Políticas

24/8/2026

Milei y "la gente que no llega a fin de mes": se hunde el consumo, crece el tarjeteo en el super

Los hogares recortan compras mientras las tarjetas sostienen gastos básicos frente al ajuste.

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Caída consumo.

Los datos oficiales de junio confirman una caída semestral de las ventas en supermercados y mayoristas, acompañada por una reducción del empleo en esos sectores, con un consumo que se hunde por la caída de los ingresos de los trabajadores, que no alcanzan para sostener el nivel de vida, acudiendo cada vez más frecuentemente al crédito. Javier Milei intenta desconocer esta realidad con la afirmación en las redes sociales contra sus detractores manifestando que "Cae a pedazos la estupidez mayúscula de 'la gente no llega a fin de mes'", pero el resultado de su política es una economía paralizada, sostenida artificialmente mediante endeudamiento familiar y con beneficios para el capital financiero y las patronales exportadoras.

En supermercados, las ventas a precios constantes cayeron 3,1% interanual en junio y acumularon una baja de 2,8% durante el primer semestre. La medición desestacionalizada también retrocedió 1% respecto de mayo. En los autoservicios mayoristas, la tendencia cayó otro 0,7%. Estamos ante una tendencia que marca todo lo que va del 2026, con retrocesos y pequeños repuntes que no consiguen modificar la caída general del consumo.

Un consumo sostenido con endeudamiento

La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a financiar cada vez más sus compras. En junio, las tarjetas de crédito representaron el 42,8% de las ventas de los supermercados, con $1.062.498 millones facturados y un crecimiento interanual del 16%. Las tarjetas de débito explicaron otro 24,9%, con $618.086 millones. El crédito funciona así como un salvavidas para el consumo inmediato, pero a costa de trasladar hacia adelante el problema de ingresos insuficientes.

La composición de las ventas muestra además qué clase de ajuste están realizando los hogares. Carnes, electrónicos y artículos para el hogar, verdulería y frutería y alimentos preparados concentraron los principales aumentos nominales. Pero la indumentaria, el calzado y los textiles para el hogar registraron una caída del 7,4%. Las familias priorizan comida y necesidades inmediatas y postergan todo aquello que puede esperar.

En los mayoristas se repite el mismo fenómeno, con Almacén, lácteos, panadería y artículos de limpieza encabezando los incrementos, todos por encima del 23% interanual, mientras los electrónicos retrocedieron 1,9%. El crecimiento nominal de determinados rubros no debe confundirse con una recuperación del consumo cuando por el contexto inflacionario esas cifras expresan también el aumento de los precios.

Menos ventas, menos trabajadores

En junio, los supermercados tenían 95.816 trabajadores, un 4,1% menos que un año antes. En los autoservicios mayoristas la reducción llegó al 7,4%, con apenas 12.997 ocupados. Menos ventas significan menos puestos de trabajo, mientras el gobierno intenta imponer una reforma laboral antiobrera destinada a abaratar y facilitar todavía más el despido y la precarización.

El cuadro desmiente la propaganda oficial sobre una supuesta recuperación generalizada de la economía. La política económica de Milei no logra recomponer el mercado interno. La caída del salario, los despidos y el endeudamiento de los hogares forman parte de una misma ecuación: el ajuste se descarga sobre los trabajadores para garantizar las condiciones de rentabilidad del capital.

Los sectores vinculados a las exportaciones petroleras y mineras y al capital financiero constituyen la excepción privilegiada de este esquema, principalmente por la suba de los precios internacionales de ambas industrias, que lideran el proceso de fuga de ganancias hacia sus casas matrices. Mientras una parte de la economía se beneficia con dólares, beneficios fiscales y el pago de la deuda al FMI, los trabajadores deben recurrir a la tarjeta y al financiamiento usurero de las fintechs como Mercado pago para completar las compras del supermercado.

El gobierno presenta el derrumbe del consumo como el costo inevitable de una supuesta estabilización, pero una economía que necesita salarios deprimidos, despidos, endeudamiento familiar y destrucción del mercado interno para sostener sus cuentas no está resolviendo sus contradicciones, sino que descarga la crisis sobre la clase trabajadora.

Hay que terminar con esta orientación liquidacionista partiendo de la lucha por una recomposición general de los salarios y la prohibición de despidos y suspensiones, organizando a los trabajadores por el paro nacional y la huelga general para derrotar la ofensiva patronal de Milei y sus colaboradores.

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