Políticas

30/4/2003|798

Límites y contradicciones de la "reactivación"

El gobierno y los medios de comunicación vienen insistiendo en que, desde mediados del año pasado, pero ahora en forma mucho más firme, comenzó un proceso de reactivación económica. "La economía repuntó (en febrero) el 5,8%", destacó, por ejemplo, Clarín. "Fuerte crecimiento de la industria en marzo: 21,4%", tituló Ambito. Esa reactivación estaría motorizada por las exportaciones, la sustitución de importaciones, una incipiente vuelta de la inversión y una recuperación del consumo interno. Sobre esa base, Roberto Lavagna se aventuró a pronosticar que en el 2003 la Argentina crecería más del 3% previsto.


Sin embargo, en los últimos días, el propio Lavagna desinfló sus propias proyecciones y en un documento oficial planteó que "es posible prever una desaceleración de la tasa de crecimiento esperada debido a los límites del proceso de sustitución de importaciones, si la demanda agregada no se expande" ( Clarín, 20/4). También plantea que "la rigidez a la baja de los precios, luego de la expansión derivada de la devaluación, puede poner obstáculos a la recuperación del mercado interno" y que "el envejecimiento del capital instalado podría dar lugar a caídas en la productividad si no hay nuevas inversiones" (ídem).


Es evidente que la llamada reactivación económica está magnificada estadísticamente, porque la comparación se hace respecto a iguales meses del 2002, cuando el país estuvo prácticamente paralizado. Por ejemplo, la actividad económica creció el 5,8% en febrero respecto de igual mes de 2002, pero aún así está un 11,3% por debajo de febrero de 2001, cuando ya hacía rato que había comenzado el derrumbe. Si la comparación se hace con respecto a febrero de 1998, antes del inicio de la recesión, la caída es del 20%. Aún así, el ministro de Economía prevé una "desaceleración de la tasa de crecimiento", visualiza "obstáculos a la recuperación del mercado interno" y prevé "caídas en la productividad" por la falta de inversiones.


Y hay más todavía, porque correctamente Lavagna enmarca a la Argentina en la crisis internacional. Por eso, "el documento de Economía precisa lo que constituiría un cuadro internacional desfavorable para la economía argentina y las de sus principales socios: estancamiento de las mayores economías del planeta, alteraciones de los mercados financieros y progresos excesivamente demorados de las negociaciones internacionales dirigidas a eliminar las restricciones comerciales" (ídem).


No obstante, lo que llama la atención es la debilidad del repunte económico, su carácter marcadamente desigual, en especial en la industria (que está haciendo punta) y los límites que ya tiene.


Según el Indec, el crecimiento de la industria está concentrado en pocos sectores: siderurgia, metalmecánica, química y textil. En el resto siguen las caídas, o hay algunas producciones que suben y otras que bajan. Por ejemplo, la industria alimenticia casi no mejoró respecto de los tres primeros meses del año pasado; aunque hubo un fuerte crecimiento de la producción de aceites - casi 40% - , cayó la producción láctea, de yerba mate y de carnes rojas y blancas. También, si bien mejoró la producción de papel y cartón, cayó la de edición e impresiones. La producción petrolera sigue estancada y la de autos no levanta cabeza, a pesar de que produce a sólo 30% de su capacidad.


Esta evolución desigual de la producción industrial explica que el empleo siga sin crecer; o sea, que el aumento de la producción se ha conseguido con mayores horas trabajadas mientras que el salario real ha seguido cayendo. Muchas industrias continuaron echando gente, como las automotrices, de artefactos para el hogar, cementeras y lácteas. Esto le marca un límite a la recuperación del consumo interno, que se expresa en la caída de las ventas en los supermercados y la demanda de servicios públicos.


Por el lado de las exportaciones el panorama no es mejor. El documento de Economía reconoce que, a pesar de la devaluación del peso, el alto superávit comercial del 2002 - 16.300 millones de dólares - "se debe principalmente a la marcada caída de las importaciones más que a la expansión de los embarques externos". Los datos de los dos primeros meses de 2003 indican que el incremento de las exportaciones se debió a un aumento de los precios internacionales y a mayores envíos de alimentos, porque cayó un 5% la cantidad de manufacturas industriales exportadas y bajaron un 10% las exportaciones de combustibles y energía y un 17% las exportaciones de bienes primarios.


Por eso, la conclusión de Ambito Financiero es que "no hay boom exportador. Sobre todo si se observa que los productos que más están aumentando sus envíos son primarios (como maíz) y manufacturas agropecuarias (como aceites de soja) apoyadas en mayores precios o demanda mundial excedente" (21/4).


La explicación oficial es que las exportaciones no crecen por la "falta de crédito" y por la crisis internacional. En realidad, el crédito se está achicando cada vez más, ya que no se reponen los préstamos que se cancelan. Es que los bancos tienen su propio desfinanciamiento. De acuerdo a los datos oficiales, el año pasado la fuga de capitales absorbió todo el superávit comercial - 16.000 millones de dólares - y, aunque a menor ritmo, continuó en los dos primeros meses de este año.


Después de haber caído un 60%, tampoco se prevé un reinicio de las inversiones. "En Economía se espera que la inversión para 2003 alcance al menos a cubrir la pérdida de capital por amortización" (El Cronista, 8/4).


Si éste es el alcance de la llamada reactivación, hacia delante aparecen otros límites. Ante todo, la baja del precio del dólar detuvo el boom turístico, frenó aún más ciertas exportaciones y comenzó a favorecer las importaciones. Por ese motivo, Lavagna salió a reclamarle al Banco Central que suba a 3 pesos el dólar, pero eso choca con la política monetaria impuesta por el Fondo Monetario.


A esto se agrega el tema fiscal. El compromiso asumido por Lavagna con el FMI es que entre abril y junio el Tesoro duplique (de 1.500 a 3.000 millones de pesos) el superávit fiscal de enero a marzo. Pero la caída del precio del dólar disminuye el cobro de las retenciones impositivas mientras que anula lo que fue la mejor recaudación de 2002: el llamado impuesto inflacionario.


Todas estas contradicciones ahogan la recuperación del ciclo económico y pronostican nuevos choques que comenzarán a manifestarse abiertamente apenas el nuevo gobierno tenga que reiniciar las negociaciones con el FMI, con la espada de Damocles de 6.000 millones de dólares que vencen entre setiembre y diciembre de este año.