06/04/2000 | 661

Los bancos con Ibarra, Soros con Cavallo

Las andanzas de Ibarra y Cavallo en los últimos días prueban en forma incluso desmesurada el acierto del programa del Partido Obrero, que los caracteriza esencialmente como los representantes de los especuladores inmobiliarios y bancarios internacionales.


Acompañado por el director del Banco Ciudad, Arnaldo Bocco, Ibarra se reunió hace dos semanas en Nueva York con el Chase Manhattan, el Credit Suisse, el Deutsche Bank y otros bancos internacionales. ¿Con qué objetivo? «Queremos que conozcan la situación de la ciudad, planteó Bocco, que la hacen atractiva para la inversión». ¿En qué rubros? «En hotelería de turismo», reporta Página/12. No se trata, obviamente, de una industria que ocupe mano de obra altamente remunerada o en cantidad, ni dé prioridad a la construcción de viviendas para los trabajadores.


Pero esto no es todo, porque pocas horas después, el jefe de Gobierno aliancista, Olivera, anunciaba (no «una rebaja impositiva» –como tituló Clarín del 28/3– sino) exenciones de impuestos inmobiliarios para obras futuras en la zona sur. La noticia fue efusivamente saludada, no podía ser para menos, por la Cámara Inmobiliaria (La Nación, 28/3). Para el presidente de ésta, Héctor D’odorico, es «el puntapié inicial para revalorizar los barrios». Esta «revalorización» significa simplemente que aumentará el precio del metro cuadrado y que los trabajadores no tendrán ninguna posibilidad de acceder a una vivienda en la zona ‘promovida’. Significa también que la zona sur en cuestión verá pulular los shoppings, algún hotel de cinco estrellas y los negocios suntuarios, es decir que se trata de proyectos que los expulsar  de la ciudad.


El remache de esta especulación de alcance internacional lo anunció un ‘socialista’, Norberto La Porta, de la Alianza. Al informar que la Legislatura aprobaría una ampliación del 25% de la superficie destinada a la construcción de viviendas (La Nación, ídem), dijo que «sin el apoyo de las empresas, los barrios de esta zona de Buenos Aires no completarán su proceso de desarrollo». En un castellano más sencillo, el funcionario ha querido decir que la construcción de viviendas dependerá de que satisfaga el lucro privado de los capitalistas del ramo, es decir que serán carísimas y que por lo tanto los obreros no tendrán acceso a ellas. El gobierno de la ciudad no tomará ninguna iniciativa directa; la plata de los contribuyentes deber  pasar obligatoriamente por la caja de los pulpos inmobiliarios.


Es curioso que luego de sus gestiones inmobiliarias, Ibarra ocupara su tiempo en «‘vencer el recelo que existe sobre Buenos Aires, debido a las bombas contra la Amia y la embajada de Israel» (Clarín). íAl candidato aliancista, el terrorismo de su Estado sólo parece preocuparle en la medida en que pueda afectar la especulación internacional con el suelo de la ciudad!


Cavallo no se queda atrás


A Cavallo no hay que enseñarle sobre especulación internacional. El mismo integra el grupo Forbes, que es uno de los mayores fondos especulativos que operan desde Nueva York. En la revista del grupo, Cavallo acaba de publicar una columna en la que explica que los impuestos deben gravar en mayor proporción a los pobres que a los ricos, para castigarlos por no haberse esforzado en conseguir alguna profesión calificada.


Pero ahora, anuncia Ambito Financiero (29/3), Cavallo ha conseguido el apoyo de Soros, otro especulador internacional, que maneja el fondo Quantum. Soros es famoso por haberle ganado mil millones de dólares al Banco de Inglaterra, en 1992, durante una especulación contra la libra esterlina, y haber perdido mucho más que eso en la crisis rusa de agosto de 1997. Soros es también un gran especulador inmobiliario en Buenos Aires (tiene el Banco Hipotecario y los shoppings).


El apoyo de Soros, dice Ambito, «promete para la Capital un boom económico basado en sus acciones», es decir en la especulación, que es en lo que consisten las ‘acciones’ de Soros. Esto explica que Cavallo también haya anunciado exenciones impositivas para la zona sur de la ciudad. Y esto ilustra también para qué sirven esas exenciones, o sea para la especulación con el suelo urbano. La llamada urbanización capitalista ha significado en todo el mundo la expulsión de los trabajadores de sus ciudades. El trabajador cumple siempre la función del barbecho: inicia el poblamiento de un lugar para luego ser echado de él por la especulación capitalis ta que explota la aglomeración que ha sido creada.


Para sobrepasar a Ibarra en las promesas, Cavallo también anunció una reducción del i mpuesto a los ingresos brutos que paga el comercio. Claro que no dijo por qué no tomó esa medida en el largo período en que fue ministro. De cualquier modo, esa rebaja impositiva beneficiar  a los grandes comerciantes, como los supermercados, que usarán esa ventaja para acentuar la competencia ruinosa contra el pequeño comercio. Es decir que los pequeños comerciantes de la zona sur agregarán a los perjuicios que les causan ahora los magros ingresos de la población de esos barrios, la rivalidad despiadada de los pulpos supermercadistas. La ruina del pequeño comercio contribuye tambi‚n a despejar el terreno para la especulación inmobiliaria. Hay que eliminar, por cierto, ingresos brutos al pequeño comercio, pero mantenerlo integralmente para los grandes pulpos.


Partido Obrero


El PO es la única organización que ha presentado una caracterización clasista de la presente lucha electoral, o sea de la tendencia del proceso capitalista de la ciudad a la expulsión de los trabajadores, al encarecimiento del suelo urbano y a la ruina de la clase media. Es decir que ha definido la cuestión urbana como una lucha de clases. Lamentablemente, sólo una muy reducida franja de obreros tiene una conciencia de esta situación. La campaña electoral en curso es una variante de la política internacional de privatizaciones del capitalismo, aplicada en este caso a la extracción de una renta excepcional del suelo urbano y de una ganancia excepcional para los grandes pulpos comerciales y bancarios.


Esta caracterización explica que el programa del PO otorgue un papel excepcional a la clase obrera que trabaja y vive en Buenos Aires, porque ella es la única que puede tomar las riendas del proceso de producción, construcción, transporte y comercio de la ciudad, en oposición al capital. El «vecindario» no puede sustituir el lugar socialmente creativo de los trabajadores. La consigna central del programa del PO es el control y la gestión obreras, porque sólo ellas podrán asegurar que las reivindicaciones sociales de las masas tengan efectivo cumplimiento, como la eliminación del IVA y la aplicación de impuestos extraordinarios a los grandes capitalistas; la reestructuración del sistema de transporte para hacerlo barato, eficaz para el obrero y no contaminante; la eliminación de cualquier impuesto a la vivienda familiar única y la adopción de un plan de obras urbanas que tenga por prioridad el reemplazo de villas, tugurios, conventillos o casas decrépitas, por barrios modernos y socialmente estimulantes para los trabajadores; o para sustituir el régimen de los shoppings por centros culturales; o para enfrentar la privatización de los clubes y devolverlos a la gestión democrática de los barrios.


Desde el punto de vista de la conciencia de la situación histórica concreta, en la lucha política en la ciudad hay sólo dos polos: Ibarra y Cavallo, de un lado, el Partido Obrero, del otro.

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