01/09/2011 | 1192

Por un partido de trabajadores

Los militantes revolucionarios estamos viviendo momentos apasionantes, pero por sobre todo grandes desafíos políticos. Obtuvimos un 60 por ciento de votos por encima de lo requerido por la ley para participar de la campaña electoral y un 30 por ciento más de los 400 mil que reclamábamos desde el Frente de Izquierda. Luego de las elecciones, la tendencia ascendente de nuestro frente no habría retrocedido: al menos, según algunas encuestas, habríamos cruzado el 3 por ciento en la categoría Presidente -lo que presume entre 600 y 700 mil votos. Es imposible no admitir que este desarrollo implica una plataforma sin precedentes para la izquierda revolucionaria (en el pasado, el frentismo de izquierda no era revolucionario), porque le otorga una mayor capacidad para llegar a los trabajadores por medio de la agitación política e interesar, a partir de esta circunstancia, a círculos más amplios de activistas y jóvenes. Es natural que los luchadores sientan una atracción hacia fuerzas combativas que aprovechan la experiencia que han acumulado para abrir nuevos caminos en la jungla de las proscripciones y maniobras políticas de la burguesía (más aún cuando éstas se disimulan con ropajes nacionales y populares) y para dejar atrás los lugares marginales en la lucha política.

Voto a la izquierda 

Una fracción numerosa de los medios de comunicación caracteriza al voto al Frente de Izquierda como despojado de izquierdismo, no hablemos de que sea socialista. El Frente de Izquierda habría recogido un voto ideológicamente neutral, como si fuera posible un esperpento semejante. De golpe, los partidos de la ‘ultra’ seríamos percibidos por una parte del electorado como un recipiente sin contenido que fue utilizado de canal para un propósito inexistente. Estos dislates reflejan el estupor psicológico de algunos sectores por el avance de la izquierda revolucionaria y un estupor político aún mayor por la incomprensión de los cambios subterráneos que se están produciendo en los trabajadores como consecuencia de las miserias que la bancarrota capitalista ha acentuado. El grueso del voto por nuestro Frente fue aportado por la juventud -en primer lugar, la trabajadora y la precarizada -como ocurre en todo el mundo. Nuestro voto refleja también la quiebra de un sector del centroizquierda (principalmente Solanas o Zamora, pero también el ala ‘michelista’ de la CTA, la que ha debido pedir refugio al ‘socialista’ Binner, al radicalismo de Stolbizer o al ex menemista Luis Juez). Este desplazamiento de votos del centroizquierdismo hacia la llamada ‘extrema izquierda’ priva de cualquier argumento a los que se refieren a un voto ‘no comprometido’ por el Frente de Izquierda. El voto democrático, para que la izquierda tenga el derecho de defender sus posiciones en la lucha electoral, es un voto de izquierda para forzar al régimen democrático a confrontar políticamente con ella. Definitivamente, el Frente de Izquierda fue en las primarias el canal de una corriente de las masas (en especial la nueva generación), cuya consolidación depende, en primer lugar, del resultado de los nuevos desafíos políticos que enfrentamos en lo inmediato. Que debamos consolidar este voto no significa que se encuentre simplemente al garete.

Nuevo escenario y pugnas nuevas 

En principio, podría decirse que el escenario que ha dejado en pie las primarias es favorable para nuestro Frente. En lugar de la polarización tradicional entre dos alternativas de la burguesía, tenemos, por un lado, un polo bonapartista y, por el otro, una dispersión acentuada de la oposición. Otra peculiaridad es que los que disputan el liderazgo de la oposición ‘corren desde atrás’ -Binner y Rodríguez Saá. La victoria holgada del oficialismo podría ‘descremar’ hacia la izquierda el voto de los que temían «el (llamado) avance de la derecha»; por eso es prioritario desplegar un esfuerzo sostenido hacia el electorado obrero del kirchnerismo, en especial en las grandes fábricas, y hacia la juventud que votó al gobierno con motivos similares. La dispersión de la oposición, por otro lado, mejora nuestra posibilidad de que nuestras posiciones sean escuchadas por el electorado popular de este campo.  En las primeras semanas de la campaña, pareciera que Binner hubiera sido designado como el candidato de relevo de la burguesía que fogonea a la oposición -y, en menor medida, Rodríguez Saá. Binner es un candidato del conjunto de la burguesía agrosojera-industrial-exportadora, que al mismo tiempo complace al capital amigo del oficialismo, como ocurre con el Casino de Rosario o el remate de Paraná Metal. La línea de impulsar un ‘ajuste’ ante el agotamiento del ‘modelo’ K lo ha llevado a ‘conversar’ con Hugo Moyano, para que la burocracia sindical no torpedee esos planes. Los ‘michelistas’ de la CTA ni se mosquearon ante tamaño repudio a la intención de derogar la ley de asociaciones gremiales. La burguesía necesita las manos libres para poder devaluar el peso en la ‘guerra de monedas’ que se ha puesto en marcha, para lo cual necesita volver a producir ‘superávits’ fiscales y comerciales a costa de los ingresos y gastos de los trabajadores. Para separar a la mayor franja posible de trabajadores de esta alternativa de relevo de la burguesía, deberíamos exponer en forma didáctica el carácter de clase del binnerismo y denunciar el rol cómplice de los ‘michelistas’ con su política anti-obrera y contraria a la ‘libertad sindical’.  No se debe perder de vista, sin embargo, a aquellos sectores de centroizquierda que han quedado marginados, porque ellos buscarán en forma desesperada dar la batalla por los diputados nacionales y de las provincias. En sus filas hay militantes muy valiosos que aún no han procesado un balance de la catástrofe electoral que han sufrido.

Por diputados, legisladores y concejales 

Aunque la mayor tracción electoral del Frente de Izquierda ha sido accionada, debido a su exposición pública, por la fórmula presidencial, nuestro objetivo es, obviamente, obtener los votos necesarios (que nos faltan) para ingresar en el Congreso, las legislaturas y concejos (única forma de retener la votación del 14 de agosto). La fórmula presidencial seguirá concentrando la atención del electorado. No vamos, como el resto, a buscar refugio en el Parlamento, sino a desarrollar a través de esas conquistas nuestra capacidad para impulsar luchas de masas mayores y profundas que aproximen a la clase obrera a la cuestión del poder político. Pero deben ganar espacios crecientes las cabezas de nuestras listas parlamentarias. Para poder luchar por esas bancas, en la campaña que se inicia debemos destacar, en primer lugar, la exposición de nuestro programa y convertirlo en el factor de delimitación por excelencia. Cualquiera sea, al final, el resultado electoral, este trabajo programático dejará una huella profunda para avanzar en la organización política de los trabajadores. Debemos concentrar la atención en cinco y diez temas prioritarios, mientras desarrollamos el conjunto de nuestro programa (nuestra concepción política de conjunto a través de los debates políticos).

Por un partido de trabajadores 

Los resultados de las primarias no permiten todavía avanzar en la consigna de un partido de trabajadores como una tarea política capaz de reagrupar a una parte sustancial de la masa de los luchadores obreros y de los que han surgido en este periodo en términos de acción política. Pero esto no significa de ningún modo que esta tendencia no se encuentre ya presente potencialmente. ¿Por qué importa esta caracterización? Porque implica que la lucha por diputados obreros y socialistas no puede disociarse de la perspectiva política de conjunto que plantea una victoria en estos propósitos: es decir, una afluencia masiva hacia un partido obrero o de trabajadores que ponga fin a la subordinación política de la clase obrera de Argentina a la política de la burguesía, en especial por medio del aparato del peronismo. Esta nueva reivindicación política debe ser puesta a prueba en la campaña que se inicia mediante una activa discusión con los luchadores y las nuevas generaciones en charlas y conferencias, así como también mediante un reclutamiento activo para la campaña y para nuestras filas. Es lo que está desarrollando el Partido Obrero. La conexión entre la lucha por la conquista de diputados obreros y socialistas con la perspectiva de un gran partido de trabajadores supera los límites históricos del parlamentarismo y abre nuevos horizontes de lucha.  Pero cuidado con vender la piel del oso antes de despellejarlo.

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