06/01/2011 | 1162

Lo que «Tiempo Argentino» hubiese preferido que publicara «Clarín»

Garré: la ‘pollita' de Washington

En una nota titulada «Washington había elogiado la gestión de Nilda Garré en el Ministerio de Defensa», el diario Tiempo Argentino del domingo 26 de diciembre da publicidad a uno de los cables diplomáticos difundidos por WikiLeaks. El cable, señalado por el diario como «revelador», pertenece a la Embajada estadounidense y está fechado el 26 de febrero de 2008. El mismo fue escrito por el diplomático Thomas Kelly, segundo del embajador Earl Anthony Wayne, y dice: «El Ministerio de Defensa es más amigable con nosotros (los Estados Unidos) ahora que lo que ha sido en cualquier otro momento desde que la ministra de Defensa Garré está a cargo de esa oficina, hace dos años». El mensaje, en el que se señala la mejora en la relación bilateral de ambos países, estaba dirigido al Departamento de Estado de los Estados Unidos.

La difusión de la noticia pretende ser una cobertura política a la flamante ministra de Seguridad, Nilda Garré. Los ultra K siguen el método de buscar el visto bueno de Washington. El colmo es que para el empresario Spolski, el cable es una demostración de que «no todo es negativo en los cables de WikiLeaks» como intentarían mostrar «los grandes medios masivos de comunicación», que ocultaron dicha noticia. Los K se ufanan del apoyo del imperialismo que Clarín habría perdido en beneficio del gobierno. Washington se ha pasado al campo nacional y popular, por lo que abolido el imperialismo, ¡quién necesita a Clarín!

El peso de la noticia deja en ridículo los esfuerzos del diario por presentar la trayectoria de Garré como un ejemplo de militancia «nacional y popular». El elogio del Departamento de Estado a la «democratización de las Fuerzas Armadas» conseguida por Garré es una prueba de que ella ha sido ‘funcional’ a los intereses norteamericanos, desde el envío de tropas argentinas a Haití, la participación militar en el operativo conjunto con el Comando Sur en Panamá (incluso con el ejército golpista de Honduras) y el saludo reiterado de la Casa Blanca a la colaboración de la inteligencia argentina en «la guerra global contra el terrorismo».

Los «grandes medios», para disgusto de Tiempo Argentino, no difundieron los elogios yanquis a Garré sino que se dedicaron, por el contrario, a realizar una extensa cobertura del escandaloso ascenso militar de uno de los defendidos de Garré a lo largo de su gestión al frente del ejército, el general de brigada César Milani, que le ha permitido a éste retener, de manera irregular, el puesto de jefe de Inteligencia de la fuerza.

Milani es señalado como integrante del staff de capitanes que rodearon a Aldo Rico en el alzamiento carapintada de Semana Santa en 1987, en el que conformaba la estructura de obtención de información sensible. Se habla de su rol en la «operación Supertrueno», destinada a colectar datos sobre el armamento disponible en las guarniciones, cantidad de fusiles, munición menor, granadas, explosivos, tanques, etc. que caerían bajo control carapintada y una estimación de bajas en caso de aumento de las hostilidades (ambito.com, 21/12).

Por si fuese poco, Milani se encuentra, además, implicado en la venta irregular de inmuebles del ejército durante su función como jefe de Inteligencia de esa fuerza.

El ascenso de Milani, impulsado por Garré junto al de otros 300 militares, fue aprobado en una polémica sesión del Senado, que contó con quórum gracias a la presencia del ex presidente Menem, con el voto de Cabanchik, quien, a pesar de votar positivo, denunció la participación de Milani durante la última dictadura en el Batallón 601 de Inteligencia en 1979. Los pedidos de separar el pliego de Milani a lo largo de la sesión fueron descartados de plano por el oficialismo. «La orden era no dejar de lado al número dos del Ejército, lo que hubiera significado un duro golpe político. ‘Todos o ninguno’, replicaban en el FpV» (Página/12, 23/12). Sin ponerse colorado, el pasquín oficial Página/12 tituló la noticia del polémico ascenso de Milani: «Una victoria para despedir el 2010».

Las revelaciones del «periodismo militante» y las de los «monopolios mediáticos» desnudan por igual los límites y las miserias del nacionalismo burgués.

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