Menos presupuesto para las escuelas más pobres

La zona de la Ciudad de Buenos Aires que recibe menos presupuesto para infraestructura y material didáctico es la que tiene menos escuelas, y menos escuelas de jornada completa, menos comedores, pocas vacantes, falta de aulas o aulas superpobladas, menos espacios para recreación. Trabajan docentes extenuados y sin ningún incentivo a pesar de que tienen el doble de alumnos en una zona caracterizada por tener el peor acceso a la vivienda, la salud, la educación, el alimento y el empleo. Así es la educación pública en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires, comparada con las del norte, según un exhaustivo relevamiento de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (Acij). El estudio fue realizado aunque el gobierno de Macri, “no releva mucha información, no se sabe cuántos chicos no tienen vacantes ni las condiciones de estudio. No tenemos datos sobre la superpoblación ni el hacinamiento”, según dijo la coordinadora de ACIJ, Nuria Becú (La Nación, 8/7).

En el norte (Belgrano), el promedio de alumnos es de 270 por escuela y de 18 por aula. En el sur, de 420 y 29, respectivamente. El 75% de los chicos de Villa Lugano estudia en condiciones de hacinamiento que “no permiten mantener una relación pedagógica normal”. En Villa Urquiza, Belgrano o Núñez, eso ocurre solo en el 3%. El sur, lógicamente, registra los peores indicadores de rendimiento académico.

Sólo el 33% de los chicos de la zona norte van a escuelas públicas y, en algunos turnos, ya hay aulas vacías. En el sur, en cambio, el 82% va a la escuela pública y miles de chicos quedan fuera del sistema educativo: “En 2008, unos 8.000 chicos de 45 días a cinco años no pudieron acceder a la educación por falta de cupos”, dice el informe.

En la mayoría de las escuelas más pobladas no hay comedores. Los chicos comen en aulas, pasillos, el salón de actos o el gimnasio, muchas veces en varios turnos con pérdida de horas de clase. Existen muy escasos espacios para recreación, deportes, música o plástica (La Nación, 27/7).

La investigación destaca “la desigual carga de tareas” que soportan los docentes y profesionales que “atienden los distritos con mayor población escolar y con mayores problemáticas socioeducativas y dificultades de aprendizaje”. Allí se presentan los mayores índices de vacantes y suplencias docentes. “La falta de una política que incentive a los docentes para que elijan las escuelas más desfavorecidas profundiza las desigualdades”, señala Becú.

Una política consciente

La investigación demuestra una coherencia absoluta en el gobierno de Ibarra, de Telerman y Macri. “El Estado gastó menos de lo que tenía asignado” por el presupuesto pero, además, “el tratamiento fue discriminatorio hacia los más humildes”. Todos otorgaron más recursos a las escuelas de los barrios ricos que a las del sur. Por ejemplo, en el período 2001-2006, el promedio de ejecución en infraestructura fue del 32,6% en las zonas pobres y del 41,2% en las ricas. En materia de mantenimiento edilicio, equipamiento y material didáctico, los distritos más pobres reciben menos dinero por alumno. En términos presupuestarios, “todos los distritos escolares de la ciudad registran porcentajes más altos de ejecución que los cinco distritos más pobres” (La Nación, 8 y 27/7).

La destrucción de la escuela pública, con especial perfidia en las barriadas de la clase obrera, es una política de Estado que el macrismo comparte con sus predecesores de cuño “progresista”.

Olga Cristóbal

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