05/05/2021

Mendoza: el discurso ajustador del gobernador que no sabe leer

Inicio de sesiones legislativas.

Como es costumbre y ley los gobernadores mendocinos dirigen su discurso a la asamblea legislativa los 1° de mayo y de esta forma inauguran el periodo legislativo. Últimamente, los discursos abusan del guionado, son sencillamente soporíferos y con poca sustancia. Este año no fue la excepción, salvo porque Rodolfo Suárez llamó la atención al leer todo su discurso de forma pésima.

Claramente, la pandemia y sus efectos dominaron la jornada del 1° de Mayo, pero también exigieron en carne viva las contradicciones entre la política oficial y las necesidades populares.

El gobernador leyó su discurso a una asamblea legislativa vacía. Por las precauciones del coronavirus, solo los presidentes de bloques y algunas autoridades estuvieron presentes, y el resto de forma virtual. La casta política usa la virtualidad frente a la pandemia, criterio que no se aplica para los miles que se movilizan diariamente para asistir a las escuelas y para los trabajadores del Estado. La presencialidad de las clases es algo que Suárez no garantiza. Las escuelas no solo cierran por contagios, cierran por problemas serios de infraestructura, como baños anegados o falta de agua, techos que se caen y predios que son tierra de nadie.

La virtualidad de la que goza la casta política y judicial no es lo que ocurre con los trabajadores del Estado. El caso del compañero fallecido Luis Scheurer es ilustrativo. Pese a que era grupo de riesgo, lo obligaron a ir a trabajar bajo amenaza de descuentos. De esta forma, están presionando para que trabajadores de grupos de riesgo firmen “voluntariamente” la renuncia al trabajo virtual.

El gobernador hizo mención especial a los trabajadores de la salud que están en la primera línea de batalla contra la pandemia, en las afueras de la Legislatura, el Sitea (estatales) y las asambleas autoconvocadas de los trabajadores de la salud llegaban movilizados desde el hospital central para reclamar medidas urgentes, sobre todo de protección al personal de salud, el pase a planta permanente, salarios por arriba de la canasta familiar y el reconocimiento profesional de los licenciados en enfermería. “Con aplausos no se paga el alquiler” rezaba un cartel ilustrando la situación.

Rodolfo Suárez “saludó” cínicamente a quienes perdieron su trabajo en el último tiempo y les dijo que son su prioridad. No opinan lo mismo los centenares de delegados movilizados por el frente piquetero, que reclaman trabajo genuino, alimentos para los comedores y vivienda.

Los contrastes no pueden ser más evidentes

La promoción industrial que prometió Rodolfo Suárez está en contradicción con la tendencia general marcada por el cierre de plantas industriales alimenticias, despidos en la industria maderera y salarios de miseria, como quedó en evidencia en la industria del vino. Pero lo más importante es que Suárez no estableció como va a lograr revertir el fracaso del dúo Cornejo-Macri en este aspecto, con mejores condiciones económicas. No es más que una frase trillada.

Suárez parecía estar apurado en terminar el “trámite” de su discurso, una postal de un gobierno empantanado, incluso antes de la pandemia. Cada vez que quiso tomar una iniciativa estrategia fue derrotado por movilizaciones de masas. Es este estado de “rebelión popular palpitando” el que ha llevado a la dócil oposición del PJ a votarle todos los presupuestos, emergencia y endeudamientos, más haya de la pirotecnia verbal.

El apuro de Suárez por terminar y su fallida lectura son los síntomas de la incomodidad del jefe de Estado mendocino frente la incapacidad para responder a los reclamos patronales, hacer frente a la quiebra de la provincia y lo que es más importante el pánico que le produce las reacciones como la de los obreros del vino, de la salud o del pueblo trabajador en defensa del agua.

El guión de Suárez está caduco, los trabajadores y el pueblo explotado ha empezado a escribir una nueva historia.