23/03/2011 | 1169

Proyecto Sur: un estrecho proyecto de compre nacional

La izquierda no debe apoyarlo

-Exclusivo de internet

Pino Solanas y el Proyecto Sur han relanzado su campaña por la «reconstrucción del sistema ferroviario nacional» con un acto en el aniversario de la nacionalización de los ferrocarriles de Perón en 1948. Solanas, en su discurso, planteó el «mejor homenaje» a «los constructores del sistema ferroviario nacional y a los que proclamaron la nacionalización» (periódico MST, Alternativa Socialista, 4/3).

Una nacionalización catastrófica

El MST levanta la consigna preferida del pinosolanismo -«Si se pudo, se puede recuperar el Tren para Todos» (Alternativa 16/2)- reivindicando el accionar pinosolanista y peronista. Pero la nacionalización de Perón no fue una real alternativa antimperialista. Perón compró un «montón de hierro viejo» (como él mismo había llamado al ferrocarril en el Estado al que habían llegado luego de una década y media sin inversión) pagando una suma exorbitante. En lugar de los 1.000 millones de pesos en que se había evaluado, se pagaron 3.000 millones. Las consecuencias económicas de la nacionalización fueron catastróficas para el futuro nacional. Se trató, en realidad, de un rescate al capital británico fundido, que ya hacía mucho había amortizado el capital invertido y obtenido fabulosas superganancias. El 95% de las locomotoras y el 86% de los rieles estaban completamente desgastados. Con este pago el gobierno vaciaba las divisas que la Argentina había acumulado en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial e impedía encarar un verdadero plan de industrialización y la imprescindible modernización del obsoleto sistema de transportes.

En lugar de expropiar al capital extranjero, sin pago de indemnización alguna, la medida nacionalista agotó en gran medida la capacidad financiera del país y no sirvió para desarrollar las fuerzas productivas. Sino que fue la antesala de un mayor encadenamiento de las mismas al imperialismo.

¿Como farsa?

Pero la propuesta de Proyecto Sur no plantea tampoco la estatización del ferrocarril, sino crear una nueva empresa estatal de ferrocarriles («Empresa Estatal de Ferrocarriles Argentinos Sociedad del Estado»). Es un cliché que se aplica en todos los campos (creación de una empresa petrolera estatal, de una siderúrgica estatal, etc.) para evitar plantear la expropiación de los monopolios que expolian la economía nacional. La propuesta de Pino Solanas es crear empresas competidoras de los monopolios existentes, para obligar a que dejen parte de la renta nacional que se roban.

En el caso ferroviario, la nueva empresa estatal encararía un «proceso de revisión» de las concesiones ferroviarias para rescindirlas, lo cual no sólo significa largos procesos administrativos y judiciales, sino el probable pago de indemnizaciones. Es una empresa que nace sin bienes (en manos de los concesionarios) para «gestionar» la infraestructura ferroviaria. No le llega ni a los talones a la nacionalización peronista del ’48.

Este proceso de revisión de concesiones no está descartado ni por el propio gobierno K.

La amenaza china y un proyecto de «compre nacional»

Pero el objetivo inmediato de Pino Solanas es promover una política de ‘compre nacional’ que favorezca a las empresas instaladas en el país. La parte central de su discurso estuvo dirigida a denunciar que el gobierno no tiene una política industrial: «Cómo es posible escuchar a la Presidenta hablar de su apoyo a la industria, si por el otro lado, están negociando la compra de 10.000 millones de dólares de material ferroviario a los chinos» (Clarín, 3/3). El centro de su oratoria estuvo colocado en denunciar «el desembarco del coloso chino para quedarse con el trabajo de los argentinos» (5/3). Para combatir esto ha propuesto también la creación de un «fondo para el desarrollo de la industria ferroviaria argentina (Fonafe)» con el «objetivo de promover la producción nacional de bienes utilizables por el sistema ferroviario argentino dentro del plan de recuperación del mismo mediante ‘medidas de financiación y aliento a la producción'» (15/3).

¿Es la hora de crear una burguesía industrial radicada en el país (tampoco obligatoriamente nacional)? ¿Es la hora de los Emfer (Cirigliano) o de la ex Materfer de la Fiat de Córdoba (devenida luego en propiedad de Taselli, etc.)?

En los fundamentos de su proyecto de ley, Pino Solanas plantea que «las inversiones que demandará la reconstrucción de nuestros ferrocarriles… podrá generar un nuevo perfil industrial y una sostenida ampliación del mercado laboral». En ese marco plantea que «el proyecto implica la necesidad de recuperar todos los talleres de reparaciones que existían…». Con fondos estatales se pondría en pie una industria radicada de proveedores, a la cual se trata de entusiasmar, planteando que luego podría transformarse en «exportadora». Se trata de un estrecho planteo industrialista burgués.

Un nuevo cheque en blanco

El proyecto pinosolanista de creación de una empresa estatal ferroviaria es un cheque en blanco. En primer lugar, convive con las concesionarias a las que se compromete a revisar. El directorio está constituido por una solida mayoría estatal, donde los trabajadores tienen una ‘participación’ minoritaria (tres de diez directivos). Y gozan de «estabilidad», es decir que no hay revocabilidad; luego de nombrados, continúan hasta la finalización de su mandato de dos años. Plantea también la posibilidad de tarifazos: en su artículo 37 afirma que «en todos los casos el criterio será mantener el valor más bajo posible de las tarifas consistente con las posibilidades de la consecución de la explotación». El artículo 39 plantea también que en los casos en que «se rechacen las tarifas que proponga» la nueva empresa EEFA, «el Estado Nacional le reintegrará los importes correspondientes a las pérdidas provocadas». Volvemos a la vieja empresa ferrocarilera estatal que fue llevada al desguace y que abrió luego el camino a la privatización-concesión, a manos de funcionarios venales que eran corrompidos por los capitalistas proveedores o competidores del ferrocarril.

El reclamo de que una eventual empresa estatal ferroviaria, creada sobre la base de la expropiación sin pago de las concesionarias, tenga un control obrero mayoritario con derecho a veto para impugnar las medidas que van a favor del capital y contra los intereses nacionales y populares es esencial. La experiencia de medio siglo de empresa estatal y una década y media de privatización así lo indica.

Una parte de la izquierda argentina (MST, PCR, Convergencia de Izquierda) ha bajado sus banderas y se ha adaptado por completo a este planteo nacional burgués, que compite en el mismo campo del gobierno K por poner en pie una burguesía nacional industrial, integrándose a Proyecto Sur.

El MST señala (16/2) que «no hay ninguna posibilidad de encarar un proceso de emancipación nacional y segunda y definitiva independencia sin empezar trazando un plan de recuperación de todos los resortes estratégicos de la economía nacional… hoy… total y completamente extranjerizados. Por eso, la tarea de la época pasa por.. volver a tener bajo control público las empresas clave para el desarrollo nacional». Y la garantía de esto sería para el MST «el movimiento Proyecto Sur y el liderazgo de Pino Solanas». Pero el MST oculta, que como en el caso del ferrocarril, Proyecto Sur no plantea la expropiación de estas empresas clave, sino la convivencia con estos monopolios capitalistas. En un volante-declaración («Pino Presidente»), el MST plantea «promover un proyecto alternativo al modelo agro-minero-exportador» propugnando la «creación de un polo de empresas públicas de excelencia». El programa anticapitalista es reemplazado por uno de competencia eficiente entre el Estado y los monopolios. La subordinación de la izquierda a Pino Solanas entraña el mayor de los oportunismos porque se hace detrás de una movida electoralista. No ver esto es cegarse concientemente. Pero ya salió Alfonsín también a anunciar -en el marco de la campaña electoral- un plan industrialista similar y hasta ‘superior’ en materia de inversiones: promueve una «inversión de 15 mil millones de dólares, con 22 mil kilómetros de vías modernas en diez años» (Tiempo, 14/3). ¿Avanzarán entonces hacia un frente ‘progresista’ del pinosolanismo también con los radicales de Alfonsín, como ya están haciendo con Binner en Santa Fe, Juez en Córdoba, la Cruzada Renovadora de Avelín en San Juan?

Los militantes que defienden sus banderas obreras, antimperialistas y socialistas deben buscar la unidad en la lucha y en el accionar político, incluido el electoral, con los que defendemos la lucha por la expropiación sin pago de las concesionarias y la puesta en marcha de una empresa ferroviaria estatal única bajo control mayoritario de los trabajadores. La necesidad de un plan de desarrollo ferroviario es ineludible, pero sólo podrá hacerse no al servicio de los negociados capitalistas, sino de la lucha por el poder para los trabajadores.

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