Políticas

28/5/2015|1365

Los jinetes del ajuste desfilan por Washington


Noah Mamet, el embajador norteamericano en Argentina, junto a Daniel Scioli.



A la par de las giras y apariciones mediáticas, hay una agenda poco visible, casi oculta, que los principales candidatos presidenciales desarrollan en la trastienda. Se trata de llamar poco la atención, pasar casi desapercibidos, pero lo cierto es que se han multiplicado los contactos de los principales bloques políticos en pugna, debido a la sucesión de Cristina, con Estados Unidos. En los últimos dos meses, estamos asistiendo a una verdadera vorágine de reuniones reservadas, conferencias cerradas al público o mensajes cifrados a lo que se agregan las actividades públicas.


 


El embajador norteamericano en Argentina, Noah Mamet, limitó su agenda pública con el gobierno a la firma de algunos acuerdos, fotos protocolares y actividades culturales. Sin embargo, en forma subterránea, el enviado de Obama y la diplomacia apostada en Washington trabajan activamente en contactos con los principales candidatos presidenciales, legisladores y empresarios.


 


“Estados Unidos está preparando el terreno para el próximo gobierno porque sabe que las relaciones con la Argentina cambiarán sustancialmente y hay buenas posibilidades a futuro de hacer buenos negocios aquí” (La Nación, 23/5). Se trata del comentario de un destacado empresario de una firma norteamericana, que se reunió varias veces con Mamet y formó parte de una comitiva de legisladores y hombres de negocios que viajó a Washington para mantener reuniones en el Departamento de Estado.


 


En esta sucesión ininterrumpida de contactos ha quedado delineada una agenda que incluye las principales exigencias del establishment norteamericano. En las reuniones reservadas que el embajador norteamericano mantuvo, tanto con Scioli como con Macri, Massa, legisladores y empresarios de todos los rubros, surgen varios temas para recomponer las relaciones: la urgente colaboración en la lucha contra el narcotráfico y el ‘terrorismo’, los proyectos de inversión conjunta a futuro y el mejoramiento de los lazos comerciales, entre otras cosas”.


 


En esta misma línea, el 15 de mayo pasado, la Cámara de Comercio de Estados Unidos en la Argentina (Ancham), junto con el Centro de Estudios Americanos y una delegación de 27 integrantes de ejecutivos de empresas y dirigentes políticos viajó a Washington y mantuvieron reuniones con diputados de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso norteamericano. Los círculos de poder norteamericanos reclamaron definiciones en lo que se refiere a la política cambiaria atada con el cepo al dólar, la prohibición para que las empresas giren dividendos a sus casas matrices y las trabas a las importaciones, a lo que se agregó el futuro de los acuerdos “privilegiados” (así los calificaron varios), que selló Cristina Kirchner con China y Rusia. En todos estos contactos, donde desfilaron referentes de los principales candidatos, hubo señales de que habrá un golpe de timón en la política económica y que se operará un giro atendiendo estos reclamos. Macri, Scioli y Massa fueron aún más explícitos en los encuentros que mantuvieron con la diplomacia norteamericana en lo que respecta a un arreglo con los buitres, dejando en claro que dicho conflicto “se resolverá ‘rápida y efectivamente' no bien asuma el próximo gobierno. Ello despejará los fantasmas que hay con Estados Unidos, a fin de generar una relación más fluida” (ídem).


 


Mientras se conmemora un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, a la par de actos y desfiles oficiales, asistimos a un desfile -una verdadera procesión- de los “jinetes del ajuste” por Washington, decidiendo, en las sombras, entre bambalinas, los lineamientos principales de su próximo gobierno y los destinos del país.