03/10/2002 | 774

Panorama político

Según Duhalde, «no hay clima de elecciones internas». Se quedó corto, porque no lo hay para su plan en general. Las últimas encuestas registran, por un lado, un retroceso de los candidatos en su conjunto y, por el otro, una intención de abstención que supera el 40%. Esto no significa que el pueblo no quiera deliberar y decidir: el fin de semana pasado un descomunal aguacero no logró impedir el comienzo de la Asamblea Piquetera en Plaza de Mayo, ni las provocaciones del intendente Kammerath hacer desistir a los cordobesas de reforzar la campaña por su revocatoria, ni que en Chaco se discuta abiertamente ocupar y hacer funcionar a las fábricas inactivas. A Duhalde ni se le ocurre que si el pueblo rechaza el plan político oficial ello se debe a que no quiere que siga este gobierno, cuyo índice de repudio alcanza al 80%.


En estos días no sólo le ha ido mal a Rodríguez Saá, cuyo paso por Mendoza fue un fracaso. A Menem le fue peor, porque el hijo de su ‘amigo americano’ le bajó el pulgar. Al colocarlo entre los corruptos del continente, al lado del nicaragüense Alemán y el mexicano Salinas, prácticamente lo bajó del ring. El yanqui Otto Reich se olvidó de ponderar, claro, a su patrón, Bush hijo, que está denunciado por corruptelas en la Bolsa. A 60 días de la interna peronista, los pugilistas no encuentran un eje político, son incapaces de pronunciarse sobre la crisis y las medidas del gobierno – en definitiva, van perdiendo un aire que nunca tuvieron. El centroizquierda aún no se repuso del fracaso del «espacio ciudadano».


Duhalde, sin embargo, no sabe cómo sacarse de encima su plan político. Como no tiene en el Congreso los votos para anularlo, busca que la justicia electoral lo saque del apuro. Pero, ¿para ir adónde? ¿ Adelantar las elecciones, ir a marzo sin pasar por internas con una ley de lemas, quedarse hasta diciembre del 2003?


Mientras tanto, Reutemann mariposeando. La Nación (2/10) cuenta que lo reclama el Banco Santander; Aznar haría gestiones para que se postule. La Asociación de Empresarios que preside Pagani prometió financiarle la campaña, a sabiendas de que el santafesino le dará un seguro de cambio para las deudas externas privadas. Pero Reutemann sigue jugando a la crisis del plan político, porque quiere que no haya internas y que Menem no se presente. Al denunciar al riojano, el gobierno yanqui está cumpliendo su parte del compromiso. Si consigue imponer sus condiciones, Reutemann habría sacudido el proceso político y podría unir a todas las fracciones de los explotadores y al imperialismo en torno a su candidatura. Podría alterar el cuadro político.


Las negociaciones con el FMI marchan en función de estas maniobras políticas y, por sobre todo, de la crisis brasileña. El vice-capo del Citibank, Stanley Fischer, acaba de plantear que si no hay un candidato ganador único del gran capital, por ejemplo Reutemann, es partidario de no firmar con Argentina ni aún después de las elecciones (La Nación, 28/9). El Citi y la banca norteamericana quieren un gobierno que imponga los bonos compulsivos a los ahorristas y privatice la banca pública; es esto lo que entienden por establecer un «anclaje monetario». En consecuencia, el FMI aceptaría sólo cubrir los pagos con el Banco Mundial y el BID, porque si Duhalde se mantiene en no usar las reservas para esto, ambos perderían su calificación internacional y podrían iniciar el camino del desguace. De cualquier manera, la crisis de pagos de Argentina con estos bancos oficiales demuestra que han agotado su tiempo. El FMI tiene que andar entre huevos porque debe enfrentar lo que ya es una cesación de pagos de Brasil, que no recibe más préstamos ni refinancia deudas en el mercado internacional. Ha quedado en evidencia que el FMI ha logrado imponer a Argentina una sangría financiera de enormes proporciones durante el gobierno de Duhalde, ya que se llevó al exterior la totalidad del superávit comercial determinado por la crisis, unos 15.000 millones de dólares. De estos, 4.000 fueron pagos con reservas, el resto salida de capitales, sea por medio de la Bolsa, sea por la autorización a las petroleras a retener el 70% de las divisas fuera del país. ¿Cómo habría conseguido armar esta sangría sin la devaluación nacional y popular de Duhalde y su aún más nacional y popular pesificación?


En este cuadro, siguen vigentes las perspectivas de un hundimiento del plan político y acabar con el gobierno Duhalde mediante un nuevo 19 y 20. Las alternativas que se presentan en el escenario político dependen de una reformulación de la candidatura peronista, de la marcha de la crisis económica y política en Brasil y de la lucha de masas tanto en el plano interno como internacional, teniendo en vista la crisis que pueda desatar la guerra del imperialismo contra Irak.

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