11/09/2014 | 1331

Los jefes políticos del infiltrado y del ‘carancho’

Roberto Galeano, el «canoso infiltrado» en las movilizaciones de los trabajadores de Lear, fue cesanteado de su cargo de coordinador de las Fuerzas de Seguridad tras la aparición de un segundo video que expuso hasta el detalle las provocaciones de la Gendarmería. Ocurrió una semana después de la difusión de una filmación de algo más de cuatro minutos coprotagonizado por el «Gendarme carancho» que se viralizó en las redes sociales y fue reproducido en todos los canales de televisión.

Después de la difusión del video, el ministerio de Berni le echó el fardo a Galeano, el infiltrado que había presentado como víctima, por «contradecir los lineamientos ministeriales de prudencia y de profesionalidad». Horacio Verbistky asegura, en cambio, que la salida de Galeano fue el «alto precio personal» que tuvo que pagar Berni para conservar su puesto. Esta versión adolece de una falla en el orillo, pues pretende separar a CFK de las andanzas de su secretario. Galeano fue despedido, simplemente, para poder ejercer la represión con un mayor ‘profesionalismo’. Lo prueba lo que ocurre en Lear todos los días

El intento de Verbitsky por oponer la gestión de Berni a la de la anterior secretaria, Nilda Garré, tampoco resiste el menor análisis. El Proyecto X de espionaje se desarrolló bajo el mando de Garré, esto en el marco del plan de «seguridad democrática» impulsado por el mismo Verbitsky. Recordemos, además, el caso de Balbuena, el agente de la Policía Federal infiltrado durante años en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh para hacer inteligencia sobre los movimientos de lucha. Estos casos salieron a la luz gracias a los militantes y periodistas que los denunciaron públicamente. El espionaje debía servir, para la «seguridad democrática», como un instrumento preventivo que deja a la represión como un recurso de última instancia.

La infiltración, no ya como método preventivo sino como método de provocación, está inscripto en el ADN del kirchnerismo: en 1994, Berni se infiltró entre los mineros de Río Turbio, que lo descubrieron y expulsaron del socavón. Durante la rebelión de 2001-2002, las patotas del PJ al servicio del gobernador Néstor Kirchner apaleaban a las asambleas populares en Río Gallegos.

La salida de Galeano equivale a un fusible, que hizo saltar el video. Desde hace meses, la Gendarmería y las patotas del Smata arremeten contra los obreros de Lear con el respaldo político del Ejecutivo. Durante todo este tiempo, Cristina Fernández ratificó públicamente su alianza con la burocracia de Pignanelli en cuanta ocasión se le presentó. Además, según Clarín (3/9), en una reunión secreta con los jefes de la CGT oficialista, la presidenta les dijo que «si no paran (a los críticos), van por ustedes». La burocracia y las patronales sostienen una sistemática caza de brujas contra el activismo en los lugares de trabajo.

La «doctrina de seguridad democrática» y la «profesionalización de las fuerzas de seguridad» consisten precisamente en el perfeccionamiento de los métodos del espionaje y la infiltración. Este gobierno lleva acumulados más de 20 muertos en protestas sociales a manos de las fuerzas de seguridad o de las patotas de la burocracia sindical aliada, como fue el caso de nuestro compañero Mariano Ferreyra. Los procesados por luchar suman más de 5.000 casos. Los trabajadores de Las Heras fueron condenados a prisión perpetua en un juicio infame y la legislación represiva se engrosó con las leyes antiterroristas promovidas por el oficialismo. Las fuerzas federales actuaron en tándem junto a la Metropolitana de Macri contra los sin techo de Villa Lugano tanto bajo el mando de Garré (Parque Indoamericano) como de Berni (Barrio Papa Francisco).

«El modelo» tiene su pata fascista.


Jacyn

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