28/08/2008 | 1052

Macri, il Cacciatore

Sorprende que Macri diga que «se acabó la joda del robo sistemático» al informar, con gran escándalo mediático, de una defraudación del Ente de Mantenimiento Urbano Integral, el cual utilizaba materiales y personal de la Municipalidad para realizar obras de pavimentación a cargo de empresas privadas.

Difícilmente termine con esa ‘joda’ quien cometió fechorías similares en las operaciones de venta y pases de jugadores, o en relación con el contrabando de autos desde Uruguay.

Responsabiliza del desfalco a la burocracia de Sutecba, la misma con la cual pactó la privatización de la obra social de los trabajadores de la Ciudad.

Pero si algo, en realidad, demuestra el desfalco es que la Ciudad no necesita al capital privado para pavimentar las destruidas calles porteñas, las cuales de todos modos siguen, después de casi un año de ‘gestión’ macrista, en estado calamitoso.

No hay, sin embargo, mal que por bien no venga: el desfalco es la prueba palmaria de que el Estado tiene los recursos materiales y humanos para pavimentar la ciudad, pero delega su responsabilidad para que se enriquezcan los contratistas privados.

Es lo mismo que ocurre en Aerolíneas, los ferrocarriles y la obra pública.

Macri saca, naturalmente, la conclusión contraria: ¡en lugar de poner fin a los contratos privados pretende cerrar el Ente de Mantenimiento!

Sin embargo, el mismo día de la denuncia en cuestión ocurrió algo que hubiera debido recibir una atención mediática incluso superior.

Macri y su lugarteniente en Educación ordenaron a las autoridades de los colegios confeccionar listas negras detalladas de los estudiantes que están ocupando las instalaciones para reclamar por el pago de becas que el Gobierno de la Ciudad se guarda en su bolsillo, a igual título que el Ente de Mantenimiento.

Se trata del mismo método que quedó en evidencia en el juicio a Bussi y Menéndez en Tucumán, y por supuesto, el del intendente Cacciatore bajo la dictadura.

Quiere aplicar el mismo método contra las manifestaciones populares, porque para él el ‘espacio público’ no es sinónimo de vida colectiva, y menos de politización, sino que debe servir a la libre circulación del capital y asegurarse que los trabajadores vayan del trabajo a su casa.

Es el método de los Berlusconi, Sarkozy y Uribe: la ‘seguridad democrática’ al servicio de la explotación capitalista del medio urbano.

Pero Macri no solamente restringe las becas, tampoco repara las escuelas, ni las provee de calefacción o seguridad ambiental.

Lo que sí ha hecho es ofrecer los hospitales públicos a las universidades privadas, en detrimento de la UBA, para la realización de pasantías en medicina a cambio de un arancel.

Ataca la universidad pública y privatiza los hospitales.

Pero tampoco atiende la situación edilicia de éstos, ni a los salarios de profesionales médicos y no médicos, aunque sí se interesa ‘poner en valor’ (un francesismo que alude a la mercantilización del espacio y patrimonio públicos) lo que pueda representar un interés histórico o arquitectónico.

Por eso está intentando liquidar el Teatro Colón, aunque ya le han fracasado todos los administradores que puso en un año; rinden más los contratos internacionales que la producción nacional de la cultura.

Por el camino de De la Rúa y de Ibarra y Telerman, Macri fracciona los contratos de reparación edilicia para concederlos sin licitación, o sea a los propios.

Siempre en materia de educación, Macri se niega a aumentar los salarios docentes, sin importarle que sus amigos de las consultoras privadas digan regularmente que la inflación supera el 30% anual; por eso los sindicatos de maestros van a la huelga la semana que viene.

Pero el plato fuerte de Macri es su intención de endeudar a la Ciudad en 1.600 millones de pesos, y para esto cuenta con el ‘okay’ de la bancada kirchnerista, además de las otras, que le habían negado el acuerdo a Telerman y a su ‘ministro’ Nielsen.

No es que le faltan ingresos por impuestos y tarifas, es que Macri quiere financiar una onda de especulación inmobiliaria, aunque de ningún modo resolver la necesidad de vivienda de los que no la tienen ni las necesidades de recreación y de acceso a la cultura para los que carecen de ellas.

Se trata de proyectos «armados con Nación», o sea con la camarilla de los De Vido.

Como se puede apreciar, Macri está atendiendo a sus asesores, que le dicen que para ‘proyectarse’ a nivel nacional tiene que poner antes ‘orden’ en la Ciudad.

Llamamos a combatir esta ‘prueba piloto’ de la derecha argentina, que no sólo cuenta con el apoyo de la Iglesia sino con la complicidad del kirchnerismo.

Los ‘nacionales y populares’ del gobierno nacional quieren recuperar el apoyo patronal, después del conflicto agrario, pactando con la derecha, o sea a expensas de las masas populares.

Llamamos a apoyar la lucha de los trabajadores y de los estudiantes de la Ciudad y a desarrollar un frente de trabajadores, estudiantes, vecinos, ambientalistas, defensores de derechos humanos, luchadores de las villas para impedir la consumación de los planes del macrismo.

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