10/11/1993 | 407

Por una vez, Menem…

Lo único que existe de más podrido que el pacto podrido entre Menem y Alfonsín ha sido la reacción de los dirigentes del radicalismo, del Frente Grande, de Rico y de los “socialistas” — que se limitaron a repudiar las características “secretas” o “reservadas” del pacto. Estos dirigentes dan toda la impresión de sentirse desairados por su exclusión del contubernio, antes que por su contenido o finalidad. La prueba es que la mayoría de ellos ha terminado por aceptarlo; que muchos ya han dicho que lo votarían en la convención radical y otros más en el Congreso; y que los varios restantes ya se encuentran pergeñando propuestas de reformas a la Constitución sin denunciar antes que se trata de una Constituyente digitada, regimentada,“trucha” —simplemente cámara de registro del pacto podrido. Para que la Constituyente fuera mínimamente libre sería necesario que el debate constitucional previo a su convocatoria fuera amplio en el tiempo; que la intervención popular en los debates estuviera garantizada; que los partidos gozaran de la plenitud de derechos para hacer conocer sus propuestas por los medios de comunicación masivos. El pacto podrido prevé, en cambio, que las elecciones se hagan en un par de semanas más; que la Convención se reúna en abril y culmine sus trabajos en agosto; y que su temario se restrinja virtualmente a la sola reelección.


Pero si la reunión de Menem y de Alfonsín fue “secreta” o “reservada”, lo fue con “aviso”; el mismo Menem la advirtió a la prensa el propio día de la reunión, 72 horas antes de que la “revelara” Ambito Financiero. Cualquiera puede leer en La Nación (6/11) lo siguiente: “Al ser consultado como imaginaba el cierre de un acuerdo con Alfonsín, el jefe de Estado puntualizó que sobre estos temas ya están trabajando sus asesores y los de Alfonsín.‘Si ellos llegan a un entendimiento, a un acuerdo, con toda seguridad que vamos a terminar con un abrazo y un estrechón de manos’, dijo”.


Por una vez, Menem…