16/07/2003 | 809

Luis Zamora, otro «lema» del frente ibarrista

Desde su «retorno a la política», Luis Zamora eludió las definiciones; decía tener «preguntas», pero no «respuestas». Depositaba la elaboración de un programa en «la gente». Se abstuvo en las elecciones del 27 de abril con el argumento de que preveían que «se fueran todos». Ha decidido, sin embargo, participar en las de la Ciudad, a pesar de que éstas tampoco lo prevén. De golpe, ha encontrado «todas las respuestas». Elaboradas no por «la gente» sino por sus «equipos técnicos». Es decir, como cualquier candidato capitalista, que recibe las recetas hechas desde las oficinas empresariales. En un folleto electoral de AyL, pueden encontrarse un sinnúmero de iniciativas «técnicas», que abarcan «desde un plan odontológico eficaz y viable» hasta la «promoción de software de código abierto en los organismos oficiales». No vamos a encontrar, en cambio, una sola mención al carácter social del Estado de la ciudad, como órgano de protección de los intereses del capital inmobiliario y «contratista». La «hoja» de Zamora es una caricatura, desteñida, de las propuestas de Ibarra y el Frente Grande para la Ciudad. Entre las «respuestas» no figuran el repudio de la deuda externa de 800 millones de dólares, casi 2.400 millones de pesos, que Ibarra renegoció con J.P. morgan y las Afjp. Esta deuda fue originada en el «perdón» que brindó la gestión de De la Rúa a los «morosos» del Banco Ciudad. En eso consistió el «saneamiento» de «nuestro» banco.


Zamora con las Pymes


Zamora propone la eliminación de exenciones a los ingresos brutos en grandes empresas, y sobre esta base, «disminuir (ese impuesto) a las pequeñas empresas y productos canasta familiar». Pero las grandes empresas -y particularmente los monopolios de comercialización (supermercados)- cuentan con todo el poder de coacción económica como para trasladar cualquier aumento de impuestos al consumidor final, o incluso a sus proveedores, es decir, a las Pymes. En tal caso no habría una disminución de los precios de los «productos canasta familiar», como promete Zamora, sino aumento. A menos, claro está, que se luche por abrir los libros de las empresas e imponer el control obrero sobre toda la cadena de producción y comercialización, algo ausente del horizonte de AyL.


En su hoja, Zamora propone en reiteradas oportunidades la «promoción» de las «Pymes», pero no la «promoción» de la fuerza de trabajo, como por ejemplo un salario mínimo en la ciudad, el control obrero de las condiciones de seguridad e higiene y el cumplimiento de convenios colectivos. Impulsa una mayor acumulación de capital de las Pymes, con lo que irían «dejando de ser Pymes». La «Pyme» de nuestros tiempos es, en la mayoría de los casos, una «tercerizada» del capital monopolista, que produce en condiciones de completa dependencia tecnológica, comercial y financiera respecto de éste. Por ello, la política de promoción a las Pymes -sostenida desde hace largo rato por el Banco Mundial- es una forma encubierta de subsidio al gran capital, el cual practica diversas formas de exacción comercial que terminan transfiriendo a sus arcas cualquier subsidio o promoción que reciban aquéllas.


Naturalmente que esta orientación ya está siendo llevada adelante por el gobierno de Ibarra, en el área de desarrollo económico, mientras escatima los recursos para las fábricas ocupadas.


Las «incubadoras»


El punto donde Zamora plagia más descaradamente a Ibarra y a su secretario de Desarrollo Económico, Eduardo Hecker, es cuando propone el «desarrollo de sistemas de incubadoras de empresas», orientadas a «favorecer la creación de nuevas empresas… en sectores con probado potencial de desarrollo tecnológico».


El sistema de las incubadoras es una de las variantes más parasitarias de sometimiento de la universidad pública y del sistema científico técnico al capital. Consiste en la formación de grupos «académicos» de estudiantes y docentes destinados a investigar la posible explotación económica de una innovación. Para ello, se emplean fondos públicos, al tiempo que se superexplota a becarios y docentes. Si el desarrollo se demuestra exitoso, los grupos privados a la «caza» de incubadoras se apropian de él, sin haber gastado un peso en investigación.


La hoja de Zamora se encuentra llena de invocaciones a «la informática, el conocimiento, el desarrollo tecnológico», como «valor insoslayable para el desarrollo de la sociedad». Esta sola frase demuestra que Zamora ha dejado de ser socialista por completo, porque todo avance técnico en el capitalismo es un factor de mayor explotación y sumisión sociales. AyL sostiene, incluso, que el desarrollo científico podría franquear las barreras de las relaciones sociales. Para Zamora, de todos modos, la ciencia debería ser funcional a la creación de «nuevas empresas», es decir, a la acumulación de capital.


Vivienda


Por si no bastara con lo anterior, Zamora también plagia esta vez la propaganda… de la Comisión Municipal de la Vivienda. Propone «profundizar los procesos autogestivos (sic) de vivienda» y una nueva «ley de vivienda participativa», que contemplaría «soluciones habitacionales comunitarias por autogestión», y «financiamiento orientado a sectores medios» (sic).


Obsérvese bien: el financiamiento de la vivienda quedaría restringido a quien lo pueda pagar (los «sectores medios»). A los sin techo, se les reservan en cambio «soluciones habitacionales por autogestión», que consisten en entregarles créditos ultralimitados a familias carenciadas -o grupos mancomunados de ellas- para que se arreglen como puedan. Es el «calvario» de la actual ley 341, por medio de la cual la CMV obliga a estos grupos a buscar lotes, a procurarse los profesionales que luego confeccionen los proyectos constructivos, a someter estos proyectos a todo tipo de demoras burocráticas, todo para desentender al Estado de su responsabilidad en asegurar una salida de fondo a los sin techo. Naturalmente que también en este punto Zamora -y los ibarristas- no hacen sino repetir el libreto del gran capital, según el cual la «fracasada política de los grandes complejos habitacionales» debe reemplazarse por el «subsidio a la demanda», algo que siempre repitieron los partidarios de Beliz y Cavallo en la Legislatura.


La hora de la verdad


Es una ley histórica es que las mareas revolucionarias arrastran, en su ascenso, a los elementos arribistas de la pequeña burguesía que aspiran a acomodarse en la nueva situación. En esa fase, el arribista disimula su verdadera política. Cuando los piquetes y las cacerolas pugnaban por darle un rumbo revolucionario al «Argentinazo», prevalecían en Zamora las indefiniciones y la ambigüedad política. Luego, cuando los políticos del régimen montaron el operativo electoral dirigido a asegurarse un respiro, AyL se sumergió en el abstencionismo. Ahora que, por obra y gracia del dispositivo electoral, la marea ha refluido transitoriamente, el pequeño burgués exhibe su verdadera identidad política, que es la del centroizquierdismo, que canaliza las orientaciones del gran capital. Digamos, finalmente, que a este Luis Zamora, Izquierda Unida le suplicó, hasta último momento, alguna variante de negocio electoral que le permitiera colgarse de su lista.


Del mismo modo que el infierno está lleno de buenas intenciones, las elecciones de la Capital están llenas de listas, slogans e invocaciones a todos los símbolos del «Argentinazo». En medio de semejante maraña confusionista, la crítica y la delimitación política son armas ineludibles para denunciar a los confiscadores del «Argentinazo» y salvar su perspectiva histórica.

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