Políticas

24/6/2022

Milei, un liberalismo en nombre de la Biblia y la opresión religiosa

Sobre sus declaraciones acerca de mudar la embajada argentina en Israel a Jerusalén.

Un defensor del carácter confesional y segregacionista del sionismo.

Javier Milei prometió que una de sus primeras medidas en caso de llegar a la Casa Rosada consistiría en mudar la embajada argentina en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Es una reivindicación de la bravuconada de Trump contra el pueblo palestino, que el supuesto libertario justificó… en nombre de la Biblia. Milei, que se ha destacado en la escena nacional por sus diatribas contra el Estado y la denominada casta política, se ha colocado en el campo de uno de los Estados más opresores y guerreristas del mundo, el cual vino perpetrando un verdadero genocidio, defendiendo su carácter confesional y segregacionista.

El hecho de que el diputado “libertario” utilice a la Biblia para defender semejante planteo da cuenta del carácter retrógrado y oscurantista de su programa. Lejos de tratarse de una posición de cuño liberal, Milei brega por un reforzamiento del poder de regimentación del Estado israelí. Jerusalén es una ciudad sagrada para diversas religiones; allí, en mayo de este año, el gobierno de Israel desarrolló una dura represión contra los musulmanes que se hallaban orando en la Explanada de las Mezquitas, en el marco del Ramadán, en una ofensiva que llevaría a que sus tropas asesinaran a principios de junio a una periodista en Cisjordania. Los territorios ocupados por las fuerzas sionistas están militarizados y se caracterizan por la inexistencia de cualquier atisbo de libertad para los palestinos; los gobiernos israelíes, a su vez, han transformado a la Franja de Gaza en una enorme prisión a cielo abierto.

Todo esto demuestra una vez más que los planteos liberales y antiestado de Milei son una farsa, y que detrás de ellos se esconde una política represiva, opresora y reaccionaria. Estos libertarios encarnan una regresión ideológica, incluso, respecto a las ideas y conquistas de la Revolución Francesa de 1789, que desarrolló por ejemplo una secularización y venta de las tierras de la Iglesia. Esa revolución burguesa liberó asimismo a la educación de la losa de la religión y la teología, “pregonaba los derechos del ciudadano frente a la nobleza y el clero (…), exigía también la libertad de pensamiento, el conocer y aprender, como atributo propio de cualquier ser humano” (Rieznik, Pablo; 2000). Milei, en cambio, quiere ir hacia una imposición religiosa y cultural de carácter particular, en detrimento de la libertad para profesar otra religión.

El punto es que los que se jactan ahora de liberales enarbolan políticas regimentadoras y retrógradas. En Argentina, Milei se posiciona junto a la reacción oscurantista contra la ola verde y los reclamos de las mujeres y diversidades sexuales, reforzando el sometimiento ideológico al Estado. Esto responde a su programa de ataques a los trabajadores y sus derechos, lo cual requiere un mayor poder estatal despótico, como se manifiesta por ejemplo en su campaña (en coincidencia hasta con Cristina Kirchner) de otorgarle el control de los planes sociales a los intendentes y gobernadores del PJ, los mayores exponentes de la casta política, contra el movimiento piquetero que se organiza de manera independiente del Estado. Milei valora del aparato estatal su aspecto más opresivo, que es el de su potestad para reprimir.

La clase obrera y su juventud deben rechazar a este fascista y organizarse de forma independiente, para pelear contra toda forma de opresión y explotación.