12/02/2004 | 837

Los piqueteros tenemos razón

Que devuelvan los planes eliminados y se otorguen otros a los 900.000 desocupados que no estan atendidos

El acampe frente al Ministerio de Trabajo, que protagonizan el MIJD y Teresa Vive desde hace una semana, ha sido aprovechado por el gobierno y las patronales para desatar toda clase de diatribas contra el movimiento piquetero. El evidente perjuicio que una acción tan prolongada causa en el comercio de la zona y en el tránsito no lo desconoce nadie, pero el responsable es el gobierno que ha dado de baja, según sus propias informaciones, a casi 250.000 planes de empleo. Incluso si fuera cierto lo que dice, de que corresponden a situaciones irregulares o a personas que habrían encontrado trabajo, no debe olvidarse que hay todavía 900.000 jefes de familia a la espera de un plan. Los perjuicios del acampe le vienen como anillo al dedo al gobierno que, en tren de entrega al FMI, lo exhibe como la prueba de que está ‘ahorrando’ unos 500 millones de pesos por año para pagar a los ‘fondos buitre’. La motivación para quitar esos planes es puramente fiscal, pero revela una nueva faceta de la política que fuera inaugurada por Duhalde: ahora importa menos la "contención social" representada por los planes, porque importa más cerrar las brechas que habían quedado abiertas con el FMI. La reducción en los planes Jefas y Jefes va acompañada en todos los distritos por una disminución de otras contribuciones sociales y alimentarias, lo que diseña una ofensiva de conjunto que tiene como propósito defender los ‘superávits fiscales’ a costa de más hambre.


Lo que llama la atención del acampe, sin embargo, es su carácter minoritario; no es la manifestación de un hecho masivo del movimiento piquetero, que sin embargo tiene capacidad para ello. El motivo es que el acampe es una derivación secundaria de una movilización, convocada por el MIJD y Teresa Vive, para impulsar la formación de un "frente político de oposición", que no cuenta con el apoyo de la mayoría de las organizaciones piqueteras. La marcha, el miércoles 4 pasado, tuvo poco eco; cobró resonancia pública y mediática cuando se desplazó a una dirección no prevista, el Ministerio de Trabajo, con la reivindicación de la devolución de los planes. Las organizaciones que integran el Bloque Piquetero y la ANT habían previsto encarar un plan de lucha que incluyera esta reivindicación en el congreso piquetero que tendrá lugar a fines de marzo, y también habían concordado que la prioridad del momento actual debía ser otorgada a la lucha para impedir la aprobación de la nueva ley laboral banelco. Para los desocupados esta ley es en extremo perjudicial porque impulsa el trabajo precario, lo que lleva el riesgo de perder definitivamente el plan de trabajo a cambio de un empleo temporal.


La consigna de un frente opositor con los sectores capitalistas que se ubican a la izquierda de Kirchner, sería una variante emparchada de la vieja Alianza. Al final, ningún centroizquierdista apoya las luchas piqueteras – al revés, procuran desplazarlas en función del clientelismo social. No se puede iniciar en Argentina, hoy, ningún frente político que no tome en cuenta lo ocurrido con Lula y el PT y lo que ya viene ocurriendo con el Frente Amplio de Uruguay, convertidos en agencias del imperialismo. Si existiera alguna duda sobre el carácter internacional de esta tendencia, no ya del centroizquierdismo tradicional, sino de la izquierda democratizante más pura, alcanzaría para disiparla lo que ocurre en Bolivia con el MAS y Evo Morales, principales sostenedores del presidente Mesa. Un frente político impulsado por los piqueteros, en Argentina, tiene la obligación de superar el frentismo proimperialista de la izquierda democratizante latinoamericana (lo mismo ocurre en Nicaragua y en El Salvador) y delimitarse públicamente de él.


Es incuestionable que el gobierno ha elegido transformar el acampe en un factor de confrontación con la pérfida intención de valerse de un hecho minoritario para propinar una derrota al movimiento piquetero en su conjunto. Hay que impedir que esto ocurra; por esta razón el Polo Obrero manifestó su solidaridad con el acampe. Se plantea ahora incorporar el reclamo del acampe a la movilización contra la nueva banelco y readecuar el plan de lucha en curso a esta circunstancia. La realización de una jornada nacional de lucha por los planes debe tener un carácter conjunto, de ningún modo persistir con la línea minoritaria. Se plantea entonces la necesidad de un día de cortes en todo el país, debidamente planificado por toda la ANT.

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