Políticas

14/4/2026

Motosierra con déficit fiscal: el ajuste sin fin de un gobierno fracasado

A pesar de los tarifazos y el robo presupuestario a los trabajadores, las cuentas públicas siguen en rojo.

El ajuste antiobrero no lleva a ningún lado.

Milei tuvo que admitir en una entrevista que "los últimos meses fueron duros", pero pidió "paciencia" para "no dinamitar lo logrado". En realidad, no existe ningún logro. La motosierra fiscal ni ordenó las cuentas públicas ni tampoco resuelve la inflación. Ni siquiera es cierto que haya "déficit cero", como alega para incumplir obligaciones en salud y educación, por lo que el ajuste al pueblo es como un barril sin fondo.

Al gobierno se le están complicando las cuentas. Es tétrico, pero mientras demora partidas para personas con discapacidad y vacía el Pami, pagamos tarifazos en todos los servicios públicos, incumple la Ley de Financiamiento Universitario, y da de baja casi un millón de programas sociales en medio de una ola de despidos; lo cierto es que nada alcanza para equilibrar al fisco.

Los motivos por los cuales el ajuste nunca es suficiente vienen de los pilares de la política económica de Milei: el pago de la deuda, la licuación salarial y la recesión que hunden la recaudación, y el esquema energético al servicio de las petroleras y privatizadas.

Un caso testigo es lo que pasa con el transporte público de pasajeros. Las interminables filas en las paradas de colectivos del Gran Buenos Aires por la menor frecuencia del servicio durante la pulseada de las concesionarias y el gobierno por los subsidios al transporte muestran que los tarifazos no resuelven nada. Desde que asumió Milei el boleto en CABA aumentó 1.250%, pero las empresas dicen que no alcanza y reclaman una deuda de 160.000 millones de pesos. Como les respondieron que aumenten más para tener “autonomía operativa”, declararon que también habrá achique de recorridos y despidos.

La suba del gasoil es parte de esa crisis, resultado de la política de fijar los precios locales de los combustibles atados a la cotización internacional del petróleo; es decir, no en función de lo que cuesta producirlos sino de lo que ganan las petroleras por exportar. Eso a la vez detona los costos de la energía, con el agravante que había ya en marcha un esquema de tarifazos en la luz y el gas.

Aún cuando en el IPC el ítem que contempla esos servicios registró en el primer trimestre subas de entre 18 y 34%, dependiendo la región, el gasto público destinado a subsidios energéticos tuvo una disparada del 180,5% en el acumulado interanual, según un reporte de la consultora Analytica sobre la ejecución presupuestaria. Así, aunque "ahorraron" 200.000 millones de pesos en recortes en transporte, crecieron 800.000 millones las subvenciones en energía.

Estos aumentos que no disipan el "atraso tarifario" sí impactan en forma directa en la depresión de la actividad económica, porque al ser un gasto poco elástico obligan a las familias a recortar en otros rubros, y a la vez encarecen los costos industriales y de transporte. Esta contracción de la economía incide sobre la recaudación, que lleva ocho meses consecutivos de caída.

Los menores ingresos tributarios se deben a que dependen en primer lugar de impuestos al consumidor (mientras que a las únicas actividades que les va bien casi no pagan nada, como la especulación financiera y la minería). Además los despidos, la pérdida salarial, las jubilaciones de indigencia y la creciente informalidad laboral achican la recaudación de Anses y Pami, donde la atención está paralizada por un paro de profesionales y las deudas acumuladas con clínicas y farmacias.

Mientras incumple todas sus obligaciones con el pueblo argentino, una porción cada vez mayor de los recursos del Estado nacional se dilapida en el pago de la deuda. Tomando los datos de Asap sobre el gasto público desde el inicio del año hasta la primera semana de abril, el ítem intereses creció 76% en la cmparación interanual descontando la inflación, e insumió casi 4,5 billones de pesos -cuatro veces lo que fue a las universidades nacionales.

Más aún, el supuesto superávit de las cuentas públicas es un rojo si se contabiliza la bola de nieve de la deuda en pesos que se esconde en el resultado fiscal: si se incluyen los intereses capitalizados (que solo en febrero sumaron 2,42 billones de pesos), el déficit financiero acumulado desde enero 2024 supera los 40 billones de pesos, según estimaciones de Cepa. Esa política también la pagan los laburantes a través de las infernales tasas de interés que hacen inaccesible tomar un crédito y dispararon los niveles de morosidad de las familias, sea con bancos, billeteras virtuales o cadenas de electrodomésticos, supermercados y automotrices.

Pateando el pago de partidas, con un crítico cuadro social y la inflación en alza, Milei tampoco logra convencer sobre sus "logros" al capital financiero. Por eso no baja el riesgo país y Argentina sigue afuera del mercado de crédito internacional. En conclusión, la motosierra realmente no "estabilizó" nada. Al fracaso del gobierno tenemos que hacerle frente con la lucha popular, como los obreros de Fate, los jubilados de los miércoles, la docencia universitaria o el colectivo de discapacidad. Ese es el camino, hasta la huelga general para echar a estos ladrones.

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