16/06/2021 | 1624

Por un ascenso revolucionario de la izquierda

Fede Imas Ojo Obrero Foto

El agravamiento de la crisis social y la desilusión de amplios sectores de la población trabajadora con el gobierno de Alberto Fernández y de Cristina Fernández de Kirchner han puesto en el orden del día la posibilidad de un ascenso electoral de la izquierda en las próximas elecciones. A estos factores, claro, debe agregarse el fracaso rotundo de la experiencia macrista, que está demasiado fresca en la memoria popular. En términos de tiempo relativamente breves, la población pudo hacer una experiencia acelerada con las coaliciones políticas capitalistas que han gobernado Argentina, llevándola al empantanamiento actual. Estas coaliciones han querido y en buena medida logrado polarizar a la población entre sus listas, pero hay síntomas inconfundibles en el pueblo de un hartazgo. La famosa “grieta”, útil durante toda una fase, podría ahora jugarle en contra a la clase capitalista, porque al momento ha impedido que surjan terceras vías, sean de centroizquierda o centroderecha, o incluso del peronismo, con algún grado de relevancia. Los “libertarios”, que prometían ocupar ese lugar, se han desinflado antes de empezar. El arribismo los mató: están todos desesperados por ocupar una banca y vivir del Estado.

Con las particularidades del caso, estas condiciones políticas plantean si en Argentina vamos a recorrer el mismo camino que vemos en América Latina, donde resalta en términos electorales los sucesos de Perú y Chile. Un especialista consultado por el diario La Nación, Andrés Servín, lo pone en cuestión porque señala que la izquierda argentina “ha quedado en posiciones marxistas muy extremas, que le quitan poder de atracción a los votantes desencantados”. Depende para quién sea, la crítica puede convertirse en un elogio. Servín pasa por alto que la izquierda que abandonó esas posiciones políticas en América Latina concluyó gobernando para el capital con todo lo que eso supone, incluso en términos de corruptelas y descomposición. El triunfo de varios partidos de derecha partió de la desilusión con esta izquierda.

 

Dicho esto, la afirmación de Andrés Servín no puede ser descartada por falsa. Al revés, genera un desafío para la izquierda argentina: cómo desarrollarse y crecer sin abandonar sus posiciones de clase y programa, que tuvieron como expresión fundamental al Frente de Izquierda durante la última década, que se estructuró en oposición a todos los bloques capitalistas sin excepción. Este asunto, por demás estratégico, fue debatido ampliamente por el Partido Obrero a la luz de la experiencia del propio FIT, de sus ascensos y retrocesos. La conclusión fundamental es que la salida a esta situación radica en impulsar una estructuración política y social de los propios trabajadores para que sea la base sólida de un ascenso de la izquierda en todos los planos, incluso el electoral. La principal tarea de la izquierda es ser protagonista de esa estructuración política de los trabajadores sobre una base socialista. Sin esa estructuración, cualquier ascenso está condenado a ser efímero, como le sucedió de hecho al FIT en varias provincias y como le puede volver a suceder incluso si tuviese resultados favorables por explotar correctamente ciertas coyunturas o crisis. En una sociedad divida en clases, las fuerzas políticas no operan en el vacío. En ausencia de una estructuración política independiente de los trabajadores, la izquierda que apuesta al electoralismo se transforma en representante de intereses de la burguesía o de las clases medias.

La lucha por la estructuración de una vanguardia socialista de masas se desarrolla de modo cotidiano. El papel que ha ganado el movimiento piquetero que impulsamos desde el Partido Obrero y el Polo Obrero, y la propagación de su influencia en las barriadas más explotadas y sobre otros sectores sociales, como la mujer, la juventud y sectores obreros de los más explotados, son realidades políticas nuevas que plantean la posibilidad de un gran desarrollo revolucionario. En un reciente artículo, Jorge Asís advertía sobre este peligro y señalaba que si esas masas que se movilizan con la izquierda revolucionaria son conquistadas integralmente a su programa, Argentina ingresaría a una situación prerrevolucionaria. Lo mismo vale para las organizaciones obreras recuperadas de marcado papel en el concierto del movimiento obrero dominado por la cooptación de la burocracia sindical, algo que se destaca en la oleada de luchas que atraviesa a los trabajadores en este período. O el destaque de la izquierda y sus luchadoras en el movimiento del aborto legal y en el conjunto de la lucha de la mujer.

Este planteamiento de fondo, que incluye un balance de la experiencia del propio FIT y los problemas políticos que tenemos por delante, son el fundamento de la propuesta que venimos formulando a todos los partidos del FIT-U para realizar un congreso común, para involucrar a la vanguardia obrera y popular en la lucha política directa. Esta propuesta involucra a la propia campaña electoral, porque el método de la misma no puede reducirse a las reglas clásicas de las campañas de los partidos del sistema, sino que debe tener como propósito involucrar en la lucha electoral a miles y miles de luchadoras y luchadores del país que se referencian en el FIT o que aún, sin que todavía tengan esa definición, los podemos interesar como resultado de la iniciativa. De más está decir que una acción de este tipo solo puede ser llevada adelante con el método del frente único de clase. Una movilización vigorosa y unitaria de la izquierda es un factor de atracción y moralización para miles y miles de compañeras y compañeros, porque opone un polo de clase definido a los partidos defensores del orden capitalista.

 

 

A la luz de lo expuesto, se entiende por qué rechazamos los planteos formulados por varios partidos y grupos para ir a unas Paso de la izquierda. Unas Paso colocan el eje en una pelea internista dentro de la izquierda en vez de desarrollar una lucha unificada contra los Macri, Bullrich, Fernández y Kicillof. Bloquea la participación del activismo obrero, piquetero, de la mujer y de la juventud en la lucha electoral, porque para poder hacerlo antes debe elegir entre listas de izquierda que disputan entre sí y sobre las cuales no tiene clara las diferencias. La lucha por los intereses de los trabajadores queda de lado para luchar por las aspiraciones y apetitos de cada grupo en el armado de listas y los posibles accesos a los cargos que eventualmente se consigan. Es más, aspectos superficiales o secundarios, propios del envoltorio político del régimen burgués pueden primar por sobre los programas que encarnan los candidatos y aún por sobre el rol de cada uno de ellos en la lucha de clases. Su promoción por determinados medios, etc. Una deformación que las Paso llevan al extremo como método de designación de candidatos de las fuerzas políticas en general, pero en particular de aquellas que nos reclamamos de la clase obrera. Esta es una posición histórica del Partido Obrero en el cuestionamiento de esta ley, más profunda y fundacional porque implica una estatización de la vida de los partidos políticos, que incluye pero no se reduce a los pisos proscriptivos de los que también somos críticos.

No es casual, claro, que quien ha salido con los tapones de punta contra la propuesta de realizar un Congreso del FIT-U y oponiéndole unas Paso de la izquierda sea el grupo de Altamira. Este, ya antes de su ruptura con el PO, había virado a una posición liquidacionista del Frente de Izquierda. Pero ahora va más a fondo, porque plantea unas Paso que “tendrían que limitarse al derecho de cada partido a defender su programa en un debate”. Así en vez de un frente único de clase, que tenga por propósito movilizar a los trabajadores, postulan un frente circunstancial que se “limite” a debatir las diferencias en la izquierda. La invocación al derecho a defender su programa carece de todo sentido, porque ese derecho se ejerce sin permiso. Es lo que hacemos todo el tiempo los que construimos el Partido Obrero. Pero invocar la delimitación para justificar el rechazo al frente único es propio de una secta.

Dentro del FIT-U han surgido posiciones a favor de unas Paso, aunque de diferente tipo. El MST lo ha planteado incluso involucrando a “personalidades” cuya procedencia política resulta como mínimo un enigma. La reserva corresponde porque en el pasado el MST ha integrado frentes de centroizquierda y hasta donde sabemos sigue reivindicando esa posición. En el caso del PTS,ha planteado correctamente que la izquierda clasista y socialista participe unida en las elecciones, pero contradictoriamente plantean que las Paso pueden ser un instrumento para ello, cuando conducen a la división y al internismo. Es una posición contradictoria con el método del frente único con el que hemos movilizado contra el nuevo ataque del Estado sionista de Israel al pueblo palestino o por la intervención del laboratorio de Sigman para vacunar masivamente a la población, por mencionar algunas de las acciones conjuntas de lucha más reciente.

Llamamos a todos los partidos del FIT-U y a todos los agrupamientos que defienden un programa de independencia de clase a dar pasos concretos en la realización de un gran Congreso del FIT-U abierto a miles de luchadores y luchadoras. Una iniciativa de este tipo será un gran impulso a una lista única en las elecciones y, lo que es aún más importante, a la estructuración de una vanguardia obrera de masas bajo principios socialistas.

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