29/12/1994 | 435

Que ellos paguen su crisis

Ahora que la farra se termina, los capitalistas se lanzan al negocio de la crisis.


Luego de haber acumulado beneficios sin precedentes durante más de tres años, se llevan los capitales y vacían los bancos. Habiendo ase­gurado sus fortunas en dólares, preparan la devaluación en perjuicio exclusivo de los trabajadores.


La reacción del gobierno ha sido clarísima: venderemos todos los dólares que sean necesa­rios —les aseguró Cavallo a los banqueros. O, lo que es lo mismo, devaluaremos sólo después de que ustedes hayan puesto vuestros capitales a buen recaudo.


Los trabajadores se vuelven a transformar en las víctimas únicas de la crisis engendrada por los capitalistas y por el sistema capitalista.


En lugar de prohibir la salida de capitales y de anular las subvenciones que reciben los exportadores y los grupos privatizadores, el gobierno suspendió (por medio de un decreto de necesidad y urgencia) los juicios que siguen los jubilados para cobrar lo que se les debe. Para febrero espera que el congreso haya aproba­do la enésima confiscación a los jubi­lados, mediante una ley que estable­ce que las jubilaciones no podrán ser mayores que los montos que asigne el presupuesto nacional. Como éste tie­ne como prioridad el pago de la deuda pública y sus intereses, la intención es congelar las jubilaciones en 150 pesos para lo que resta del siglo, y aún más.


Otra medida de “salvataje” de la dupla Menem-Cavallo ha sido vetar las partidas asignadas por el congre­so para la educación y para la salud.


En lugar de que Macri, Antelo y Autolatina paguen lo que deben por haber incumplido con el régimen au­tomotriz, los docentes, los estudian­tes y el pueblo deberán bancar el rescate del sistema bancario y de loe especuladores. Cavallo ha prometido también dejados masivos en la ad­ministración pública y vuelve a reclamar plenos poderes para gobernar la economía por decreto. El famoso “plan Cavallo” es de ellos; la crisis de este “plan” es responsabilidad de ellos; pero la salida al derrumbe que ellos han creado la tene­mos que pagar nosotros.


Ajustar el cinturón de los trabajadores- para sacar a los capitalistas de su propia crisis, js la consigna oficial. Luego del derrumbe del banco Extrader y de los trascendidos de que varios más estarían en la lona, Cavallo rebajó los intereses de los préstamos que el Banco Central otorga a los privados e incluso los autorizó a utilizar dinero de los encajes de garantía de los depósitos. Los intereses de los créditos al consumo, en cambio, han comenzado a subir. En lugar de confiscar a los ladrones capitalistas, los bancos comenzarán a sacarles las viviendas y los televi­sores a sus “clientes”.


Una crisis en período de vacaciones es un mal síntoma, ya que el verano es la fecha ideal para los despidos masivos; es lo que amenaza con ocurrir en la industria metalúrgica, en particu­lar en Sevel, y en los bancos.


El “plan” es de ellos; se jactaban de él y hasta pretendían el premio Nobel por haberlo inventa­do. La crisis del “plan” de ellos es, por lo tanto, responsabilidad exclusiva de ellos. Que ellos la paguen, entonces. Los docentes y estudiantes de la Universidad del Comahue están mostrando el camino al declarar el paro activo total en res­puesta al despido de docentes y reducción de horas establecidos por el gobierno nacional y el consejo de rectores.


Asistimos a un derrumbe que no es nacional sino internacional. En este derrumbe, los traba­jadores no tenemos arte ni parte. En los últimos tres años bancamos la fiesta con desocupación, menores salarios y una mayor inten­sificación y alargamiento de la jorna­da de trabajo. La responsabilidad es de los Estados y gobiernos capitalis­tas; de los capitalistas; y del sistema capitalista.


Hemos pagado la fiesta, no va­mos a pagar la resaca. El derrumbe económico significa también un de­rrumbe político de los gobiernos pri­vatizadores y de todos los que lo apo­yaron —no sólo la UCR sino especial­mente el recién llegado Frente Gran­de. Es el derrumbe de la autoridad de sus autores. Esto es lo que los pone en pánico.


Pasemos la factura, no dejemos que nos la pasen a nosotros. Que cese el pago de la deuda pública; expropia­ción de los bancos; control obrero; ningún despido; anulación sin in­demnización de todas las privatiza­ciones. Salario mínimo de mil pesos. 82 por ciento móvil jubilatorio. Jubilación estatal bajo la dirección de obreros y jubilados.


Preparemos la huelga general.

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