20/06/1995 | 452

Por la unidad de los obreros del cono sur

La crisis entre Argentina y Brasil tiene una raíz muy simple: los grandes pulpos automotrices exigen una feroz liquidación del capital sobrante en este “mercado” y la posibilidad de una explotación infinitamente mayor de los trabajadores de ambos países.


El decreto de Cardoso va dirigido a concentrar la industria terminal y autopartista en pocas manos, para lo cual ha reducido al 2% el arancel de importación para las terminales. En segundo lugar, se propone subsidiar la “racionalización” capitalista de la industria, con la incorporación de maquinaria que reduzca la necesidad de trabajadores y aumente su rendimiento, para lo cual establece un mecanismo que le permite reducir el pago de impuestos en concepto de amortización del capital. No es para nada casual que el gobierno brasileño haya tomado estas medidas poco después de haber establecido la desindexación de los salarios, es decir que sólo podrán ser aumentados por razones de “productividad”.


Este feroz ataque a los explotados brasileños constituye al mismo tiempo un enorme factor de presión contra los obreros argentinos, ya que los alcances de las medidas brasileñas van a ser usados como razones para aumentar la explotación en la Argentina, ¡aunque los pulpos que operan en uno y otro lado de la frontera son los mismos!


No tenemos, entonces, fundamentalmente, un enfrentamiento Brasil-Argentina, y que esto es así lo demuestran las seguridades que está dando Cavallo de que se llegará a un acuerdo. Lo que tenemos es un enfrentamiento de los pulpos de aquí y de allá, de un lado, contra la clase obrera de Argentina y Brasil, del otro.


Es por esto que tenemos que forjar una unidad internacional. ¿Con qué programa? Muy sencillo. Que nos paguen el mismo salario mínimo, igual al costo de la canasta familiar. Que la patronal financie las jubilaciones, aportando a una Caja del Estado, bajo control de los obreros y los jubilados. Que se reduzca la jornada a seis horas, para crear un cuarto turno laboral, que dé trabajo a los desocupados. Que se eliminen los impuestos al consumo y se establezca un impuesto progresivo, a partir del 70%, sobre las ganancias. Que se formule un plan económico bajo la dirección de la clase obrera.


O superbeneficios para las Generals Motors, Fords o Fiats y VWs, falsamente argentino-brasileñas y realmente imperialistas, o la vida de los obreros de Argentina y Brasil, y de toda América Latina.

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