23/03/2000 | 659

Por qué Córdoba pide un paro nacional

Todos los días recibimos noticias que hablan de las decenas de miles de millones de dólares que gastan los grandes pulpos capitalistas internacionales para comprar las empresas de sus rivales.


La mayor parte de las veces ese gasto tiene lugar no para acrecentar el patrimonio productivo del comprador sino para destruirlo, sacarlo del mercado porque es excedente y despedir a decenas de miles de obreros.


En la Argentina, esos pulpos multibillonarios no gastan sino que reciben. De la Rúa y el cordobés De la Sota acaban de otorgarle al pulpo Volkswagen concesiones impresionantes. No sólo VW no pagará impuestos ni aportes previsionales; el Estado costeará las obras de infraestructura, pagará los salarios de los trabajadores, permitirá la importación de bienes de capital con arancel cero, dará reembolsos a las exportaciones y autorizará la importación de autopartes en forma temporaria, para exportar.


El mismo acuerdo habían firmado Menem y Angeloz con la Fiat hace cuatro años.


Esto permitirá crear dos mil puestos de trabajo, incluidos los «indirectos», dice VW. Mentiras.


Mentiras, porque aunque cree trabajo no crea salario ni aporta capital. Mentiras, porque cuando VW exporte sus productos estará sacando del país, al mismo tiempo, los salarios que pagó el Estado, la amortización de la infraestructura que pagó el Estado, las jubilaciones que pagará el Estado y los reembolsos que le dará el Estado a VW para que exporte. Mentiras, porque todo este retiro de dinero estatal hacia el exterior impide la reactivación económica e imposibilita, por eso, crear «trabajo indirecto».


Bastaría que toda esa plata fuese dada simplemente en donación para pagar muchísimo más que dos mil salarios, los cuales quedarían además en el país y servirían para reactivar la economía nacional.


Es este mecanismo de saqueo el que explica que se hayan ido de Argentina casi 80 centavos de cada dólar recibido de afuera. Los llamados inversores se llevan sus beneficios, más los impuestos que no pagan, los reembolsos que reciben, y hasta los salarios y la infraestructura que les financia el Estado.


Ruckauf, por su lado, propone pagar un sobreprecio del 10% a las empresas que él llama ‘nacionales’.


Para pagar esta canallada, no para disminuir el déficit fiscal, De la Rúa nos metió el impuestazo. Tambien para darle 300 millones de dólares a la patria constructora, alegando una supuesta reducción de los peajes. O para devolverle a los exportadores agropecuarios, los que más ganan, una supuesta deuda oficial de 400 millones de dólares, que se paga en dinero, no en bonos a 30 años como a los jubilados. Solamente estos dos grupos capitalistas se han llevado nada menos que el 20% del impuestazo.


Pero, mientras tanto, Fiat suspendió a 1.500 trabajadores por un mes, con acuerdo de la burocracia del Smata.


Mientras tanto, las empresas de autopartes se retiran de Argentina. Es que el Banco Mundial lo dijo con todas las letras: la sobreproducción automotriz en América Latina exige el cierre de plantas y que Argentina abandone la fabricación de autos.


De la Sota y De la Rúa no están subsidiando, entonces, el trabajo argentino sino que están financiando la liquidación de la industria automotriz y el retiro de sus capitales. La burocracia del Smata no está defendiendo el puesto de trabajo sino permitiendo el desangre de los trabajadores y preparando la cesantía definitiva y permanente.


Pero hay una salida. Prohibir los despidos y las suspensiones. Prohibir que las empresas se vayan. Reconvertir la producción de automóviles individuales a tractores, camiones, maquinaria agrícola e industrial, en función de un plan al servicio y bajo el control de los trabajadores.


Para esto hace falta un verdadero plan de lucha, que movilice al país bajo la dirección de la clase obrera, en pos de una solución radicalmente nacional a la crisis, entendida como un llamado a todas las organizaciones obreras y campesinas de América Latina en pos de una salida común.


Todo esto explica por qué Moyano fue acosado con el grito de «paro nacional» en el acto que tuvo lugar el lunes 20 en Córdoba como parte de la lucha de municipales, lucifuercistas, trabajadores de los hospitales y bancarios contra la ley privatizadora de De la Sota.


El problema no es el Mercosur, ni el tipo de cambio, sino la crisis capitalista.

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