31/03/2011 | 1170

Oficialistas y opositores se atomizan

Lo que ya era poco sólido se disuelve en el aire

Estos son momentos en que produce un placer especial recordar la monserga preferida de los reformistas de toda laya: «mientras la izquierda se divide, la derecha siempre se une». La semana que está en curso ha sido testigo de un récord de divisiones. Las máquinas partidarias han sido desplazadas por aparatos de camarillas que se arman y disuelven.

Peronismo Federal

Empecemos por Chubut, donde los hermanos-enemigos Kirchner-Das Neves, separados por los negocios de las concesiones petroleras, han puesto a luz un sistema electoral fraudulento -que se reproduce en todo el país, pero que se oculta en la penumbra cuando la diferencia de votos entre las listas primerizas es demasiado amplia como para buscar pelea. Las distintas variantes de fraude aplicadas en la provincia de Buenos Aires son de antología, pues el único control efectivo de las urnas lo ejerce el poder de turno. Los comicios presidenciales del próximo 23 de octubre ya nacen con ese estigma, a partir de una ‘reforma política’ que trampea todo el proceso de la campaña electoral en favor de los partidos con mayores recursos y en especial del oficialismo. La pelea chubutense promete nuevas elecciones parciales o totales y una puja mayor por la compra de votos, aunque todo indica que el único afectado ha sido el engendro del gobernador, que se encuentra completamente desmoralizado y probablemente en desbande.

Precisamente la circunstancia chubutense ha convertido al Peronismo Federal en un espectro rodante (por eso de la fatigante interna por etapas), donde luego de que la mayor parte de los pretendientes claudicó por abandono, quedaron como resaca Duhalde y Rodríguez Saá, este último convencido de que goza de un apoyo popular ilimitado, quizá porque, como él mismo lo hizo saber, tiene conexión especial con el más allá. Las pretensiones de Duhalde de primerear a Macri la candidatura presidencial del derechismo actual, han quedado en la nada. El ‘hijo de papá’ no tiene rivales por este lado, salvo que Reutemann emerja de la ultratumba.

Pero los Macri nunca fueron una «familia unida» como pregonaba Franchella. Resuelto a realizar elecciones separadas, el 10 de julio próximo, la opinión pública descubre un odio a muerte entre Michetti y Rodríguez Larreta, y hasta la posibilidad de que el candidato a jefe de Gobierno sea el propio Macri, a quien su asesor estrella le vaticinó una derrota memorable si se postula para la Presidencia. Para los convencidos de que «la derecha siempre se une», el espectáculo del macrismo y del peronismo federal conmueve más que la voz de Plácido Domingo. La estructura social de la sociedad burguesa es de rivalidad y de conspiraciones recíprocas -cuando el capital se une, acentúa las divisiones precedentes y crea otras más agudas.

Radicalismo

En este punto, la UCR decidió apretar ‘enter’. Cuando creía que había superado la pesadilla de 2001 y la ignominia de 2007 (oportunidad en que se hizo representar por un peronista, Lavagna, a falta de alguien propio), Sanz pateó los acuerdos para realizar una interna, como antes lo había hecho Cobos. Quedó colgada del pincel. Los candidatos presidenciables de la UCR son una colección de saldos: Alfonsín, que recogió la muerte de su padre; Cobos, el voto lastimero cuando la 125 de la soja; Sanz, que sale de un identikit confeccionado en la Asociación Empresaria Argentina. Alfonsín ha decidido autoproclamarse candidato oficial, pero este pronunciamiento vale menos que un Lecop, porque no lo compraría nadie de los que estarían dispuestos a encolumnarse con el radicalismo -como el GEN, Carrió, el PS y una buena parte de Proyecto Sur. De candidato a la copa, la UCR pasó a promoción -con suerte. Los deshechos que han dejado estos escombros -como Sanz, Cobos, Macri, Duhalde, Reutemann- con fuertes afinidades electivas, podrían rejuntarse, pero sería una ingeniera política para la cual no hay espacio ni tiempo.

El adelantamiento de la elección porteña suscitó otra movida disgregante, esta vez en Proyecto Sur, que barajaría devolver a Pino Solanas a su puesto en la Ciudad. Esto deberá suscitar los celos o suspicacias de Lozano, que se adelantó con una propuesta de compañía de improbable aceptación a Graciela Ocaña. Los de Pino tienen dificultades de orientación, en especial cuando presienten que el kirchnerismo les podría birlar gente con su política de cooptación. En Villa Constitución se pasaron al espadachín Agustín Rossi.

Los K

Pero cuando el espinel de la oposición se deshace en amarguras, el oficialismo comprueba que su contemporización con la patota que mató a nuestro compañero Mariano Ferreyra, le ha abierto surco a la mala hierba. Ya no hay lugar a dudas que la burocracia sindical que lidera Moyano ha salido a la guerra para conseguir la protección política estatal contra los procesos judiciales en su contra. El bloqueo a Clarín es un episodio que pretendió disfrazar esta confrontación con un ataque al ‘monopolio’. Por mayores que sean las limitaciones de Moyano para ganar este enfrentamiento, alcanza para colocar al gobierno ante una enorme contradicción con el electorado. Scioli aprovechó la bolada para solidarizarse con Clarín y poner en evidencia también que se encuentra al acecho; lo mismo hizo el cordobés Schiaretti. Debajo de CFK la ingobernabilidad es mayúscula; Pedraza sigue queriendo su libertad y para eso tiene montada ya una serie de provocaciones en compañía de numerosos provocadores del aparato estatal y sindical. Hasta se han peleado los hermanos Gioja. A esta dispersión generalizada hay que sumar la advertencia de la Cámara Electoral acerca de las condiciones de ambigüedad que rodean el proceso electoral. Es posible que la reforma política sea archivada, las internas cajoneadas y las elecciones se hagan a como sea.

Lo que se describe como una campaña electoral constituye, por el contrario, una crisis política del régimen en su conjunto. Pillada por incumplimiento de deberes en el caso Clarín, Nilda Garré sigue depurando comisarios en el marco de una depuración por arriba y sin alcance estratégico, de modo que no es difícil predecir una crisis con los aparatos de seguridad y sus colaterales.

Conclusión

Hay que reforzar la denuncia de la incapacidad del régimen capitalista, que se devora entre sus partidarios, para dar una salida al pueblo, y reagrupar fuerzas trabajadoras y juveniles para desarrollar una lucha de clases socialista. Las paritarias son un escenario de esta lucha, en especial como consecuencia de la liberación de los precios de las naftas anunciada por el vigilante Moreno. Esta denuncia del régimen capitalista es el eje de la campaña electoral que plantea el Partido Obrero y de la propuesta de un Frente de Izquierda que será debatida por nuestro Congreso a fines de abril, sin afectar los acuerdos y compromisos que se puedan empeñar en las elecciones de provincia que exigen inscripciones previas. Es necesario construir el puente político entre la aparente dominación de los partidos burgueses en el pasado reciente y la tendencia estratégica a su disolución política.

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