16/01/1997 | 526

Más desocupación y más precariedad laboral

A fines de diciembre, los índices de desocupación y sub-ocupación habían trepado a un escalofriante 32 por ciento de la población económicamente activa.


El ‘dato’, que involucra a 4 millones de argentinos y a sus respectivas familias, es, con todo, una imagen atemperada de la realidad. Efectivamente, ese 32 por ciento de trabajadores desocupados o sub-ocupados trepa al 50 (o aún más) en las barriadas obreras o en los sectores más carenciados de la clase obrera.


La gravedad del problema llevó al menemismo a presentar cifras burdamente truchas de desempleo, en una desesperada intentona de salvar imagen. «Ha surgido evidencia concreta —señala Wálter Graziano en La Nación— según lo que se desprende de la información aparecida en diferentes matutinos, de que al menos el secretario de Programación Económica, Eugenio Pendas, y quizá también otro u otros funcionarios han manipulado información oficial concerniente al vital tema del empleo y desempleo (…) la manipulación en cuestión no parece tener otro objetivo que llevar a la población a la errónea creencia de que en el período transcurrido entre los meses de mayo y de octubre del presente año, se han generado muchos más trabajos y mucho menos desocupados» (22/12/96)


En la provincia de Buenos Aires, nada menos que «un 38,7 por ciento de la población tiene problemas laborales», según cifras oficiales. «Allí está Bahía Blanca, la ciudad con mayor desocupación de la Argentina: el 22 por ciento. Todo eso se supo el viernes, y para Eduardo Duhalde fue el peor día en su carrera hacia la Casa Rosada» (Página 12, 15/12).


Duhalde pretendió salir del paso diciendo que «hay mucho trabajo en negro». Pero, como indica Página 12, «los emprendimientos en los que deposita sus esperanzas no parecen suficientes para revertir la tendencia. En Bahía Blanca, donde se produjo el récord de desocupación del país, con el 22 por ciento, las dos obras más importantes son la creación de la zona franca (!) y la puesta en marcha de una megaplanta de fertilizantes que erigirá Pérez Companc, que en ninguno de los dos casos afectará el índice de desocupación antes de las elecciones de 1997» (ídem).


Los pavimentos y las calles realizados en la provincia a costa de la explotación brutal de los desocupados, no han generado, según cifras oficiales, más de 25 mil puestos de trabajo.


La realidad explosiva de la miseria y la desocupación en la provincia, ha agregado más elementos a la crisis del peronismo. Duhalde reclama «políticas activas para fortalecer las pequeñas y medianas empresas» y compartir los fondos que tiene el ministro de Trabajo para los programas de reconversión laboral.


Pero la variante de impulsar a las pymes para crear mayor empleo, como ‘generadoras de trabajo’ en el discurso oficial, no resulta seria ni para el propio gobierno. En una reunión de ministros y asesores de la mayor confianza de Menem, uno de los participantes habría señalado, relata Clarín, «tenemos que ser más sinceros. La desocupación está implícita en el actual esquema económico. Lo que falta son planes de contención social para desempleados»(24/12)


La política de flexibilización laboral, que las patronales quieren acrecentar todavía más, ha provocado que, según expertos en la materia, sólo dos de cada cinco trabajadores ocupados sean estables y estén en blanco. Ello quiere decir que para la inmensa mayoría de los trabajadores ‘ocupados’, el despido está presente a través de la sistemática precarización del trabajo (por ‘contrato’, a ‘prueba’). Según la Encuesta de Indicadores Laborales encargada por el Ministerio de Trabajo, que se realiza mensualmente y es de carácter oficial, en octubre «continúa la progresiva sustitución de trabajadores con contratos de duración indeterminada (estables) por personal con contratos flexibles o en periodos de prueba» (Página 12, ídem). Según ese mismo organismo, en el mes citado, considerado como positivo y con una ‘reactivación’ económica en marcha, el empleo sólo creció el 0,8 por ciento, con puestos de trabajo de «baja calidad laboral: 9.4 por ciento de personal con contrato de duración determinada y 18.6 por ciento de trabajadores en periodo de prueba» (Página 12, ídem). Para las patronales, estos últimos están eximidos de toda carga social.


En este aspecto, las cifras son terribles: «De cada cien trabajadores incorporados por las empresas en octubre, sólo el 34.9 por ciento lo fueron con contratos de duración indeterminada (estables); 27.6 ingresaron con contratos acotados por el tiempo (por lo general, unos pocos meses); 36.5 fueron tomados a prueba y los operarios restantes, consiguieron su empleo por agencia» (Página 12, ídem) . El 75 por ciento, en condiciones precarias, es decir, integrantes de «un nuevo sector que se agrega a la categoría de desocupados- subocupados, —la de semi-ocupado o con despido asegurado» (Prensa Obrera Nº 524, pág. 5).


La desocupación y la flexibilidad, por lo tanto, son dos tendencias del capitalismo que se complementan. Como señala el analista de Página 12 ya citado, las «nuevas modalidades» de trabajo «son utilizadas por las empresas para sustituir trabajadores estables, contando para ello con el subsidio fiscal (del estado) (…) de esta manera la desgravación de las modalidades flexibles de contratación tomó el lugar de la vilipendiada promoción industrial, que el gobierno de Menem denunció y enterró» (Página 12, ídem).


«Si esto sigue así —continúa Página 12— en el 2000 todos los argentinos estarán en periodo de prueba» (ídem).


En esto consisten las ‘políticas activas’ de las que habla Duhalde. Es decir, la situación no se agota en la calamidad actual del desempleo.


Impulsar el movimiento de los desocupados, más que nunca se convierte, entonces, en una necesidad del conjunto de la clase trabajadora argentina.

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