Libertad a Juliana
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Entonces el juez dijo a las dos mujeres que afirmaban -ambas- ser la madre verdadera: trazaré un círculo de tiza en el piso, pondremos a la criatura en el medio; ustedes-una a cada lado- la tomarán de los brazos y tirarán fuerte de ella; la que logre arrancarla del círculo ¡esa es la madre!".
Como en la obra teatral “El Círculo de tiza caucasiano", del gran Bertolt Brecht, así se han esforzado por presentar los grandes medios de comunicación y de prensa y los doctores clericales el caso de Juliana, la hija de los detenidos desaparecidos Liliana Fontana y Pedro Sandoval.
En una operación perfectamente orquestada, la jauría burguesa ha tratado de desnaturalizar, de este modo, el verdadero carácter de la situación, que no es otro que la verdadera historia de Juliana. Lo han hecho, porque allí está la clave del problema.
1978
Juliana nació en 1978 en la Escuela de Mecánica de la Armada, campo de concentración y tortura que “bien organizado", tenía en sus sucios corredores una suerte de sala de partos. Como los hijos de los esclavos que ya eran esclavos en el vientre de la madre, Juliana nació secuestrada y encadenada porque así estaba la madre que la albergaba. Así, vio la luz, privada de su derecho más elemental, el de sentir las caricias de sus padres.
Abandonada por los genocidas del mar, seguramente en un gesto de "caridad cristiana" y de democrática "obediencia debida”, Juliana fue recogida y llevada a la Casa Cuna, donde el entonces juez del Proceso y ahora camarista de la "democracia”, Wagner Mitchell, la dio en adopción -sin ningún trámite previo de averiguación de antecedentes, ni del origen y destino de sus padres-, al matrimonio Treviño.
Mientras Juliana crecía sin saber su origen, la resistencia popular acabó con la dictadura. La lucha empezó a destapar la olla de los crímenes y secuestros. Denuncias, cómplices, encubridores por todos lados. Algunos niños secuestrados comenzaron a aparecer.
El matrimonio Treviño se presentó, en estas circunstancias, en Abuelas de Plaza de Mayo. Se investigó. Se comprobó efectivamente que era hija de Liliana Fontana y de Pedro Sandoval.
Lo habitual en casos como éste había sido llegar a un régimen donde los niños -una vez devueltos a su familia de origen- mantenían el vínculo también con los padres adoptivos. El caso de Juliana también parecía encaminarse por esta vía, cuando se resolvió legalizar la situación ante un juez.
El juez Padilla
El caso Juliana fue a parar a las manos del juez Ramos Padilla. Lo normal hubiese sido restituir a Juliana a su familia de sangre para que luego los padres adoptivos y los abuelos organizasen, por su cuenta, una vida en común.
Pero el juez Ramos Padilla estaba en otra. Pocos días antes del fallo anunció que renunciaría al cargo y se afiliaría a la UCR, un partido que ahora está a la caza de “progresistas” para disputar un electorado “centroizqulerdista” en las próximas elecciones. Al llegar a sus manos el caso de “Juliana", el pequeño hombre de la pequeña burguesía, sacando patente de 'democrático”, llamó a todos los diarios, la TV y la radio, para entregar abruptamente a Juliana a los abuelos, sin avisarle a los padres adoptivos, cortando de hecho el diálogo construido por las familias.
El juez Padilla, luego de poner a una familia contra la otra, fue a su casa a recibir los llamados telefónicos de las emisoras.
Puesta así la situación, el engranaje de propaganda de los más reaccionarios de la burguesía entró en funcionamiento, para mejor confundir y dividir al pueblo.
Leña al fuego
“¡Tire fuerte, Treviño!”, gritaron los Neustadt y los Grondona.” ¡Tiren fuerte, pateen, muerdan, Insulten, griten!" azuzaron de todos lados los muy hipócritas y los asesinos y los cómplices del ‘Proceso”. Se montó un plan calculado para dividir al pueblo alrededor de una falsa opción. De tres dolores -nos arrinconaron- el de los padres adoptivos, el de Juliana o el de la familiar de sangre, usted, con cual se queda?
Falsa opción
Todos, los Fontana, los Treviño, los cientos de Julianas, los miles de desaparecidos y sus familias, todo el pueblo trabajador y democrático fue la víctima de la dictadura y de la burguesía y de los políticos burgueses que la respaldaron, y que luego le darían una "salida digna”.
La adopción es irrevocable por ley, dijeron, pretendiendo no darse cuenta de que el secuestro viola la ley y que los jueces de la dictadura obraban contra los principios constitucionales. Bajo el disfráz de esa “opción”, los victimarios se pusieron a defender el orden establecido por el genocidio y el continuismo jurídico- estatal establecido por la “democracia”.
Los Neustadt alegaron la defensa de la salud mental de Juliana para que se rechazara la restitución a sus abuelos. Pero la restitución de la salud mental en un país donde hubo un genocidio físico y social de los explotados por parte de los explotadores, pasa por liquidar esta explotación, encarcelar a tos criminales y liberar al pueblo encarcelado. La salud mental "democrática” de la obediencia debida y de las adopciones forzosas es propia del loquero fascista.
De qué “sutileza psicológica" nos hablan cuando los escolares de la edad de “Juliana" que visitan la fragata Libertad, en este mismo momento, son llevados a recorrerla, ¡por el capitán Astiz!
No puede existir una restauración “armónica" individual en una sociedad completamente podrida por el régimen capitalista, que ha sido y es el causante de todos tes dolores y sufrimientos del pueblo. En defensa de la ganancia, de la explotación y de la usura se mató y secuestró. En defensa de ese mismo orden capitalista, destructor por naturaleza de toda dignidad humana, se ascendió y puso en libertad a todos los responsables y ejecutores del genocidio.
Libertad a Juliana
La reciente decisión del juez Sañudo, actual juez de la causa, de entregar nuevamente a la niña a los padres adoptivos, es una medida política que convalida todo lo actuado por la dictadura. Estamos así otra vez en 1978, cuando Juliana fue secuestrada y entregada a una familia que no era la suya. Ella sigue de hecho secuestrada de su familia, por orden del mismo Estado que avaló hace poco a sus secuestradores, y que hoy avala la continuidad de su secuestro, "democráticamente*.
Contra esta miserable maniobra, todo el campo popular tiene que unirse y movilizarse para exigir que Juliana y todos los niños secuestrados sean restituidos incondicionalmente a las familias de las que fueron arrancadas. Alineados en ese mismo campo, tanto los familiares de sangre como los adoptivos, junto a los trabajadores y la población democrática, encontrarán la vía para que el entendimiento íntimo y personal vaya liberando la integridad afectiva de los niños.
Pero la barbarie generada por toda esta inmundicia y este horror no tiene otra salida que la revolución social.
Como finalmente hizo la protagonista de la obra de Brecht, tenemos que romper en mil pedazos el círculo de tiza que nos ha trazado la burguesía, con sus falsas opciones. No hay salida personal sin una lucha colectiva. Todos unidos, por la libertad de los niños secuestrados, contra los fariseos democráticos y la canalla reaccionaria. Exijamos: ¡Libertad a Juliana!

