26/10/2020

Más deuda dolarizada y ajuste, el plan Guzmán en medio de la deriva devaluatoria

A medida del FMI y los lobos de Wall Street.

Martín Guzmán, empoderado por Alberto Fernández como conductor de la economía nacional, se juega su puesto en el paquete de medidas financieras con que intenta contener la corrida contra el peso. Vía endeudamiento, tanto en títulos atados al valor del dólar como otros directamente suscritos en moneda norteamericana, el gobierno pretende estirar en el tiempo el estallido de las contradicciones mortales de su política económica.

Quienes adjudicaban el problema cambiario a los laburantes que corrían a comprar su cupo de 200 dólares mensuales, para preservar aunque sea parte de su poder adquisitivo o poder hacer alguna diferencia al venderlos en el mercado paralelo, debieron reconocer que ello no era verdad. Pero el supercepo sigue firme para los trabajadores, mientras que se ofrecen variadas alternativas de salida a los empresarios.

En los últimos días de octubre vencen unos 125.700 millones de pesos, mientras que en noviembre se deberán afrontar obligaciones por 340.000 millones. Para renovar exitosamente estos vencimientos, y deprimir la demanda de dólares, se volverá a emitir bonos atados a la evolución del tipo de cambio. Estos instrumentos permiten a los capitalistas ponerse al resguardo de la devaluación, pero quitan al gobierno la posibilidad de beneficiarse del único efecto positivo de ella: licuar la deuda en pesos.

Desde el entorno de Guzmán aseguran que estos bonos servirán para sacar billetes de circulación, pero no es cierto; gran parte de quienes ingresen a la licitación serán los bancos que desarmen sus inversiones en Leliq. Lo que en realidad busca el ministro es demostrar que cumplirá con el volantazo recientemente anunciado, acerca de que en lugar de cubrir la mayor parte del déficit fiscal del año próximo con emisión monetaria lo hará en base a endeudamiento. Buena parte sería recurriendo a los organismos internacionales, entre ellos probablemente el FMI.

La otra medida es una subasta de 750 millones de dólares hecha a medida de Pimco y Templeton, los pesos pesados de los fondos de inversión que ingresaron al jugoso carry trade en los años de Macri, aprovechando siderales tasas de interés en pesos. Es decir que para ofrecer una válvula de escape que drene la presión sobre el contado con liqui, y bajar así la brecha cambiaria, el gobierno permite que estos fondos realicen en dólares las ganancias de un negocio usurario -que terminó en la crisis de deuda del 2018 y el acuerdo con el FMI.

Esto, después de haber calificado de irresponsable al gobierno anterior por el Bono Dual, de un mecanismo similar. Las estimaciones, no obstante, dan que en la misma situación hay un universo de 7.000 millones de dólares. ¿Hasta dónde piensa endeudarse en moneda extranjera para achicar la brecha?

La letra chica del contrato de estos bonos se conocerá en los próximos días, pero en el mercado se calcula una tasa de retorno del 15%. Es un rendimiento descomunal, propio de Estados en default, que quintuplica la tasa de interés a la que se endeudan los países de la región y duplica la del gobierno macrista. Es también lo que están rindiendo los bonos recién canjeados -cuyos precios sufrieron un desplome sin precedentes tratándose de deuda recién reestructurada. En la Argentina gobernada por quienes venían a darle una lección a los fondos buitre y a defender el «capitalismo productivo», los bancos y los popes del capital financiero están embolsando ganancias más altas que en cualquier otro lugar del mundo.

A pesar de todo, las medidas no convencen a la burguesía y sus voceros. El JP Morgan acaba de calificarlas como «curitas». Lo que les preocupa no es el rumbo leonino, sino que a la ecuación le falta un factor. Es insostenible endeudarse para cubrir el déficit al nivel que se está emitiendo pesos. Además de llevar ya emitidos 1.700 millones de dólares en bonos en pesos atados a la devaluación, el Banco Central tiene vendidos contratos de futuros por 5.600 millones de dólares. Para creer en que dejará de financiarse con asistencia del Central, lo que piden a coro al gobierno  la clase capitalista y el Fondo Monetario es que sincere el drástico ajuste fiscal que tiene en carpeta. Es lo que está delineando Guzmán en el prometido «plan plurianual».

Por lo pronto, lo único cierto es que Alberto Fernández está contra la espada y la pared, producto de su política de rescatar a los usureros internacionales. El hecho de que se encuentre metiendo la mano en los depósitos en dólares, por el agotamiento de las reservas, azuza la tendencia a una corrida bancaria. Si las medidas de Guzmán son exitosas, sus costos leoninos los pagará el pueblo trabajador. Pero lo más probable es que vuelva a fracasar, y asistamos a una voraz devaluación que, por supuesto, también será facturada a los trabajadores.

La única salida progresiva pasa por rechazar el pacto con el FMI, y luchar por imponer un plan económico discutido y dirigido por la clase obrera, partiendo de la nacionalización de la banca y el comercio exterior, y el repudio de la deuda usuraria en manos de quienes funden al país.

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