19/07/2001 | 714

Manifiesto del XII Congreso del Partido Obrero

Por Editor

¡Fuera De la Rúa, Cavallo y Ruckauf! • ¡Que el poder pase a una Asamblea Constituyente en la nación, en cada provincia y en cada municipio!


Una crisis vertebral atraviesa el país. Un cuadro de descomposición general se extiende por todos los poros de la política y economía capitalistas. No es una catástrofe natural; es una crisis de poder, que tiene su raíz en las contradicciones y antagonismos insalvables del capital. Debido a su carácter de conjunto, esta crisis abre una perspectiva revolucionaria.


Es una crisis de naturaleza excepcional porque con ella culmina un período histórico. Todas las clases sociales han vivido hasta sus últimas consecuencias la experiencia neoliberal llamada a resolver para siempre los problemas históricos de la Argentina. El estado terminal del equipo de De la Rúa involucra a todas las formaciones políticas vinculadas al orden vigente. La política de la clase dominante está agotada en todas sus variantes; del remate vil del patrimonio público, de la mayor superexplotación obrera de la historia y del recurso sin precedentes al capital internacional, esta experiencia termina en la cesación de pagos, y en el hambre de los millones que viven de su trabajo y de la masa de los desempleados. Asistimos al colapso de un régimen político y a una acentuada tendencia a la disolución de las relaciones económico-sociales del capitalismo.


La economía capitalista está en situación de remate. Tres años de retroceso productivo, miles de establecimientos fabriles liquidados, ramas enteras de la industria paralizadas o funcionando con una enorme capacidad ociosa. Los bancos financian a un Estado parásito dedicado a pagar la deuda externa, es decir que acumulan bonos en continua desvalorización. El capital financiero pretende salvarse con tasas usurarias que aceleran el derrumbe final. Se pretende mantener el lucro capitalista a costa de una depredación de recursos, de activos productivos y de la destrucción de las finanzas públicas. En última instancia, se inviabiliza el proceso de acumulación y explotación del capital.


La Argentina de los Cavallo, los De la Rúa y los Ruckauf se ha convertido en el eslabón más débil y expresivo de una economía mundial capitalista que marcha a la bancarrota, que arrasa con pueblos y naciones y que ahora se instala en el corazón mismo de las potencias imperialistas. Lo revela la depresión crónica de la economía japonesa, la recesión abierta en los Estados Unidos, los límites que ya no puede superar la Unión Europea, las tendencias a una guerra comercial y de devaluaciones monetarias que amenaza con desestructurar todo el mercado mundial. La crisis argentina tiene una dimensión internacional, así como tendrá una dimensión internacional la salida a esta emergencia histórica a la cual asistimos.


 


Que se vayan


¿En qué punto nos encontramos en el momento actual? El intento desesperado de zafar con un «megacurro» usurario que nos hipoteca a la eternidad, ha fracasado. La imposibilidad de pagar al capital financiero, que el megacanje pretendía postergar por algunos meses, revienta ahora con la cesación de pagos en la provincia de Buenos Aires, en manos del PJ. En el país de la convertibilidad, la principal provincia, la que concentra el 40% de la producción del país, ha sustituido la moneda por papeles sin respaldo alguno. La desaparición del circulante monetario es la manifestación última de una confiscación general: se han llevado hasta el dinero que quedaba para hacer mover sus propios negocios. Los márgenes de la gestión actual del Presidente y sus gobernadores están reducidos al extremo.


La propia clase dominante discute qué hacer frente a las políticas que han fracasado y a los gobiernos inservibles. Los mayores poderes a Cavallo, la mayor depredación del Pami, de la seguridad social, de la educación y de las condiciones de trabajo, es la vía a un fracaso seguro; es inviable. El gobierno se encuentra quebrado, dividido y sin fuerzas para golpear. Una parte del gran capital está llamando a la represión y al terrorismo, pero tanto desde la Iglesia como desde la mayoría de las cámaras capitalistas se insiste en agotar la vía de la Alianza y la «unión nacional».


La precariedad de la variante de gobierno entre el clan De la Rúa y el de Cavallo estimula a los políticos agotados a un intento más de remozar al gobierno con un frente de alfonsines y «progresistas» para sostenerlo, con el pretexto de enfrentar lo que llaman el fundamentalismo de la derecha. Quieren subir a este tren al cura Farinello y a la diputada Carrió. Pero estos «progresistas» no tienen otro programa que el «ajuste», al que quieren «equitativo», algo imposible bajo el Estado capitalista; y se niegan a «ajustar a los ajustadores», o sea, no pagar la deuda externa usurera y nacionalizar, bajo control obrero, los bancos y las AFJPs.


 


La Argentina piquetera


Pero el país de los De la Rúa, Cavallo y Ruckauf es sólo una cara de la moneda. El reverso es la lucha del propio pueblo explotado. Su organización creciente, su resistencia activa, su tendencia objetiva a convertirse, frente a la descomposición del poder, en el elemento clave de una reconstrucción nacional y social alternativa. La lucha de los trabajadores ha pasado de las bolsas de comida y planes Trabajar a la reivindicación de empleo efectivo y a plantear proyectos de reorganización productiva integral bajo el control de los propios trabajadores. Ha volteado a los punteros y ha puesto en pie a los piqueteros.


La crisis ha terminado quebrando la manipulación de manzaneras y punteros. Surge una nueva organización por abajo: los trabajadores ocupados y desocupados que pasan al frente con sus reivindicaciones, sus líderes, sus programas, sus movilizaciones crecientes y de alcance nacional. En un torrente común confluyen los desempleados, el trabajador precarizado y amenazado de despido, el vecino sin techo o desalojado, el obrero al que no se le paga el salario y se enfrenta al vaciamiento empresario, a la superexplotación sin límites, al desguace de los servicios y el empleo público.


El piquetero es el nuevo protagonista de la lucha social porque identifica a las todas las capas explotadas impulsadas a la acción directa y a confiar sólo en sus propias fuerzas frente al poder de turno y sus cómplices. La Argentina capitalista y la Argentina piquetera; dos tendencias objetivas. La primera es la Argentina de Menem, De la Rúa y Cavallo, la del hundimiento nacional y la degradación del pueblo trabajador. La segunda es la vía de la recomposición nacional y social, la que puede y debe desenvolverse como una alternativa al régimen político capitalista actual. Por eso crece el reclamo común de «que se vayan»; la reivindicación «Fuera De la Rúa-Cavallo» pone en evidencia que está en juego una cuestión de poder. Las reivindicaciones más elementales de los explotados son incompatibles con la política oficial y con la permanencia misma de un gobierno que está preso de su impotencia y sus contradicciones insuperables.


Es necesario darle un carácter de conjunto y unificado a las luchas y plantear una perspectiva política propia.


 


Por un Frente político de las organizaciones y partidos del movimiento piquetero


Los delegados al XII Congreso del Partido Obrero hacemos, por esto mismo, un llamamiento y una convocatoria a todas las organizaciones gremiales, sociales, reivindicativas y políticas del movimiento piquetero y los luchadores y activistas: formemos un frente común, un Frente Político para dar una respuesta al problema número uno en esta circunstancia histórica, el problema del poder. Es decir, por un plan de lucha para «que se vayan», y para convocar a una Asamblea Constituyente que plantee la reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales, bajo la dirección de los trabajadores. Una Asamblea Constituyente nacional, en cada provincia y en cada municipio, para que el pueblo delibere y gobierne con la intervención y la representación de las propias masas y del pueblo movilizado.


Una Asamblea Constituyente soberana, es decir, sin limitaciones políticas, que ejecute las necesidades inmediatas del pueblo. Una Asamblea Constituyente que imponga de inmediato la transformación de la miseria asistencial en un subsidio a los desocupados de 500 pesos; la imposición de la jornada legal de 8 horas con un salario mínimo igual a la canasta familiar; el reparto de las horas de trabajo; un impuesto progresivo al gran capital; la confiscación de los bienes mal habidos de las privatizaciones; el cese del pago de la deuda usuraria.


La Asamblea Constituyente es una herramienta experimental, o sea un puente para que los trabajadores completen su experiencia y se hagan cargo del poder, con instituciones propias *los Consejos obreros*. Un terreno para debatir y prepararnos para un gobierno propio de los trabajadores, una respuesta propia, de conjunto, al problema de poder planteado en el país; la lucha que debe progresar ganando alcance nacional, organizando la huelga general, ocupando las rutas del país entero para sacar nuestros rehenes de las cárceles, por la libertad inmediata de los piqueteros presos en Salta *Barraza, Raineri, Gil*, Alí, Castells y demás luchadores perseguidos.


Los delegados al XII Congreso del Partido Obrero llamamos a concretar esta perspectiva, luchando por un Congreso Nacional de Piqueteros, por un Congreso de delegados con mandato de todos los trabajadores, por la huelga general, por la libertad de los compañeros presos y el cese de los juicios a los 2.500 compañeros procesados por luchar. Insistimos: las organizaciones que participamos, defendemos e impulsamos el movimiento piquetero tenemos que darle a este movimiento y a esta lucha una perspectiva política, única forma de convertirnos en caudillos de la nación oprimida; una vía para que la clase obrera dirija a la mayoría nacional, o sea formar un Frente que desarrolle una agitación política y abra una alternativa política al derrumbe del gobierno y el régimen actual. Con esta política llamamos a una acción electoral común en caso de que tengan lugar las elecciones de octubre, acción que debe servir al objetivo de conjunto de acabar con el gobierno de los banqueros y convocar a una Constituyente soberana.


El planteamiento de un Frente Político Piquetero es novedoso en la historia del país sólo en la forma; por su contenido toma en cuenta y le da proyección consecuente a toda la lucha histórica de nuestras masas.


Buenos Aires, 8 de julio de 2001

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