16/07/2021

Cae la participación de los salarios en la economía y aumenta el saldo de los capitalistas

Menos salarios, menos trabajo y más explotación patronal

Con la publicación de las estadísticas del Indec para el primer trimestre del 2021 sale a la luz la caída interanual de la participación de los salarios en la economía, en contraste con una suba en el saldo favorable de las patronales. La orientación ajustadora del gobierno nacional habilitó este ataque sobre las condiciones y puestos de trabajo.

Se trata de los números que aporta la Cuenta de generación del ingreso e insumo de mano de obra que elabora el Indec, que mide la composición del Valor Agregado Bruto (VAB): un indicador que mide el valor total creado en el país, igual al valor final de la producción menos los costos de lo que se ha utilizado para producir.

El VAB se compone, principalmente, del conjunto de las Remuneraciones al Trabajo Asalariado (RTA) y el Excedente de Explotación Bruto (EEB). Mientras que la primera variable conceptualiza el lugar de los salarios en el proceso de producción de bienes y servicios, el segundo representaría algo así como la plusvalía bruta de los capitalistas.

Según los datos relevados por el Indec, la participación de los salarios en la economía se redujo un 3,76%, el primer trimestre del 2021. En tanto que el EEB aumentó un 5,06%, para el mismo periodo: un reflejo de que, bajo la pandemia, el ajuste patronal y la colaboración del gobierno nacional, aumenta la “rentabilidad” capitalista sobre la precarización de las condiciones laborales.

El informe también mide la evolución del total de puestos de trabajo, donde se registra una caída del 1,6%. De los 20.564.000 de empleos considerados –se contabilizan la totalidad de los trabajos, independientemente de la cantidad de trabajadores-, solo 15.115.000 son asalariados, de los cuales 4.644.000 son contrataciones en negro (31%).

Tal es el impacto en el sector no registrado que la baja interanual de empleos es del 4,6%, o lo que es lo mismo, unos 213.624 trabajos menos. Mientras que para los asalariados registrados es de 1,3% (196.495). Si se excluye el sector público, la caída de puestos es del 2,1% y la caída de las horas efectivamente trabajadas desciende un 3,5%.

Estas cifras arrojan una foto del resultado de las políticas del último periodo. En plena pandemia y con DNU “antidepidos” rigiendo, las patronales impusieron ajuste, cierres, suspensiones y condiciones laborales a la baja.

Esto también desmiente el argumento, constante, de una supuesta presión tributaria insoportable sobre las espaldas de los capitalistas, cuando el resultado del proceso de producción arroja que han mejorado sus ganancias y su participación a expensas de un escenario crítico para la población. Esto se desprende al ver la caída interanual del  2,6% en los impuestos netos de
subsidios a la producción y en los beneficios excepcionales obtenidos, como la eximición del aporte de las cargas patronales, que ha servido para desfinanciar la Anses.

El ataque a los salarios, empleos y condiciones de trabajo es parte del paquete de medidas que reclama el FMI y que impulsa el gobierno de Alberto Fernández, con el propósito de generar mayor rentabilidad para las “inversiones” capitalistas. Una política a la que se prende la burocracia sindical y de las organizaciones sociales bajo el pretexto de la crisis de “competitividad” nacional y la “defensa” de los empleos. Lo que se desmiente con esta realidad: los capitalistas no reinvierten ni un peso, sino que la “reactivación” económica pospandemia estaría dada por una mayor explotación de la fuerza de trabajo.

La defensa integral de los empleos y los salarios, con la prohibición de despidos y suspensiones y salarios por arriba de la canasta familiar de $100.000, debe provenir de la organización independiente de los trabajadores y del desarrollo político de la clase obrera, con sus herramientas propias, como hoy lo expresa el Frente de Izquierda Unidad. El desarrollo de una alternativa política independiente de los trabajadores, que plantee estas consignas, junto a la lucha en las calles y en los lugares de trabajo, es el camino para revertir el ataque al salario y al trabajo, en mano de los capitalistas y sus gobiernos.

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