$s27 mil millones – una cifra demencial. Lo más significativo, sin embargo, es lo siguiente: los sojeros vuelven a retener la cosecha como en tiempos aún frescos. Esto toca el estómago del macrismo. Los sojeros han visto perder el mercado de biocombustibles norteamericano, que el vocero de estos intereses, H. Huergo, de Clarín, calificó como un golpe mortal para el desarrollo del sector sojero. Para complacer las exigencias de la competencia europea y norteamericana, Macri ha subido las retenciones al bío combustible y reducido a la soja, lo que achica fuerte el margen de beneficio de la industria. Esto ha convertido a los monopolios agro-exportadores en el mayor ‘lobby’ a favor de la devaluación. No hace falta agregar la presión que ha ejercido la UIA y Techint, que se han despachado fuerte contra la competencia de China. Queda claro, entonces, que el macrismo se encuentra sometido a extorsión de intereses poderosos y a las contradicciones insalvables del capitalismo. La devaluación atiende al objetivo capitalista de reducir los salarios en dólares e, inflación mediante, en pesos. Es el ‘método’ para bajar los famosos ‘costos laborales’, en conjunto con la contrarreforma laboral.  De todos modos,  la pretensión de reducir costos entra en contradicción con los tarifazos, también previstos, en la energía y el transporte. 


    Los bancos han aprovechado la política de “metas de inflación” y el ingreso de dinero del exterior para lanzar una furiosa campaña de créditos hipotecarios a largo plazo, con la intención de vender el paquete de préstamos en los ‘mercados de capitales’ y renovar, de este modo, la especulación hipotecaria. Numerosos analistas atribuyen a esto el descontrol de la inflación. El golpe al “carry trade” afecta el negocio hipotecario y el ‘mercado de capitales’. Dada la vulnerabilidad económica de numerosas familias que han tomado estos créditos, Argentina podría darse el ‘lujo’ de experimentar una crisis ‘subprime’, como la que goza el ‘primer mundo’.


Una cuestión de conjunto


    En definitiva, el gobierno no reúne condiciones para abandonar la política económica que ha estado vigente, ni puede permanecer en ella. La potencialidad de una crisis económica debe ser integrada al escenario de luchas defensivas y reivindicativas, pues plantean una cuestión de poder. En este extremo, lo que decide es la intervención de las grandes masas con sus métodos históricos, y una dirección política consecuente. Las grandes organizaciones de masas de la clase obrera, como los sindicatos, las comisiones internas y delegados, la CGT, así como la CTA y sus sindicatos,siguen siendo la gran referencia de los trabajadores en lucha,  en un escenario que pone al rojo vivo la cuestión de las próximas paritarias. Hay que impulsar su intervención y movilización, y sobre esa base desarrollar nuevos cuadros y nuevas direcciones. La crisis política de la burocracia sindical es un aliciente para este propósito porque ayuda a los trabajadores a comprender la crisis de dirección del movimiento obrero y al desarrollo de los métodos para superarla.

 

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