21/10/2020

Mariano Ferreyra, La Cámpora y la fiscal Cristina Caamaño

A propósito de una publicación de la agrupación oficialista en Derecho-UBA, y su reivindicación de la primera fiscal de instrucción de la causa.

Nilda Garré (izq) y Cristina Caamaño.

Este 20 de octubre, en el décimo aniversario del asesinato de Mariano Ferreyra, la agrupación de La Cámpora en la Facultad de Derecho de la UBA publicó en sus redes una foto de nuestro compañero junto a un texto en el que dicen repudiar “la violencia institucional” y recordar a Mariano “como ejemplo de fuerza y juventud militante que lucha por los derechos de lxs trabajadorxs”.

La publicación no solo omite que esa “violencia institucional” vino de una patota de la Unión Ferroviaria a la que Cristina Fernández de Kirchner había elogiado como el “sindicalismo que construye” y de la policía a cargo de su gobierno, que fue cómplice del crimen, sino también la pertenencia de Mariano al Partido Obrero.

De los tres párrafos del breve texto, uno está dedicado a presentar a Cristina Caamaño, docente de la facultad y primera fiscal de instrucción de la causa por el crimen de Mariano, como una paladina que buscaba esclarecer la verdad de los hechos, cuando lo cierto es que desde el principio intentó evitar que la causa traspase los umbrales hacia las responsabilidades políticas. Algo que no extraña, ya que la fiscal dejó su lugar para pasar a ser parte del mismo Estado cómplice en la secretaría de Seguridad, siendo la segunda de Nilda Garré -quien dos meses después del asesinato acusó, obviamente sin prueba alguna, a los compañeros de Mariano por los desmanes ocurridos meses después. Se trata de la misma funcionaria conocida por el uso del Proyecto X para espiar organizaciones populares.

Por otro lado, vale señalar que la señora Caamaño se presentó emocionada por la “valentía” de Jesús Benítez, uno de los arrepentidos de la patota asesina de nuestro compañero, incluso cuando este omitió que Sánchez, otro tirador además de Cristian Favale (barrabrava de Defensa y Justicia y autor material del crimen), había sido quien lo llamó para integrar dicha patota. Esto solo se supo después por las escuchas. El “valiente” testigo solo se limitó a señalar a los lúmpenes que ni siquiera eran miembros de la Unión Ferroviaria. Este testimonio, que no hizo más que confirmar lo que ya se sabía, fue usado por el gobierno de CFK para presentarse como gran contribuyente de la causa, cuando por el contrario fue la querella la que aportó las pruebas clave y la lucha popular contra ese gobierno la que logró la condena a los autores materiales e intelectuales del crimen.

La reivindicación de Caamaño es otro fraude a los que ya nos tiene acostumbrados esta juventud estatizada. Pero, ¿por qué La Cámpora nos quiere vender también que reivindica a Mariano?

Lo cierto es que José Pedraza, condenado como principal responsable del asesinato de Mariano, fue defendido desde la primera hora por el entonces gobierno de Cristina Kirchner, quien llegó a insinuar que desde nuestro partido “buscábamos un muerto”. Mientras su ministro Aníbal Fernández elogiaba el accionar de la policía ese 20 de octubre, el titular de la cartera de Trabajo, Carlos Tomada, fue registrado operando con Pedraza tras el crimen, para “hacerle la cabeza” a los trabajadores del ferrocarril.

El asesinato de Mariano despertó tal rechazo popular, con cientos de miles de personas movilizadas en la calle, que puso al desnudo para todo el país la alianza Estado-burocracia sindical-patronales para aumentar la explotación de la clase trabajadora y avanzar en la destrucción de sus conquistas históricas. Esa lucha y esa conciencia fueron las que quebraron el operativo del gobierno de encubrir a Pedraza, primero, y que luego marcaron un hito en la justicia penal argentina: que un pez gordo como Pedraza pague por un crimen político.

Le recordamos a La Cámpora que el crimen lo efectuó una patota de lúmpenes. El accionar de la policía fue el de cortarle la retirada a los compañeros tercerizados con balas de goma; liberar la zona para el crimen y finalmente cubrir la retirada de la patota; la doctora Caamaño, por su parte, nunca se preocupó por esclarecer el rol policial de aquella fatídica tarde. Si se quiere hablar de violencia institucional, entonces que se hable de un Estado, gobernado en aquel momento por las mismas camarillas que La Cámpora hoy defiende, tercerizando la represión en barrabravas para perpetuar un negociado fabuloso a costa de la precarización laboral de los tercerizados.

Mariano formaba parte de una juventud que lucha contra la precarización laboral, en contraste con los cursos de sindicalismo a los que asistía La Cámpora dados por… sí, José Pedraza. Sus compañeros no vamos a dejar pasar el intento de estatizar la figura de un luchador que está en las antípodas de estos funcionarios, quienes están ejecutando un ajuste brutal a la población trabajadora en pos de pagar la deuda externa y pujando junto con la burocracia sindical por el avance de reformas laborales flexibilizadoras en beneficio de las patronales. Andrés Larroque, referente de La Cámpora, es quien hoy encabeza las amenazas de echar a palazos a las familias sin techo de Guernica y se deshace en comentarios macartistas contra el Partido Obrero y la izquierda.

Honrar la memoria de Mariano implica la lucha contra la explotación laboral, contra la burocracia sindical y contra un Estado que gobierna para los capitalistas -en este caso, los mismos que fueron responsables de la masacre de Once dos años después. Implica dar la pelea por una transformación de fondo, que barra a todas estas lacras sociales y ponga al frente del país a la clase social que vive día a día de su trabajo, la clase obrera.

La Cámpora, integrante de ese Estado, debería llamarse a silencio.

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