31/03/2011 | 1170

Memoria lejana, amnesia reciente

Para la Corriente Nacional y Popular (Megafón página web), la presencia de «miles de jóvenes nacidos en democracia» en la conmemoración del 24 de Marzo responde a los llamados a «consolidar el proyecto nacional». Se trataría, antes que nada, de «una provocación rebelde», que está «sostenida por la memoria». El ‘día de la memoria’, decretado como tal por el gobierno K para consagrar una jornada de holganza, sería entonces, para estos oficialistas, una impostura del oficialismo. La ‘memoria’ sería una rueda auxiliar del ‘proyecto’. Si se admitiera este enfoque, habrá que convenir que los kirchneristas han demorado una década para hacer este descubrimiento, y aún más, más de dos décadas, si hacemos la cuenta a partir de la afiliación de los K al caballo-menemismo. Lo más interesante de todo, sin embargo, es que asistimos a una tentativa de cancelar la memoria, cuando todo el mundo suponía que esta tarea estaba monopolizada por los herederos del ‘proceso’ y la llamada ‘derecha destituyente’. Esto quizás explique por qué los K siguen guardando bajo siete llaves los archivos del gobierno militar. Para Megafón, la «memoria» estaría reservada para los que vivieron la dictadura, una tautología de inteligencia deficiente, los cuales, asegura sin la menor prueba, «hablamos en términos casi exclusivamente teóricos para las nuevas generaciones». Después de un cuarto de siglo de tentativas de reducir el 24 de Marzo a una jornada de memoria, para desligarla de las luchas del momento, asistimos a la tentativa de reducir la memoria a las cenizas, para bautizar un ‘proyecto’ en las aguas siempre benditas de la ‘nueva generación’. Al autor de esta alquimia pseudo-intelectual se le han escapado por lo menos dos cosas: 1) que «miles de jóvenes» marcharon para luchar contra la realidad social desarrollada por una década de ‘proyecto’; 2) que el mentado ‘proyecto’ es la mayor antigüedad política que se haya tratado de mercadear en este país, como que su postulado fundamental es «la reconstrucción de la burguesía nacional». La imaginación del autor de este dislate parece haberse fortalecido con su declinación vital.

Al describir las marchas oficiales, el columnista oficial justifica que los desaparecidos fueran aludidos para apuntalar las bondades del ‘proyecto’. No dice que fueron suprimidas todas las reivindicaciones relacionadas con las luchas actuales, que reconocen un hilo conductor con las del genocidio videliano. Por caso, la vigencia de la brutalidad policial, una Bonaerense heredada de la dictadura, o las patotas de Pedraza y Moyano, integrantes de la misma burocracia sindical que entregaba a los delegados obreros en los tiempos de Videla. A las generaciones actuales les bastaría saber esto para comprender lo que todos le quieren ocultar: la continuidad social e institucional entre la dictadura y la democracia, y el rol que jugó esta democracia para engendrar a la dictadura. Los K se jactan de haber metido preso a Pedraza en los cuchicheos de internet, pero nunca salen a la calle para impedir su excarcelación y para reclamar el desmantelamiento de la camarilla que aún anida en el aparato del Estado. Los K no denunciaron, el 24, la existencia de presos políticos y de más de 4.000 procesados por luchar. La movilización oficial tampoco pudo referirse a los casos de gatillo fácil. O sea que la seguridad democrática de Garré, Verbitsky y compañía no se permite siquiera una acción callejera -es un experimento de laboratorio. Los ex fanáticos de la memoria, reconvertidos al ‘proyecto’, sometieron el 24 de Marzo a una lobotomía conceptual.

Las columnas juveniles de la marcha independiente del gobierno no vinieron a recibir una clase de historia, sino a darla. La juventud del estudiantazo, la de los nuevos delegados obreros, la que resiste en los barrios al gatillo fácil y la prepotencia policial, marchó el 24 con el planteo de erradicar de la historia la supervivencia de la explotación y la opresión. «Acabemos con TODAS las trabas que oprimen al proletario». Esa juventud no vino encuadrada detrás de los aparatos y recursos estatales, sino con sus propias organizaciones -cuerpos de delegados, centros de estudiantes y federaciones, agrupaciones sindicales y columnas piqueteras, y con sus propios partidos. Nadie necesita explicarles la vigencia de los aparatos de represión y las patotas en la Argentina de hoy. El aparato sin el cual la burguesía y las burocracias contrarrevolucionarias no podrían gobernar siquiera por un instante -bajo la dictadura y bajo la democracia.

En la marcha del 24, la llamada «juventud militante» de la Cámpora o el movimiento Evita convivió sin problemas con la juventud sindical moyanista. En cambio, mostró sus uñas contra las columnas de «Memoria, Verdad y Justicia», como una potencial fuerza de choque contra la izquierda y las expresiones de lucha independientes del gobierno. La «juventud militante» oficial no podrá permanecer en un limbo entre los burócratas y represores y quienes los combaten.

De todos modos, el kirchnerismo eligió otro camino adicional para atacar a la marcha independiente: el silenciamiento y la censura. Para la «tv pública», la movilización del 24 comenzó a las cinco, o sea, cuando se retiraban las columnas de la izquierda. A partir de esta mordaza, el kirchnerismo presentó una marcha «única», surcada de matices. Esto es delincuencia mediática. Mal que les pese, el 24 se vivió una intensa lucha política: la marcha independiente combatió la tentativa de ocultar, bajo el paraguas de la memoria lejana, el presente de patotas y represión estatal. Con masividad y consignas claras, la marcha de «Memoria Verdad y Justicia» quebró la pretensión de los propagandistas oficiales, enfermos de amnesia reciente. Una enfermedad de la vejez.