Tucumán
Parieron un gobernador

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Tucumán tiene un nuevo gobernador, no gracias al sufragio universal, sino como consecuencia de las formas más corrompidas de componendas de la política patronal.
Cuando comenzó la crisis en el colegio electoral de la provincia, donde ningún partido tenía mayoría, el candidato justicialista oficial, José Domato, impidió enérgicamente un acuerdo con el candidato derechista, Cirnigliaro, señalando que las exigencias de éste en materia de ministerios, presidencia de bancos y de otros organismos estatales, lo convertirían en un gobernador títere o rehén. Pero luego de varias semanas de pujas, fue lo que terminó ocurriendo: Domato cedió a las exigencias del superderechista Cirnigliaro, consiguiendo los votos que necesitaba. Este verdadero pacto de piratería pública solo logró su consumación cuando Cafiero envió a su propio delegado a Tucumán para unificar a Domato y Cirnigliaro.
La UCR no impugnó la designación de Domato, a pesar de las irregularidades que signaron la reunión del colegio, porque ello solo hubiera conducido a una intervención federal de la provincia, que Alfonsín no tiene condiciones de ejecutar. La UCR se conformó con la intendencia de la capital, algo que consiguió con los votos de Bussi.
El general “redemocratizado” por el régimen actual se quedó en pampa y la vía, luego de haber negociado con todo el mundo. No obtuvo su aspiración a un nuevo llamado a elecciones. Esto significa que para la burguesía la hora de Bussi aún no ha llegado. Dos intentos de protesta pública del ex jefe de los grupos de tareas, fracasaron miserablemente al punto de pasar desapercibidos por falta de asistentes. Las masas “fascistas” que la izquierda democratizante señaló como base del bussismo, faltaron sin aviso.
Domato se hace cargo de una provincia que su antecesor justicialista dejó en ruinas. Quedan en pie así todos los desesperantes reclamos de los trabajadores.

