Políticas
5/5/2026
Milei y Keynes: una crítica trucha y encubridora
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Jornadas de debate sobre “pensamiento económico”.
En estas últimas semanas Milei concentró sus diatribas contra Keynes, al punto de llamarlo un “genio del mal”. Esto no es sorpresa. Tiempo atrás había concentrado su ira contra Adam Smith, el fundador de la economía política, como también lo hizo contra Maquiavelo. La estigmatización de Keynes tuvo como escenario las jornadas de debate sobre “pensamiento económico”, acompañado del economista libertario Adrián Rabiar y el profesor Juan Carlos De Pablo. La cosa no terminó ahí. Días después, el 3 de mayo, el “peluca” libertario publicó un artículo en Clarín donde califica al economista escocés de “sicario de la política” y asocia su teoría a políticos “corruptos y mesiánicos”.
Keynes es conocido universalmente por el papel jugado en el rescate del capitalismo en el marco de la mayor crisis capitalista con la depresión de 1929. El economista esconces abogó por una intervención del Estado en contraste con la opinión prevaleciente en ese entonces. Sus escritos ponen en tela de juicio las premisas de los llamados economistas clásicos, que rechazaban de un modo general la injerencia del Estado y concebían al mercado como mecanismo óptimo de asignación de recursos
El núcleo de la crítica de Milei
Miel sostiene tres ideas centrales: que Keynes elaboró un “marco falaz” funcional a la intervención estatal; que el keynesianismo legitima el gasto público, la emisión y la manipulación de la economía; y que existe una continuidad entre keynesianismo, fascismo y comunismo, bajo la categoría de “colectivismo”.
El problema central del planteo de Milei, más allá de su agresividad retórica pretendiendo presentarse en las antípodas de Keynes, es que constituye un encubrimiento ideológico de las relaciones reales. Keynes no es un enemigo externo al capitalismo sino una respuesta interna a sus crisis. Emerge tras la Gran Depresión para salvar al capitalismo de sus propias contradicciones (crisis de sobreproducción, sobreacumulación de capitales, caída en picada de la rentabilidad, desempleo masivo). Su teoría no “crea” el intervencionismo: lo racionaliza y sistematiza como necesidad del capital.
En clave marxista, el keynesianismo opera como una forma de gestión de las crisis capitalista. Milei, al atacar a Keynes, confunde la causa con el síntoma. No es el keynesianismo el que genera crisis, sino las crisis del capital las que generan el keynesianismo.
El libertario hace la misma inversión de las relaciones económicas y sociales a la hora de abordar la cuestión del Estado. Lo presenta como una imposición “externa” a la organización social cuando es un resultado interno de su desarrollo: irrumpe en un estadio histórico en el cual las relaciones sociales asumen un carácter irreconciliable, cuando la sociedad se divide en clases y se abren paso los antagonismos sociales. El Estado es un órgano de opresión de clase, actúa como un instrumento para defender y perpetuar las relaciones existentes, y se fue perfeccionando hasta alcanzar su máxima expresión bajo la economía de mercado. El Estado no niega el mercado sino que es una pieza clave para sostenerlo y juega un rol determinante para garantizar la reproducción del capital, más aún cuando está en riesgo.
El keynesianismo no es un “desvío” del capitalismo sino una de las variantes, una de las modalidades posibles para gestionarlo. El ataque de Milei al Estado es en realidad una defensa de otra variante, la neoliberal, que ha levantado cabeza en diferentes momentos históricos, cuando otras tentativas de gobierno fracasaron, entre ellos los ensayos keynesianos y neokeynesianos.
Un punto particularmente polémico es la afirmación de Milei que plantea que fascismo y comunismo son variantes del mismo fenómeno, cuando son opuestos . El “peluca” coloca un signo igual entre una dictadura de una minoría explotadora, la clase capitalista, y una dictadura de la mayoría explotada, los trabajadores
El fascismo es una forma extrema de dominación capitalista que surge para aplastar al movimiento obrero. El comunismo es el campo y perspectiva antagónicos: es la lucha por abolir las clases sociales, abrir paso a una sociedad sin explotadores ni explotados, lo que plantea desplazar al capital y sus representantes del poder
Agruparlos bajo el mismo paraguas bajo el rótulo de “colectivismo” y “totalitarismo” elimina la naturaleza y las relaciones de clase, quien detenta el poder político y la propiedad de los medios de producción.
El trasfondo: crisis del capitalismo y lucha de estrategias
El ataque de Milei a Keynes no es meramente teórico. Expresa una disputa concreta dentro del capitalismo. El keynesiano -política monetaria y fiscal expansiva mediante- fue un recurso para sacar al capital de crash del '30. De todos modos, se ha hecho un mito de esa receta, pues en realidad Estados Unidos va a recobrar su nivel de actividad con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. El gran keynesiano, en realidad, fue la guerra.
Luego del impulso de las primeras décadas de la posguerra, en los años '70 la economía mundial nuevamente entró nuevamente en colapso, con un desmadre de la inflación, un salto en los niveles de endeudamiento y una desaceleración de la actividad económica, en un escenario de “estanflación” (recesión con inflación). Esto puso de relieve los límites insalvables del keynesianismo y es lo que explica la búsqueda de recursos sustitutos. La ofensiva neoliberal que tuvo su apogeo en los '90 fue una tentativa de revertir la crisis apelando a la austeridad fiscal, restricción monetaria, desregulaciones, recesión y un ajuste de tuerca aún mayor contra la clase trabajadora a través de unas mayor precarización, flexibilización en las condiciones de trabajo y confiscación salarial.
Esta ofensiva, a pesar de su alcance y que incluso estuvo beneficiada por la disolución de la Unión Soviética que incorporó al campo de la explotación capitalista a los ex Estados obreros, no logró un florecimiento del capital. Las décadas posteriores a la del '90 estuvieron sacudidas por crisis recurrentes en diferentes rincones del planeta. La economía mundial tuvo un pobre desempeño, y sufrió un nuevo derrumbe con la crisis financiera de 2008. La burguesía mundial se vio obligada a apelar nuevamente al socorro del Estado, o sea a las viejas recetas keynesianas que había dejado de lado, pero sin que este giro haya redundado en un despegue de la economía mundial. Lejos de atenuarse el impasse capitalista, con todo sus contrastes, fracturas, choques y desequilibrios, se ha acentuado.
Keynesianismo y neoliberalismo no son términos excluyentes. Son recursos alterntativos y complementarios a los que recurre el capital para enfrentar la crisis y defender sus intereses y su sistema de dominación. Ambas son estrategias de gestión del capital, que se van alternando de acuerdo las necesidades y exigencias de la burguesía.
El discurso de Milei cumple una función ideológica precisa: deshistoriza el capitalismo presentando al mercado como un orden natural; demoniza el keynesianismo para justificar una nueva etapa en la ofensiva contra los trabajadores; borra las diferencias entre sistemas sociales para bloquear cualquier alternativa al capitalismo; invierte la crisis exhibiéndola como problema del Estado, no del capital.
La impostura teórica e intelectual de Milei queda a la vista pues el principal aliado geopolítico que reivindica -Estados Unidos- funciona con mecanismos típicamente keynesianos.
La deuda pública estadounidense supera el 100% del PBI. El déficit fiscal es crónico (no excepcional) y ha pasado a ser récord alcanzando el 7,9 por ciento del PBI. La Reserva Federal de Estados Unidos no cesa de emitir y actúa como prestamista de última instancia y mecanismo de rescate de los bancos en aprietos. Asistimos a un recrudecimiento de la inflación con un crecimiento que no deja de ser anémico. El Estado norteamericano interviene activamente en todas las áreas de la economía, empezando por los aranceles. Además, mantiene un gasto militar gigantesco, financia innovación tecnológica y subsidia a las empresas.
Contra la tesis de Milei el capitalismo, incluso el más desarrollado, depende estructuralmente de la deuda, emisión e intervención estatal. Y por más que Milei pretende presentarse como el liberal a ultranza, el gobierno libertario argentino no se priva de usar las herramientas keynesianas cuando le conviene. Varias variables económicas, empezando por el salario, el tipo de cambio, el crédito y la liquidez monetaria, están fuertemente regulados por cepos y restricciones. Por lo tanto, la chapucería del “peluca” asoma por todos lados.
Conclusión
Partiendo de una premisa central de Marx, “en la competencia, todo aparece invertido”, podemos aplicarlo perfectamente en este caso: Milei presenta al Estado como causa del problema, pero en realidad el Estado es respuesta a las contradicciones del capital.
Keynesianismo y neoliberalismo son salidas capitalistas cuya eficacia viene siendo minada seriamente por la crisis capitalista, lo que se expresa en las señales cada vez más visibles de agotamiento. Una salida superadora del impasse capitalista sólo puede vertebrarse a partir de una salida anticapitalista y socialista de los trabajadores que proceda a una reorganización integral de la sociedad sobre nuevas bases sociales.




