16/11/2021
elecciones 2021

No es voto bronca, es una transición política

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Foto: Ojo Obrero

Varios analistas han afirmado que el crecimiento electoral del Frente de Izquierda se debe a que canalizó un “voto bronca”. Aunque con argumentos más sofisticados, varios dirigentes de izquierda opuestos al FIT-U opinan del mismo modo. En ambos casos el objetivo de la caracterización es la misma: restarle alcance político a la votación que logró el Frente de Izquierda y presentarla como un hecho episódico o pasajero. Mecánicamente aplican la misma vara y los mismos conceptos para juzgar el crecimiento de los llamados “libertarios”, sean los votos de Milei como los de Espert. Así, se termina en el absurdo de presentar al avance de la izquierda y al de las fuerzas fascistoides con un signo igual. Más allá del dislate político y sociológico, el problema de método que emerge es que al recurrir a tal simplificación no se explica nada. Si como decía Lenin “lo concreto son múltiples determinaciones”, acá se salta por encima de todas ellas para reafirmar prejuicios o posiciones faccionales.

Pero, ¿hay o no un “voto bronca”? La pregunta es tan ociosa como la respuesta. Si no hubiese bronca el gobierno no hubiese perdido las elecciones y el peronismo realizado la peor elección de sus más de 76 años de historia. Y si no hubiese bronca la oposición derechista que obtuvo el primer lugar no hubiese perdido centenares de miles de votos en comparación con la elección del 2019. Pero la bronca es el punto de partida del análisis, es una “determinación” más y si se quiere no la más importante. Dicho esto, incluso el voto al Frente de Izquierda-Unidad a nivel nacional no es ni homogéneo desde el punto de vista cuantitativo ni cualitativo. En los distritos donde mejor elección realizamos tampoco los factores que intervienen son los mismos o al menos no tienen cada uno de ellos tomados por separado el mismo peso.

Veamos mejor. Desde estas páginas y también en columnas que hemos publicado en distintos medios, habíamos trazado la caracterización de que asistíamos a un desplazamiento político en franjas importantes de la población hacia la izquierda. Ese desplazamiento antes que electoral se había puesto de manifiesto en la realidad social mediante una intensa lucha de clases. En su momento tomamos el desafío que nos hizo Jorge Asís cuando dijo que el Partido Obrero movilizaba multitudes pero que al menos por el momento estas votaban a Cristina Kirchner. Asís tenía el mérito de captar una contradicción de la transición política en curso, a saber: quienes se movilizaban contra Cristina la votaban; y quienes se movilizaban con el Partido Obrero no votaban las listas del FIT-U que el PO integra. Aunque Asís podía exagerar y exageraba, había que reconocerle que la exageración era expositivamente útil, porque al cargar las tintas lograba hacer sobresalir un problema planteado.

Antes aún de la elección, es decir, antes de conocer el resultado, en Prensa Obrera seguimos con atención cómo la campaña electoral daba signos inequívocos de otra evolución política. La participación masiva de compañeras y compañeros provenientes del movimiento piquetero en los actos, su protagonismo más directo en las recorridas, convirtiéndose directamente en difusores de la campaña y de las ideas centrales del programa, el protagonismo de compañeras de las barriadas en las actividades referidas a la cuestión de la mujer, el interés de los sectores migrantes en participar de la campaña y su conexión con las experiencias de los movimientos políticos de sus países de origen, sectores del movimiento obrero ocupado mostraban su simpatía en las innumerables actividades realizadas en puertas de fábrica y en los lugares de trabajo, todo eso iba configurando un proceso político que alumbraba un sentido directo a la transición en curso. Como expresión simbólica destacamos que en las actividades se impuso, sin que nadie se lo proponga, fotos colectivas con el puño izquierdo en alto, reemplazando la v de la victoria. El entusiasmo en adoptar la nueva simbología mostraba que para las compañeras y compañeros su integración al PO (sea Polo Obrero o Partido Obrero) era una “decisión de vida”.

Ese proceso que se vivió en la campaña puede y debe analizarse en una perspectiva más amplia. No hubiese sido posible sin que asistiéramos a una declinación histórica del peronismo, que abarca un largo período y que ha tenido como no podía ser de otro modo avances y retrocesos. Tempranamente el Partido Obrero observó que el reemplazo de las manzaneras de Chiche Duhalde por las luchadoras piqueteras estaba llamado a generar un cambio profundo en la realidad política argentina. Defensivamente los gobiernos buscaron neutralizar la realidad mediante la cooptación de los nuevos sectores, pero esa cooptación generó a su turno procesos de delimitación, ruptura y nuevos agrupamientos. La masividad que alcanzó el movimiento piquetero independiente y el lugar que conquistó en la escena política nacional es la prueba más clara que el proceso de desplazamiento hacia la izquierda no pudo ser frenado con la cooptación. Al revés, terminó proyectando al Partido Obrero y al Polo Obrero en las barriadas por haber asumido de un modo más consecuente la lucha por un movimiento independiente del Estado y la lucha por el conjunto de las reivindicaciones. Por su propia experiencia un sector aún minoritario de la población pero que abarca a decenas y hasta centenares de miles de personas pudieron comprobar por su propia experiencia el valor de tener una organización independiente, basada en métodos democráticos opuestos al de los punteros.

El dato novedoso de esta elección fue que esta construcción política gravitó de un modo distinto en las barriadas, mostrando que su extenso trabajo de organización había ido de la mano de una creciente influencia política. Desde ya, para que ello ocurriera fue necesario que se conjuguen factores políticos generales, como el ajuste aplicado por el gobierno, la pandemia y la crisis social que agudizó, el repudio a una oposición derechista, etc. Pero estos factores, sin el trabajo preparatorio realizado no hubiesen conjurado la votación obtenida en las barriadas más pobres del Conurbano bonaerense y también de la Ciudad de Buenos Aires.

Este desarrollo no explica la totalidad del voto al FIT-U, es cierto. También canalizó un voto de sectores medios que oscilan entre el kirchnerismo y la izquierda y que resolvieron votar la lista del FIT-U desilusionados con el gobierno nacional por el ajuste que aplica contra el pueblo. Entonces, ¿aquí sí hay “voto bronca”? Otra vez, se trata de una pregunta ociosa. El tema es que podían haber repudiado al gobierno votando a otras fuerzas pero resolvieron hacerlo con la lista del FIT-U. Negar el significado político de esa decisión obnubila el entendimiento e impide sacar conclusiones.

A partir de este análisis concreto queda más en evidencia el sinsentido de englobar dentro del “voto bronca” la elección del FIT-U y la de los ´libertarios´. La votación de los Milei y Espert responde si se quiere al fenómeno opuesto: expresan la intención de una parte de la burguesía y la pequeño burguesía de avanzar más decididamente contra la clase obrera y los explotados. Detrás del absurdo de afirmar que el PRO sería comunista y colectivista se esconde la crítica de que Macri se quedó a medio camino en su política de atacar a los trabajadores. Por eso Espert propone directamente encarcelar a los dirigentes sindicales y Milei plantea anular todos los derechos, salvo la propiedad privada. Estos planteos fascistas sin embargo no han alumbrado un movimiento fascista. Para ello sería necesario crear una movilización de masas de las clases medias con estos planteos. En ausencia de ello el papel de los Milei y Espert es actuar como grupos de presión dentro de la interna de la derecha, para radicalizar algunos planteos y ganarse su propio espacio en la “casta política”.

Avanzar en una caracterización concreta del proceso político que se puso de manifiesto en las elecciones no significa declarar que este no pueda revertirse en un futuro. Por definición, nada es irreversible. La clase capitalista lo sabe y trabajará para ello. Echará mano a la demagogia, a la cooptación, a la acción de los punteros y burócratas sindicales y complementariamente a la represión. La historia, finalmente, es la de la lucha de clases. Pero es indudable que hemos conquistado un peldaño más elevado para librarla.

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