23/12/1999 | 651

Por que De la Rua debuta matando obreros

No existe nada más peligroso, es decir inestable, que un pequeño burgués asustado. Alfonsín lo demostró cuando declaró el estado de sitio por decreto varias veces, bajo la presión del pánico. A fines de enero del ‘89, ordenó la masacre de La Tablada, simplemente aterrorizado de que los carapintadas pudieran valerse del asalto al cuartel por parte del Mtp, para volverlo a humillar con otro levantamiento y con otra capitulación. Lo que ha llevado a De la Rúa a perpetrar ahora su propia masacre es el temor de que los ‘mercados’ pudieran interpretar cualquier tolerancia con la ocupación del puente Resistencia-Corrientes como una señal de debilidad. Y no hay nada que afloje más las rodillas de un pequeño burgués que ‘el-qué-dirán’ de los ‘mercados’, es decir de los pulpos financieros. Llegado a este punto, el pequeño burgués argentino no duda en reflotar la consigna histórica de la oligarquía: no hay que ahorrar sangre de gauchos. Espantado por el temor de que los grandes capitales le retiren la confianza, la conciencia del pequeño burgués se sosega con la masacre; al entierro de los cinco trabajadores asesinados no concurrió ninguno de los funcionarios del gobierno progresista, ni tampoco se les ha ocurrido a los varios centenares de diputados y senadores que fuese necesario designar una comisión investigadora para determinar los responsables de estos crímenes.


El gobierno aliancista en ningún momento dejó entrever que tuviera pensado intervenir Corrientes; de modo que Storani miente alevosamente cuando dice que los ocupantes del puente no le daban ni 72 horas para llevar el dinero para los salarios. Es, precisamente, porque no quería poner un peso, que estuvo a la expectativa de que la crisis correntina se resolviera en la provincia, o sea con un disimulado retorno del Tato Romero Feris luego de las elecciones que debían tener lugar en marzo próximo. El gobierno aliancista tenía previsto encarar las crisis provinciales reformando el sistema de coparticipación federal para aumentar la carga impositiva sobre las provincias, tal como lo ha estado exigiendo el FMI. Es lo que la Alianza pretendía hacer con Corrientes antes de la crisis última y lo que ahora pretenderá hacer Mestre, lo que supone también despidos en gran escala. En una provincia donde el latifundio es una barrera absoluta al desarrollo social, los pequeños burgueses de la Alianza buscan la solución en la mayor miseria popular.


Es falso que el pueblo correntino hubiera ocupado el puente simplemente para ‘aprovechar’ la falta de consolidación del nuevo gobierno o para ‘correrlo de apuro’ ante su reciente inauguración. De la Rúa tomó posesión del cargo bien ‘consolidado’ entre los capitalistas, como lo demuestra el copamiento de su gabinete por los grandes pulpos económicos. Con su paquete de impuestazos y ataques a los derechos laborales, tampoco dejó la menor ilusión de ‘debilidad’ por las aspiraciones populares. No fue entonces el pueblo de Corrientes el que le declaró la guerra al gobierno de la Alianza sino éste el que lo hizo, no solamente contra los correntinos sino contra todos los trabajadores.


En su mutación de opositor-al-menemismo-corrupto a su nueva función de ‘historiador oficial’, Storani hace otros trastrueques, al olvidar que los políticos correntinos del mismo palo que el suyo volvían a desatar una enésima crisis de gobierno que ponía en evidencia que los trabajadores de la provincia no acabarían de cobrar nunca los salarios adeudados de cinco meses y aún más. Entre la guerra declarada del gobierno nacional y la anarquía de sus vástagos provinciales, los trabajadores de Corrientes no tenían otra que ocupar el puente, no tenían otra que la acción directa, no tenían otra que desencadenar una lucha final. Que el bien alimentado Storani vea en todo esto el ‘apresuramiento’ o la ‘exageración’ está en el orden mismo de las cosas.


Cuando al final el gobierno tuvo que pedir la intervención que no había querido, porque no quería poner plata para los trabajadores, su objetivo era despejar el puente y después discutir la cancelación de la deuda salarial. Mathov y Storani lo dijeron repetidas veces: el interventor no puede ir condicionado por la ocupación del puente. Este criterio moral, ya que el argumento no tiene jerarquía política ni, menos, constitucional, lo esgrimían quienes admiten como completamente natural que el imperialismo condicione a la Argentina con una deuda externa fraudulenta, con el chantaje del boicot económico, con la ocupación indefinida de su territorio malvinense y con exigencias para participar en las guerras que los imperialistas desencadenan en los Balcanes, el Golfo Pérsico o Africa. Para el progresista Storani, ex reformista universitario y otras macanas del mismo estilo, sus humildes compatriotas de Corrientes no merecen que un interventor pueda asumir con ellos movilizados y peleando por lo que es suyo.


En estas condiciones, el envío de la Gendarmería fue ‘el mal menor’ y lo mismo vale para la matanza. Porque el juez interviniente dejó repetidas veces en claro que él no ordenó la represíón. Es decir que la orden de disparar partió de Storani, quien sabía muy bien, además, que el comandante del operativo era un antiguo represor de la dictadura militar. Con casi ocho millones de votos encima, los pequeño burgueses asustados de la Alianza no quisieron entrar en Corrientes con su supuesta autoridad moral sino a punta de bayonetas. Para que los ‘mercados’ puedan apreciar mejor que se encuentran frente a un gobierno ‘decidido’.


La insolencia de Storani es la de una persona que tiene las espaldas cubiertas. Amenazó mil veces con investigar al menemismo, pero se siente seguro de que él, Storani, no será investigado por la masacre. Es porque lo protegen desde los tres poderes de este Estado opresor que Storani se atreve a decir la enorme estupidez de que había francotiradores que disparaban con… armas cortas. Repite la misma sanata de todos los que lo antecedieron en el cargo y de Corach en primer lugar. Es el lenguaje no ya del susto sino de la cobardía. Los políticos pequeño burgueses que jamás van al frente, salvo en un Te Deum, sólo son capaces de actuar en una crisis parapetados.


¿Cómo se puede decir, ante tanta perfidia política, que el gobierno de De la Rúa fue desbordado, que habría actuado una mano negra, que hubo impericia, que hay interesados en que la Alianza se derrumbe? Pero ésta ha sido la posición de la CTA, que muy cristianamente lanzó un paro general, pero no contra el gobierno, ni tampoco contra nadie , sino ‘por la vida’. Cuando la próxima vez se interese por la vida, le recomendamos a De Gennaro y cohorte que los paros generales los lancen antes de las muertes, cuando los trabajadores en lucha lo reclaman y necesitan, no solamente para el toque de difuntos. En este momento aún se encuentran en lucha miles de obreros del norte salteño y todavía no ha habido víctimas, pero los secuaces de De Gennaro en Tartagal y Mosconi están empeñados en bombear la lucha, es decir en favorecer la posibilidad de nuevos muertos y nuevos repiques campaneros.


La crisis correntina ha puesto al desnudo la situación real del país y, por sobre todo, de sus protagonistas. El gobierno aliancista es algo peor que un gobierno sin política o con una política anti-popular; es un gobierno servil. Está objetivamente condicionado por los grandes capitales, pero lo que es peor es que está subjetivamente obnubilado por estos capitales y sus respectivos Estados. El progresismo pequeño burgués ha caducado por completo como fuerza reformista o como afirmación de la independencia nacional; para cumplir con sus mandantes capitalistas no ahorrará sangre del pueblo. Los burócratas sindicales o los izquierdistas que son incapaces de ver el carácter de clase del progresismo centroizquierdista, están condenados a ser cómplices de los verdugos.


El destino de las causas populares depende por completo de la asimilación que los explotados, de un lado, y los luchadores que emergen de ellos, del otro, hagan de estas experiencias. Luchamos para que esa asimilación conduzca a los trabajadores a organizarse y luchar por un gobierno de trabajadores y a construir un fuerte partido de clase, que es la única forma en que podremos tener una dirección política de alcance nacional.


El Partido Obrero reclama que se forme una comisión investigadora, compuesta por las organizaciones de derechos humanos independientes del gobierno, para esclarecer los asesinatos de los compañeros correntinos y el juicio y castigo a sus culpables.


Llamamos a levantar esta reivindicación, en todo el país, en la Marcha de la Resistencia del 30-31 de diciembre próximo, que organiza Madres de Plaza de Mayo.


 


 


Programa


1. Elijamos delegados en todos los movimientos autoconvocados y en todos los lugares de trabajo para un Congreso Provincial de Trabajadores que dirija en forma unificada al pueblo explotado de la provincia.


2. Investigación de los crímenes y de los delitos económicos en la provincia y juicio y castigo a todos los culpables.


3. Apertura de las cuentas de las empresas y del Estado para ejercer una fiscalización por parte de los trabajadores.


4. Un impuesto extraordinario a las grandes fortunas; confiscación de los latifundios y distribución de la tierra entre los trabajadores sin empleo.


5. Por un plan de obras públicas bajo control obrero. Reparto de las horas de trabajo.


6. Salarios y jubilaciones al día. Por una remuneración igual al costo de la canasta familiar.

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