22/06/2000 | 669

Moyano parió un ratón

La propuesta económica que la CGT Moyano ha girado para discutir con las otras burocraci as sindicales, la UIA, la Iglesia y, si es posible, el gobierno, no produce tanta decepción como una sensación de que sus autores están privados del sentido del ridículo.


Denominan «shock de demanda» a una recomposición salarial del orden del 6 al 8% anual sin siquiera molestarse en considerar que bajo el sistema actual de flexibilidad horaria y de los ritmos de trabajo, y de rotación laboral, incluso esos aumentos ridículos podrían ser fácilmente desconocidos por cualquier patronal. El proyecto no dice nada, sin embargo, de imponer compulsivamente el cumplimiento de la jornada de ocho horas, ni de derogar la reforma laboral que autoriza el trabajo a prueba por un año y da piedra libre a las patronales en materia de condiciones laborales.


Al ritmo del 6-8% anual no alcanzaría una década para recuperar los niveles salariales previos a la hiper alfonsinista, ni medio siglo completo para alcanzar los de 1975. Más grave, si cabe, esos porcentajes contrastan con el incremento de la productividad del trabajo en la industria y los servicios en la última década, que fue en promedio de más del 150%. ¿Pero antes que todo esto no habría que derogar las rebajas salariales recientemente decretadas por el ajuste? Antes de ir por más, habría que recuperar lo menos.


El shock de demanda también propone un subsidio de 350 pesos para el millón de jefes de familia desocupados. Deja afuera, por lo tanto, a otro millón de desocupados y a dos millones de los llamados sub-ocupados. El gasto estatal que supone este subsidio equivale a la suma de los actuales planes Trabajar, otros planes asistenciales, las asignaciones familiares y el seguro al desempleo. En la práctica no significa ninguna transferencia de ingresos para los desocupados, pero sí un pingüe negocio para los capitalistas, que dejarían de pagar algunas de esas cargas sociales. A guisa de un beneficio para desempleados le han metido a Moyano un negociado para patronales ‘nacionales’.


El programa de la CGT sólo habla de las AFJPs, que se llevan anualmente en forma compulsi va casi 3.000 millones de pesos de los trabajadores, cuando propone aumentar los aportes patronales a empresas de servicios y bancos. Pero la UIA sí ha hecho saber que desea que se legisle para los fondos de las AFJP que sean invertidos «en la producción». Los bancos tienen sus propias ambiciones –que se dediquen a comprar sus carteras de créditos hipotecarios–. Tanto estas propuestas como el procedimiento actual de que inviertan en acciones o títulos públicos, significarán la pérdida, a término, del dinero que allí están acumulando los trabajadores. Lo que la CGT hubiera debido reclamar es la transferencia de las AFJP al Estado y que las jubilaciones sean administradas por trabajadores y jubilados.


El planteo que salió del ‘retiro espiritual’ de la CGT Moyano no resuelve el menor de los problemas de los trabajadores, pero sí servirá, cuando sea debidamente licuado en la concertación con la UIA, para viabilizar la política de los capitanes de la industria y del campo, que piden subsidios y protección. Incluso las Confederaciones Rurales de Buenos Aires le han protestado a la misión del FMI, haciéndola responsable de los pocos créditos que reciben del Banco Nación.


Pero la principal función negativa de la propuesta cegetista es que desvía la atención de la necesidad de seguir la lucha para que se deroguen los decretos de ajuste y la reforma laboral.

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