19/08/1999 | 638

Más allá del Mercosur, la crisis capitalista

Existen evidencias que apuntan a un nuevo estallido en la secuencia de la crisis que se ha desarrollado desde la caída mexicana de diciembre de 1994. Ya se están manifestando rudamente en América Latina en general, y en Brasil y la Argentina en particular, aunque esta vez el blanco es Estados Unidos.


Hermanados, ni en la desgracia


Para empezar por casa, digamos que el real brasileño se estuvo cotizando hasta el viernes pasado en el mercado de contratos futuros a 2,12 el dólar. En marzo pasado, el tipo de cambio al contado estaba a 1,21 y llegó a subir recientemente a 1,85. Cuando se produjo la devaluación, se dijo que el tipo de cambio de equilibrio debía ser de 1,60 reales el dólar.


La especulación a la devaluación del real está siendo ejercida por los bancos brasileños (Gazeta Mercantil, 13/8), que se quieren prevenir ante la continua salida de dólares. En el primer semestre del ‘99, la salida neta de recursos de América Latina fue de más de 5 mil millones de dólares. La razón más importante de la caída del real es, sin embargo, la insolvencia de la industria brasileña. La política del Banco Central de ese país de inyectar dinero y reducir los intereses para rescatar a un capitalismo amenazado de quiebra está provocando una devaluación persistente y la fuga de capitales.


En la Argentina las cosas no van mejor. La cotización del peso en contratos futuros pasó de 1,30 a 1,40 pesos el dólar entre junio y mediados de julio pasados (Informe «Argentina en transición» de Goldman-Sachs). El motivo para que se especule con una devaluación tan amplia, del 40%, podría constituirlo el temor de que haya una cesación de pagos más acentuada de las empresas argentinas con el exterior. Ya se ha producido una treintena de casos e incluso, la semana pasada, el pulpo Alpargatas tuvo que ser retirado de la Bolsa. La deuda externa privada argentina es de 60 mil millones de dólares, cuando en 1990 era solamente de 3 mil millones (la pública es de 140.000 millones). La perspectiva de una devaluación argentina y de una cesación de pagos generalizada ha llevado al grupo Soros, a YPF y a muchos otros a contratar «seguros internacionales para cubrir a los inversores… del riesgo de inconvertibilidad» (Cronista, 21/7). Un reciente informe de la banca Morgan sobre la Argentina (13/7), aunque asegura que no hay peligro de devaluación, admite que «si la Argentina tuviera que hacer frente a una situación grave cercana a la cesación de pagos, podría elegir dejar flotar la moneda, liberar los dólares (de su reserva) para pagar deuda y emitir pesos para pagar deuda en moneda local».


Pero si se mira bien se puede apreciar que la especulación contra el real y contra el peso están ligadas y que responden a un movimiento común. Una desvalorización brasileña más acentuada acabaría por dislocar al Mercosur y podría forzar una devaluación compensatoria de parte de Argentina. De producirse este concatenamiento, los especuladores se alzarían con ganancias fabulosas, esto porque la brecha entre el real al contado (1,80) y el futuro (2,12) es de más del 15% y la brecha entre el peso al contado (1,00) y el futuro (1,40) es del 40%. Pero, en lugar de intervenir el mercado de cambios y los bancos para defender la estabilidad de sus monedas, las patronales y sus gobiernos de Argentina y Brasil se han enfrascado en una disputa brutal que favorece la especulación contra los dos países. Es que los principales compradores de dólares futuros son los propios bancos y los grandes pulpos industriales de los respectivos países. De espaldas a esta realidad explosiva, Duhalde procura seducir a Béliz y De la Rúa finge visitar a los vecinos, claro que acompañado de varios canales de televisión.


Yanquis hipotecados


De todos modos, el telón de fondo del estallido financiero que se avecina lo constituye el desenvolvimiento de la crisis mundial en los Estados Unidos. Los intereses de los títulos de la deuda pública norteamericana de más de 4 billones de dólares (2,5 billones si se descuentan los que están en poder de organismos oficiales) han subido del 4,5 a más del 6% en el último año. Esto refleja el temor a una devaluación del dólar provocada por el déficit de cuentas de Estados Unidos con el exterior de 350.000 millones de dólares al año. El número de empresas norteamericanas que dejaron de cumplir sus pagos con el exterior, 61, es el más alto desde la Segunda Guerra. Pero lo que más preocupa al mundillo financiero es que la tasa de interés de la deuda privada ha subido todavía más, al 8% anual, con una brecha de 1,60 sobre la deuda pública, la más alta desde 1987. Esto significa que está saliendo capital del país. El Financial Times (13/8) acaba de recordar que el salto brusco en esta brecha, hace un año, provocó el colapso del fondo especulativo más importante del mundo, el LTCM, lo que amenazó con llevar a la quiebra a los diez más importantes bancos norteamericanos y obligó a una intervención excepcional del Banco Central norteamericano. El diario inglés comenta que «En la medida en que el LTCM y otros han mantenido su estrategia original con la esperanza de que se transformarían en rentables nuevamente en mercados menos volátiles, existe un amplio campo para más perturbaciones. Estas perturbaciones podrían afectar a los fondos de garantía y al negocio de activos propios de los bancos de inversión».


El aumento de los intereses de los bonos de deuda privada norteamericana refleja el enorme endeudamiento de la economía de Estados Unidos, tanto pública como privada, y de las empresas como de los individuos. Se encuentra en el orden de los 15 billones de dólares. Semejante hipoteca estuvo disimulada hasta ahora por la suba de la Bolsa, porque por cada dólar de deuda había acciones o valores por 70 u 80 centavos. Pero la reversión de la tendencia a la suba amenaza con desvalorizar enormemente esos activos y dejar al desnudo una deuda que sería impagable.


El semanario The Economist advierte (10/7) que uno de los sectores que más podrían ser golpeados por este giro serían los bancos, ya que obtienen el 40% de sus ganancias no de préstamos a clientes sino de compras en la Bolsa. Esto explica —dice— que la cotización de las acciones bancarias haya sufrido más que las del resto de las corporaciones. La suba de la Bolsa se ha financiado también con préstamos otorgados por los propios corredores bursátiles, los que cubren el 75% de las adquisiciones que hacen sus clientes. Este endeudamiento subió un 400% entre 1992 y junio de 1999, de acuerdo con The Wall Street Journal (6/8). Una baja en la Bolsa aumentaría en forma drástica esta deuda en relación con el valor de las acciones que se entregan como garantía.


Demasiados capitalistas


El descomunal endeudamiento en el que se mueve la economía norteamericana está muy relacionado con la creciente dificultad que encuentran los capitalistas para obtener ganancias. En el caso de la Bolsa, esto resulta muy claro porque hoy una acción promedio vale cien veces el valor de las ganancias que se esperan de ella, o sea que rinde un 1% anual. Para levantar estos márgenes, las empresas han estado re-comprando sus propias acciones; menos acciones en circulación mejoran la tasa de ganancia por acción. Pero las acciones retiradas han sido sustituidas por deudas; la emisión de bonos de deudas privadas en Estados Unidos ha pasado de 180 mil millones de dólares, en 1994, a 700 mil millones, en 1998, y apunta a sobrepasar el billón, en 1999. El procedimiento de sustituir acciones por deuda tiene un límite, lo que deja abierto el camino de la crisis y la bancarrota permite disminuir no ya la circulación de acciones sino todo el valor del capital en circulación, sea en forma de acciones o de deudas. Para levantar la tasa promedio de beneficio, el capital necesita atravesar primero por una gigantesca crisis.


De la economía a la política


Una crisis del dólar, de las acciones o de la deuda norteamericana tendrá un impacto especial, de un lado en China y su zona de influencia, y del otro lado en América Latina, especialmente en la Argentina y Brasil. El dólar, el peso y el real se mueven triturados por una misma rueda. A esta perspectiva de bancarrota no le van a dar una salida los De la Rúa o Duhalde, meros títeres del capital. Para impedir que éstos impongan su vía, es necesario tomar medidas de fondo, como la intervención bajo control obrero de todo el sistema bancario y financiero y del comercio exterior. Se trata de una acción que requiere de la conciencia y la movilización de una clase obrera realmente organizada. Conseguir esto es la estrategia política del Partido Obrero.