Políticas

22/8/2002|768

Perón y la masacre

Perón, en esa época exiliado en España, guardó un riguroso silencio frente a la masacre de Trelew, no denunció sus objetivos políticos ni llamó a la movilización en repudio del crimen ni contra el desbarranque fascista de la dictadura.


Se limitó a enviar una nota “necrológica” a una revista porteña, donde indicaba que lo hacía por expreso pedido de Galimberti, en aquel entonces jefe de la Juventud Peronista. La “necrológica” de Perón hablaba del “fatalismo biológico” que impulsa a las juventudes a “realizar sus ideales”, los identificaba con los planteos del Papa contra “la sociedad de consumo”, y hasta endilgaba a los represores “no comprender que los jóvenes que luchan pertenecen a las clases medias y pudientes, con una alta preparación intelectual”. Es decir que la rebelión obrera y juvenil contra la dictadura se trataba, para Perón, de un exceso “hormonal” de la juventud adinerada.


La conducta de Perón frente a la masacre orientó a la dirección peronista, que dejó pasar sin resistencia el allanamiento de la sede del PJ donde se realizaba el velatorio de tres de los militantes asesinados (por el temor del gobierno a que se convirtiera en un enorme acto popular de repudio a la masacre y a la dictadura) y la intervención de la CGT cordobesa. En este último caso, la dirección peronista actuaba en “defensa propia” porque la dirección de la Regional Córdoba, bajo la presión de los sectores clasistas, no había aceptado la “tregua” dictada por Perón y ejecutada por la burocracia sindical encabezada por Rucci.


En marzo de 1973, antes de cumplirse un año de la masacre, el peronismo llegó al gobierno con Cámpora; en septiembre, el propio Perón fue elegido presidente. Ni bajo el gobierno de la “izquierda peronista” con Cámpora, ni luego con Perón, hubo el menor intento oficial por esclarecer las responsabilidades materiales y políticas de la masacre y de enjuiciar y castigar a los responsables. Una ley no escrita de “olvido” garantizó la impunidad de los asesinos bajo el gobierno peronista.


En junio de 1974, tienen lugar los primeros asesinatos de la “Triple A”, la masacre de Pacheco. Con ellos, el gobierno peronista y la burocracia sindical derechista tomaron como propios los métodos de los masacradores de Trelew para dirigirlos contra la masa del activismo obrero y juvenil.