Políticas

22/11/2007|1018

Por las seis horas de trabajo en el transporte público

La crisis del tránsito en la ciudad tiene más de una explicación; antes que nada un brutal régimen laboral. Al igual que en el caso de los camioneros, es cada vez menor la cantidad de propietarios de taxi. La inmensa mayoría de los taxis de Buenos Aires tienen peones. Las llamadas prestatarias son grandes empresas que alquilan los taxis con un sistema perverso: el trabajador tiene que trabajar entre 12 y 14 horas para pagar el alquiler. El alquiler es fijo; según el día, puede ser el 50, el 60 o el 80 por ciento de la recaudación. Miles de trabajadores de taxi trabajan “para otros” entre siete y ocho horas. La necesidad de recaudar es casi de supervivencia. No existe legislación alguna sobre estas prestatarias que se han transformado en verdaderos usureros de los trabajadores.


Por otro lado, las compañías de radio-taxi impulsan una carrera de locos, pues el taxista tiene que competir por el pasajero que acude a estas compañías. El chofer maneja con el micrófono en la mano para llegar primero al cliente. Las prestatarias y los radiotaxis constituyen una verdadera mafia.


También el chofer de colectivo está sometido a una brutal presión: los tiempos impuestos por las empresas hasta cada destino. Las patronales del transporte aumentan cada día el número de sus inspectores de tránsito, que “marcan”, amonestan y hasta llevan al despido a quienes no cumplan con los tiempos impuestos por las empresas. Tampoco hay legislación alguna sobre estos tiempos.


El chofer de colectivo levanta y baja miles de pasajeros en un transporte de trece metros de largo. Un parte muy importante de ellos también trabaja entre 10 y 12 horas sin que las empresas paguen ni siquiera las horas extras reglamentarias, pues se ha instituido un sistema de cobro “por vuelta” y también por recaudación, que transforma al chofer, al igual que a los taxistas, en un “caza-pasajeros”. Las patronales, bajo la mirada cómplice de la burocracia sindical, han destruido los convenios laborales. Hoy ni siquiera se cumplen los descansos reglamentarios entre vueltas y nadie controla realmente el estado de mantenimiento de los vehículos.


Macri defiende la penalización por puntajes con el argumento de que está implantada en Europa. Pero no dice que allá los choferes trabajan seis horas, que existe un legislación estricta sobre el trabajo en taxis y que todos los vehículos tienen un tope de horas trabajadas anuales rigurosamente controladas. Tampoco habla de los sueldos que cobran y que está abolido el trabajo a destajo en el transporte público.


Hay que cambiar la legislación laboral en el transporte, empezando por el establecimiento de la jornada de seis horas sin modificar los salarios.