16/01/1997 | 526

Pongamos en marcha la unidad de la izquierda

Cuando los partidos tradicionales parecían embalados con todo en la carrera electoral para el 97, el globo se pinchó.


Naufragó el romance entre el Frepaso y la UCR. La posibilidad de establecer desde ahora el frente que desplazaría al peronismo del gobierno en el 99, tuvo un período de vida muy corto. De un lado, fue derribado por las ambiciones personales, que en la política oficial pesan inversamente el doble de su gravitación. Pero también lo pincharon las contradicciones políticas, con el «Chacho» Alvarez y la Fernández Meijide proponiendo una alianza que incluya al propio Cavallo, y del otro a Alfonsín intentando convertirse de nuevo en el mandatario de los ‘capitanes de la industria’.


Ahora son los radicales los que quieren un frente con el MTA y el CTA, según lo proclama el intendente de San Isidro, Melchor Posse, quien incluye también a los curas progresistas. Este mismo hombre apoya a los Menems del radicalismo en las provincias que gobierna: Maestro, Verani, Mestre, Rozas.


El Frepaso, por si alguien no lo sabe, está armando una alianza con los seguidores del ex general de la dictadura, Roberto Ulloa, en Salta, y con los partidarios del ex gobernador Sobisch, en Neuquén.


Al oficialismo no le va mejor. Duhalde no sabe si tiene que pelearse con Menem para mejorar sus intenciones de voto, o llegar a un acuerdo para que el riojano no intente desbancarlo en el 99. Ortega amenaza con ir por fuera del PJ. Cavallo se ganó otra pelea más, esta vez con Béliz, que no quiere verlo como candidato por la Capital, ni siquiera bajo las polleras de la cavallista y agente de Telefónica Argentina, Patricia Bullrich.


El verano está mostrando sin maquillajes la completa falta de principios de la política capitalista y sus desbordantes ambiciones y corruptelas.


La izquierda y los trabajadores combativos no sólo deben oponer a estos delincuentes capitalistas un programa de soluciones políticas populares y socialistas. También deben oponerles otro método político, el que es propio de los revolucionarios: la unidad contra el enemigo de clase, los principios, la movilización sobre la base de un programa.


Contra la corruptela y la degeneración políticas de los partidos patronales, la unidad basada en los principios y en el programa. De lo contrario, ‘ganarán’ los corruptos.


Las elecciones previstas para fin de año exigen esta unidad, porque esas elecciones son el medio del que quieren valerse los capitalistas para cambiarle la cara al Estado y engañar otra vez a los trabajadores. Son el medio político principal con el que quieren que el pueblo abandone la lucha y se resigne a lo que salga de las urnas.


Darles la batalla en la campaña electoral por medio de un frente de la izquierda y de los trabajadores combativos, significará desenmascarar estos podridos designios y acentuar de este modo la conciencia de lucha de nuestras masas. Los activistas que están fuertemente comprometidos con las luchas actuales de los trabajadores, saben bien los estragos que les causa a esas luchas el éxito que consiguen los explotadores a través de la manipulación electoral. Para quebrar esta manipulación hay que enfrentar a los explotadores en el terreno establecido y desenmascararlos a través de la propaganda y de una acción política efectiva.


Sólo los que no tienen la responsabilidad de organizar las luchas de los trabajadores y de llevarlas a la victoria, son capaces de ceder ese terreno electoral a los políticos profesionales de las patronales.


Para concretar ese frente de la izquierda y de los obreros combativos, llamamos a organizar elecciones internas que permitan designar listas comunes en todas las provincias y municipios, entendiéndolas como una instancia de movilización popular.


El Partido Obrero ha lanzado una campaña de actos públicos para impulsar esas internas, a los que invita a participar como organizadores y oradores a todos los partidos de izquierda y a todos los activistas sin excepción.


El Partido Obrero plantea a todas las organizaciones y militantes realizar en marzo una gran Conferencia Nacional, seguida de conferencias en todas las provincias y municipios, para elaborar un programa frentista y concretar la organización de las elecciones internas.


El Partido Obrero integra este planteo electoral dentro de su estrategia política de desplazar al gobierno menemista en favor de un gobierno organizado por un congreso de bases de los trabajadores. Las tribunas que levanta el Partido Obrero agitarán con vigor la necesidad de impulsar una huelga general indefinida, para acabar con los decretos, los proyectos de leyes y las leyes de flexibilización laboral, de hambreamiento del pueblo y de entrega de la soberanía nacional.