Políticas

13/4/2023|1666

¿Qué hace la policía en Villa Soldati?

Escribe Vanina Biasi

El reclamo de justicia por Lourdes

Con el asesinato de Lourdes al momento de robarle el celular tomó estado público una denuncia que las y los vecinos de Soldati, y en general de toda la zona de Lugano, vienen realizando hace mucho tiempo. El domingo, a pocas cuadras de Soldati, en Pola y Barros Pazos mataron también a Ricardo, que había salido de su casa para hacer una compra. Su caso fue menos conocido, Ricardo pertenece a la comunidad boliviana.

La ausencia de la Policía de la Ciudad que denuncian los vecinos, que es la que tiene la potestad sobre ese territorio, es moneda corriente cuando se trata de atacar el delito. En Lugano, el conglomerado poblacional central es la Villa 20, que ha crecido durante los últimos veinte años de manera exponencial. El gobierno de Larreta simuló allí una urbanización de la misma forma que lo hizo con otras villas. En realidad, en total construyó unos 3.000 departamentos destinados a tapar a la vista de los transeúntes las villas desde las principales avenidas, villas a las que nunca urbanizó. En una asamblea con vecinos de la zona que realizamos hace unas semanas se planteaba que ese proceso inacabado terminó trayendo más inseguridad a la villa, ya que ahora ingresan desde afuera más personas que en el pasado.

La falta de urbanización crea las condiciones que buscan los narcos para desarrollar su actividad, la captación de pibes para el narcomenudeo, la introducción de muchos de ellos en consumos problemáticos y finalmente la descomposición del medio social.

Sin embargo, en estos días, trabajadoras costureras de Soldati dan testimonio de un asedio policial que están viviendo, que muestra que la policía se ausenta adrede cuando ocurren los delitos, y aparece y está presente para cobrar coimas a quienes trabajan.

Los costureros se dividen en tres conglomerados: por un lado, están las empresas de vestimenta que registran parcialmente a sus trabajadores y cuyo trabajo registrado representa a la minoría de la industria. Por otro lado, están aquellos que son contratados por talleristas en condiciones penosas, en algunos casos esclavas, en trabajos sin registración y en pésimas condiciones. Esta rama de la industria se maneja completamente de manera no registrada y es regenteada por patrones de diferentes nacionalidades, “paisanos” de Bolivia, coreanos o argentinos mayormente. Los talleres clandestinos funcionan con la completa anuencia del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de su policía y bajo su custodia, ya que de esa actividad recauda muchísimo dinero. Un testimonio elocuente es el de los talleres ubicados frente a la Comisaría 7ª de Once en edificios de forma absolutamente ilegal. En este rubro está prendida la Policía de la Ciudad y, por supuesto, también funcionarios larretistas de la dirección de habilitaciones de la Ciudad.

Por el otro lado están los emprendimientos familiares en los que con máquinas propias en sus viviendas, las y los costureros trabajan y venden sus ropas directamente sin la intermediación de talleristas. Este último formato ha liberado a muchos de penosas condiciones, que en algunos casos incluyen hasta grilletes atados a máquinas y todo tipo de trato vejatorio, incluida la violencia psicológica y sexual. En los talleres clandestinos se han muerto calcinadas familias enteras, como ocurriera en los talleres de Luis Viale en la zona de Flores.

Como se puede escuchar en el audio, mientras que la población padece los estragos de la complicidad policial y política con el delito, y en particular con los narcos instalados en el barrio, también debe padecer el acto delincuencial directamente ejecutado por la policía de Larreta y Burzaco, que por sí misma nunca va a reunir las condiciones de protección a la que aspira la población. Por eso es clave desmantelar el delito ligado al Estado, peleando por el control directo de las y los vecinos de la cuestión de la seguridad y la apertura de los libros de la comisaría.