Políticas

19/5/2026

¿Y si gobierna la izquierda en Argentina?

Editorial de Gabriel Solano en 14 Toneladas T3E15.

Acto del FIT-U por el día internacional de los trabajadores.

Hay un debate sobre si la izquierda tiene o no un programa de poder. No ya porque supuestamente no tenga vocación de poder -como muchos nos achacan- sino porque si llegase al poder no tendría un plan de gobierno, o sea, no sabría qué hacer con el poder, no sabría qué medidas de gobierno tomar.

Y acá aparecen varios temas que nosotros tenemos que analizar con mucho cuidado, porque en la fase en que se encuentra la izquierda argentina la tentación de presentar una plataforma de gobierno sería un error, en el sentido de que el gran problema de poder que tiene la izquierda hoy en Argentina es separar a las masas del peronismo y construir una fuerte vanguardia obrera y popular bajo las banderas socialistas.

Este es el tema crucial en la actualidad, porque una fuerte vanguardia obrera y popular organizada bajo las banderas del socialismo es la que tiene la llave para poder movilizar el pueblo. Nunca en las revoluciones que hemos tenido -y posiblemente va a ser así en las revoluciones futuras- la mayoría de la población estuvo organizada sobre la base de un partido y un programa. Eso tiene que ver con la naturaleza misma de la sociedad de clases, en la cual una mayoría de la sociedad, por la penuria y la explotación a la que es sometida, se ve de una u otra manera condenada a una vivencia mucho más particular y encerrada. Son momentos excepcionales en los cuales las masas están dispuestas a una acción política e histórica; y esas masas pueden triunfar en tanto esa vanguardia fue preparándose. Hay una relación dialéctica entre las masas de la población y la vanguardia que interviene.

¿En qué lugar se encuentra la vanguardia en relación a la masa de la población? El problema de que esa vanguardia se pueda construir es fundamental. Entonces, la perspectiva de poder más importante es esa. Naturalmente, esa vanguardia puede chocar con problemas para desarrollarse: por ejemplo, hay una campaña propagandística de la burguesía diciendo para qué se van a organizar bajo la bandera del socialismo si en el caso de llegar al poder y le entregáramos el gobierno no tendría ninguna medida que tomar. Entonces, lejos de un avance de la sociedad, tendríamos un retroceso y una frustración.

El valor de presentar medidas de un gobierno de izquierda y de los trabajadores no es para reemplazar la organización de una vanguardia bajo la bandera del socialismo, ni siquiera para reemplazar un programa de transición que permita movilizar a las masas para su politización y organización contra el Estado, sino para refutar todos los planteos que existen de que la izquierda no tiene un programa, prejuicio que se ha asentado además en el fracaso de revoluciones precedentes que en un momento determinado lograron un progreso significativo de las sociedades que les tocó gobernar pero luego, por la lucha de clases, fueron condenadas a aislamiento y a la derrota quedando un balance negativo.

Acá tenemos problemas cruciales, porque partiendo del desarrollo de las fuerzas productivas que ha tenido la sociedad y que en Argentina está presente porque es un país de desarrollo capitalista medio -no es un país avanzado pero tampoco es de los más atrasados en el concierto internacional-, uno puede decir que es un país en el cual se reúnen las condiciones para que un gobierno de izquierda y los trabajadores de entrada mejore sustancialmente la vida del pueblo. Y esto tiene un doble valor, porque una función de un gobierno obrero es darle a la clase obrera una elevación moral, cultural y material porque sería la clase dirigente de la sociedad.

Nosotros somos marxistas y como marxistas tenemos la idea de que los gobiernos son de clase: mientras los gobiernos de la clase capitalista buscan mejorar las condiciones de la clase capitalista, un gobierno de la clase obrera tiene que necesariamente mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y elevar su condición material y espiritual. Es decir que la clase obrera se sienta capaz de dirigir al Estado, porque, si eso no sucede, lo que ha enseñado la historia es que puede ser reemplazada por una burocracia que termina de una u otra manera anulando el gobierno de los trabajadores y siendo un canal para la restauración del capital. Entonces tenemos que darle ese carácter.

¿Por qué esto es importante? Tomemos el caso Fate y veamos qué haría un gobierno de los trabajadores con Fate. Hay un grupo de izquierda que dice que si hubiese un gobierno de los trabajadores y de la izquierda debería establecer sus medidas de gobierno exclusivamente sobre la base de la productividad de trabajo de cada industria o de cada rama de la producción. Bajo ese parámetro una serie de industrias en Argentina deberían cerrar, son conscientes de ello. De cerrar quedaría una cantidad importante de trabajadores desocupados; esos trabajadores desocupados, dicen, los asistiría el Estado con un subsidio que no serían los miserables $78.000 de Volver al Trabajo (el que Milei quiere eliminar) sino que sería un poco más alto: un grupo que se llama Razón y Revolución lo establece como un equivalente a la categoría más baja del empleado estatal.

Pero lo interesante es que ese concepto es distinto al que estamos defendiendo acá porque condena a una masa del proletariado a ser una clase no productiva que vive de un subsidio del Estado. Y nosotros no lo haríamos con Fate. Quizás si uno compara la productividad de Fate con la de la industria de punta de neumático de países imperialistas o de China pueda ver que está por debajo de la media de productividad. Pero en una centralización, que es un problema clave de un gobierno de izquierda, y una planificación general de la economía, posiblemente determinadas industrias que no tienen la productividad media de esa rama a nivel internacional sean útiles para el país, porque por un lado mantiene a trabajadores elevados moralmente, organizativamente y políticamente, y, por el otro, porque alcanzaría la producción que tienen, transitoriamente, para abastecer la necesidad de cubiertas de Argentina.

No tenemos por qué tener en toda rama de la economía la mayor productividad. Porque la productividad es un concepto complejo, pues una industria puede ser más productiva en tanto tenga más inversión de capital, pero también en tanto la explotación que se hace de la fuerza de trabajo sea mayor. Es decir hay dos vías, y aparte aparecen problemas adicionales. Por ejemplo, los salarios que se pagan pueden ser más altos; y son más bajos de acuerdo a una serie de consideraciones de la economía y las instituciones de un país. En un país en el que hay un sistema público de salud o educación no figuran, en la cuenta de la canasta familiar, la salud y la educación.

El salario de los países no se puede comparar directamente porque en algunos hay asegurados determinados rubros. Por lo tanto, tendríamos que prestar mucha atención a la centralización de la economía, a una organización de la planificación de la economía. Y acá chocamos con todo el capital, que no quiere la planificación de la economía, y podemos darle a las industrias que tenemos una posibilidad de mantenerse transitoriamente.

Es muy distinto que un gobierno obrero establezca un método de revoluciones internas de la economía, porque lo haría siempre prestando atención a que la clase obrera esté firme. En cambio, a un gobierno capitalista a menudo no le importa nada, cierra Tierra del Fuego, cierra esto, cierra aquello; condenando a una masa a la población a la desocupación.

Por otro lado, ¿se pueden aumentar los salarios? Sin ningún problema. Cuando nosotros hablamos de establecer un salario igual a la canasta básica no mentimos. Argentina tiene capacidad de aumentar los salarios. Hay que ver la tasa de beneficios que tienen los capitalistas. Cuando los liberales nos preguntan de dónde saldría la plata para eso nosotros respondemos: de la ganancia capitalista. Partimos de la teoría marxista del valor: quien produce valor bajo el capitalismo es el trabajador, y es valor la forma que adquiere bajo el capitalismo la riqueza social producida.

¿Cómo se distribuye? Básicamente de dos maneras. Para simplificar: una parte vuelve al trabajador bajo la forma de salario y otra se la lleva el capitalista bajo la forma de beneficio. Este proceso, claro, también implica la distribución de valor entre renta de la tierra, tasa de interés para los bancos, etc, pero no nos detendremos en esto. El punto es que si yo aumento el salario reduzco el beneficio capitalista. No tuve que emitir plata ni generar inflación como dicen los libertarios, que nos acusan de demagogos.

¿Podemos terminar con la desocupación? Por supuesto, distribuyendo las horas de trabajo. La distribución solo se puede llevar adelante con una planificación económica. No es lo mismo una planificación de la distribución de las horas de trabajo que la reducción de la jornada laboral.

Nosotros defendemos las dos cosas. Pero mientras la reducción de la jornada laboral no asegura la eliminación de la desocupación, el reparto sí. En la Constitución soviética estaba la obligación de trabajar. Nosotros defendemos eso, porque, salvo las personas que no puedan trabajar por determinados motivos, cada uno tiene que trabajar -sino vive de otro.

En la Constitución burguesa figura el derecho al trabajo, pero el capitalismo no te lo asegura. Nosotros podríamos asegurar el derecho al trabajo mediante el reparto de las horas de trabajo. Es una medida muy importante porque permite que todas las personas, salvo excepciones muy contadas, jueguen un papel productivo de la sociedad.

Muchos hablan de personas con discapacidad en este momento en Argentina. Es evidente que determinados trabajos los puede realizar una persona que hoy no consigue debido a una discapacidad física. Puede ser discapacitado para la construcción pero no para otra tarea. ¿Cómo se hace un censo de toda la población y de los puestos de trabajo disponibles para insertarlos productivamente? Esto eleva moralmente a la población, porque todo el mundo puede jugar un papel productivo.

Sobre el problema previsional. Hace poco Milei dijo una mentira: que el aborto legal afecta la jubilación. Es una estupidez porque en Argentina los jubilados se mueren de hambre hace muchísimo tiempo y el aborto legal se conquistó en 2020. Comparar un hecho histórico con un hecho reciente no tiene ningún tipo de sentido. Él también dice que lo afecta en tanto cae la natalidad, golpeando sobre la necesidad de "un pasivo por tres o cuatro activos". Pero si uno suma la fuerza de trabajo en Argentina, con los activos en blanco y los activos en negro o la informalidad, más o menos tenemos 22 o 23 millones de personas contra 8 millones de jubilados. O sea estamos en uno cada tres.

El problema de la jubilación no es eso que inventó Milei. Tiene que ver con los bajísimos salarios, con la reducción de los impuestos al capital -que tienen que ir a financiar el Anses- y además con el robo directo por parte del gobierno y el sistema financiero del Fondo de Garantía y Sustentabilidad de la Anses. Aumentar la jubilación es un tema fundamental.

Y luego está la necesidad de una modificación del régimen de propiedad; nosotros anticipadamente no podemos saber cómo sería un ritmo de expropiación del capital. Eso va a estar determinado por problemas económicos y políticos de todo tipo y color. Lo que sí sabemos es que nosotros tomaríamos en nuestras manos el control fundamental de la economía, por ejemplo el sistema energético del país. Hoy se ven los problemas de un sistema energético en manos privadas en el hecho de que una guerra en Irán incrementa el 25% del costo de la nafta en Argentina, cuando entre Vaca Muerta y Buenos Aires no está estrecho de Ormuz.

Aumentó un 25% en concepto de precio internacional. Pero el obrero de Argentina no gana como un obrero norteamericano. Aumenta el precio internacional de los combustibles pero no el de la fuerza de trabajo. Si tuviéramos en nuestras manos los resortes energéticos en todas sus fases podríamos indudablemente desarrollar un plan de industrialización muy fuerte, porque la energía es un insumo fundamental en un proceso de industrialización.

Y el comercio exterior en manos públicas es fundamental. ¿Y esto qué significa? Significa que el país discute democráticamente cómo se relaciona con el mundo. Eso hoy lo resuelve un grupo de monopolios, dándole determinada fisonomía a la economía argentina, de especulación. Cuando el año pasado el gobierno tuvo que determinar, para que se vendan los dólares, una rebaja transitoria del impuesto a las retenciones quedó claro cómo los grandes monopolios internacionales (norteamericanos, franceses, chinos) manipulaban todo incluso a costa del capital agrario argentino y deciden cómo se liquida y a quién se le vende.

Nosotros, en cambio, estableceríamos un mecanismo de venta al mundo de nuestras materias primas -un gobierno obrero no tiene por qué renunciar a la renta diferencial de la tierra-, valiéndonos de nuestra pampa húmeda y nuestros recursos naturales, para obtener un desarrollo tecnológico que todavía no tenemos.

Y eso como condición es fundamental. Argentina puede poner esa condición porque tiene ventajas en el terreno del agro, la minería y la energía. Y tiene posibilidades en tanto las explote también de una manera consensuada, atendiendo los problemas ambientales. Un gobierno obrero, como se ve, permitiría mejorar sustancialmente las condiciones de vida del pueblo.

Esto no solo lo decimos en el micrófono de 14 Toneladas, también lo decimos en el micrófono de cualquier medio de comunicación, y lo podemos explicar claramente refutando por lo tanto las mentiras que existen. Esto no es socialismo en un solo país, porque cualquier gobierno de trabajadores en Argentina será solamente un episodio de la revolución Internacional. Ya hemos visto muchas experiencias en países más grandes que Argentina, que en tanto quedaron aisladas fueron doblegadas por el capitalismo mundial.

Porque si nosotros tomamos el poder los trabajadores pasarían a ser clase dirigente en Argentina, pero en el resto de los países los trabajadores seguirían constituyendo la clase explotada por el capital financiero mundial. Entre trotskistas lo sabemos, pero es importante este debate con otros sectores de izquierda que no siendo trotskistas caen en la idea del socialismo en un solo país entusiasmados por propuestas de gobierno.

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