07/07/2007 | 899

‘Pelea’ con Brasil, la gran estafa


En parte por ignorancia, en mayor medida por picardía, los medios de comunicación le han hecho creer a la opinión pública que Argentina y Brasil (o Lula y Kirchner) han ingresado a una pelea sin retorno. Curiosamente, sin embargo, esos mismos medios, aunque con menos énfasis, repiten que Repsol-YPF y Petrobras se encuentran del mismo lado de la trinchera en el esfuerzo del imperialismo por imponer su ley petrolera a Bolivia. El negocio del gas boliviano opaca en envergadura a cualquier otro para los intereses de los grandes capitalistas de la Cuenca del Plata.


 


¿En qué consiste la pelea con Brasil? Pues en un gran negocio. Cualquiera que se haya tomado el trabajo de hojear una página distinta del diario habrá podido comprobar que el gobierno de Kirchner comprometía, al mismo tiempo que se enojaba ‘com os vizinhos’, el equivalente a la mitad de la inversión que acababa de anunciar Aluar, por mil millones de dólares, en diferimientos y exenciones impositivas. La disputa con Brasil es el pretexto para enmascarar un drenaje descomunal de fondos públicos para hacer ‘competitiva’ a la ‘burguesía nacional’. Hace muy poco, un negociado en estos términos (“una PC en todos los hogares») benefició a pulpos como Microsoft o IBM —también de la burguesía nacional… norteamericana. El presupuesto de 2005 otorga beneficios impositivos a los grandes pulpos que operan en el país, por un monto superior a los 15.000 millones de pesos, o sea casi el 20% del gasto corriente.


 


Lo que ocurre con la industria automotriz es contundente, en especial porque el gobierno alega que es la más “perjudicada” por la “hegemonía” brasileña, sin importarle para el caso que, con la parcial excepción de Fiat, los pulpos que operan a ambos lados de la frontera son los mismos. De acuerdo a un informe de El Cronista (10/5), la “cadena” de esta industria diseñó “un plan para acompañar los incentivos que el Gobierno definió en abril”. Entre los ‘incentivos’ figura la devolución de miles de millones de pesos por el viejo “plan canje”, pero no sólo esto. También “se dispondrá de un reintegro en pesos para las terminales automotrices que compren autopartes locales para la producción de nuevos modelos. El reintegro será entre 6% y 7% sobre el valor de la autoparte local. También habrá reintegro por IVA y eliminación de retenciones para las exportaciones industriales incrementales”.


 


¡Un poco más de ‘incentivos’ y el auto lo fabrica el Estado! Este negociado obedece a la necesidad de competir con Brasil. ¡Eso! Pero sale del bolsillo de los trabajadores.


 


Gracias a estos ‘incentivos’, Techint se ha comprometido a vender la chapa y los insumos para la fabricación de autos entre un 10% y un 15% más barato “de lo que las terminales brasileñas (sic) la puedan obtener en ese país”. Con estos subsidios el gobierno ha superado el viejo antagonismo entre las automotrices y Techint, precisamente por el precio de esos insumos, y de paso ‘protege’ a Techint de la competencia de las poderosas siderúrgicas instaladas en Brasil, o incluso brasileñas (Gerdau). Techint arregló este plan con Miguel Peirano, el secretario de Industria, que ha trabajado para Techint en los últimos diez años. La Nación (8/5) ofrece un cálculo aproximado de estos subsidios, que se acerca a la friolera de seis mil millones de pesos (no incluye la eliminación de retenciones para exportaciones industriales futuras).


 


Subsidio va, subsidio viene, Siderar (de Techint) anunció una ganancia de 417 millones de pesos en el primer trimestre de 2005 contra 204 millones en el mismo período de 2004. Nada mal; lo mismo le ocurrió a la otra acería, Alindar (Clarín, 8/5). Pertrechado con estos regalos del debilísimo Estado argentino, Peugeot acaba de ofrecer a un sector de autopartistas la posibilidad de integrarse a la producción de esa firma para vender a Europa. ¿La competencia no era Brasil?


 


El jolgorio no termina aquí. Las patronales argentinas se quejan de que en 2004 el balance comercial se desniveló a favor de Brasil, pero no dicen que, mientras tanto, el real brasileño se revalorizó frente al dólar (de 3,10 a 2,40) en tanto que el peso argentino sólo se movió de 3,00 a 2,90, o sea que se devaluó frente al real un 20%, lo que representa una ventaja competitiva e-nor-me para Argentina. Lo importante, sin embargo, es que para lograr esta ventaja el Banco Central y el Banco Nación han incurrido en enormes pérdidas que pagaría el contribuyente argentino o los trabajadores del Estado (con salarios bajos). Ocurre que ambos bancos han comprado centenares y hasta miles de millones de dólares que vienen con cotización en baja, de modo que ahora tienen menos pesos que los que usaron para comprarlos. Esta emisión de pesos para comprar dólares, cuyo precio cae, es un subsidio a los exportadores que el Gobierno se niega a cuantificar.


 


La otra gran estafa que enmascara la ‘pelea’ con Brasil es la compra de empresas por parte de capitalistas brasileños; es el caso de la adquisición de Loma Negra por la ‘emprenteira’ Camargo Corrêa. Este grupo ha sido socio de Macri y rival de Techint en la licitación de la construcción de gasoductos, en la que Techint participó sin el menor problema con la brasileña Oeberdrecht y con financiación del BNDS brasileño. Página/12 insinúa que Kirchner va a obstaculizar la adquisición de Loma Negra mediante el procedimiento de reclamar impuestos evadidos. Se la querrá entregar a algún grupo ‘nacional’ (si vinculado a De Vido, mejor), como ocurrió con una parte de Telecom o del Banco Hipotecario o, ahora, para comprar Metrogas. En definitiva, la competencia brasileña sirve como pretexto para que el Estado financie con dinero público a la patronal interna.


 


La estafa que se viene, aunque no está claro si será la más ‘grossa’, está vinculada a las exportaciones a Estados Unidos, a partir de la decisión de Kirchner de confiar el control de la Aduana argentina al gobierno de Bush. Los contenedores serán inspeccionados de ahora en más por funcionarios norteamericanos, como consecuencia de un convenio que firmaron Lavagna y la Afip, por el lado argentino. El Estado argentino “asumirá los costos” de las modificaciones al sistema (El Cronista, 10/5). El pulpo Techint viene desde hace tiempo impulsando el acercamiento de Argentina al Alca, precisamente para entrar más al mercado norteamericano. El más hostil al Mercosur, Techint, es una pieza de Estados Unidos para promover la rivalidad con Brasil.


 


Lo que los trabajadores deben concluir de todo esto es lo siguiente: nosotros pagamos toda la factura y la propina que acompaña a la factura.


 

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