Políticas

4/12/2023

¿Qué implica privatizar YPF S.A. en los términos de Milei?

El gran negocio de Techint.

Vaca Muerta.

Cuando Milei habló de privatizar Vaca Muerta, el gobernador del MPN, Omar Gutiérrez, el electo por Comunidad, Rolando Figueroa, y el secretario general del sindicato petrolero, Marcelo Rucci, se mostraron indignados y juramentaron defender “lo que es de los neuquinos”. Los tres fueron parte abiertamente de la campaña electoral de Sergio Massa, a quien llamaron a votar en octubre y en noviembre.

Pero en el balotaje ganó Milei, y designó como presidente de YPF a un director de Tecpetrol, la petrolera del grupo Techint de Paolo Rocca, justamente una depredadora serial de Vaca Muerta. No se habían terminado de contar los votos cuando los tres vieron con beneplácito la designación.

Queda planteada como hipótesis si Techint va a manejar el proceso de la privatización en los términos que plantea Milei. Hay que decir que las empresas del grupo han sido privilegiadas destinatarias de diversas medidas “asociativas” con YPF S.A. y los gobiernos de Macri y de los Fernández (gasoducto Néstor Kirchner, construcción y provisión de caños, los sucesivos Plan Gas). Esa asociación privilegiada le ha permitido que hoy su yacimiento estrella en Vaca Muerta, Fortín de Piedra, casi triplique su producción gasífera y sea un tercio de toda la cuenca. De eso lleva exportado unos 100 millones de dólares en el presente año.

Es una muestra de que no existe ninguna incompatibilidad de objetivos entre la “estatizada” YPF y las petroleras privadas. Ambas pueden ser dirigidas por personas que se cambian de un sillón a otro sin perder ni pelos ni mañas; como se han cambiado del apoyo a Massa al beneplácito a las designaciones de Milei los gobiernos y la burocracia petrolera de Neuquén. Galuccio, que manejó la compañía “estatal” con el kirchnerismo, es hoy uno de los principales exportadores de crudo con Vista Oil.

Según la Bolsa de Comercio de Rosario, a fines del año pasado “YPF S.A. era responsable de más del 47% de la producción nacional de petróleo, al tiempo que se acerca a casi el 28% del total de gas producido en nuestro país”. La empresa lidera holgadamente los ranking de producción por sobre PAE (en petróleo con un 18%) y Total (en gas con el 22%). Tomando la producción total de ambos hidrocarburos, YPF produce más que el segundo y tercero sumados, y supera la producción de los restantes siete de conjunto.

Si bien en los hechos es una empresa capitalista que comparte objetivos con el resto de las petroleras, borrar la tenencia estatal del 51% de sus acciones terminaría de transformar al país en una abierta colonia energética del gran capital multinacional. Este objetivo no puede dejar de producir un terremoto económico, social y político de magnitudes difíciles de dimensionar actualmente. Si nos guiamos por los resultados ya producidos bajo el menemismo (Cutralcazos, convulsiones sociales en Salta, despidos en masa) los resultados ahora, en medio de una crisis capitalista mayor, superarían los de hace tres décadas.

La estatización trucha, el punto de apoyo de Milei

Por supuesto que el liberfacho electo presidente le saca el jugo a lo que fue presentado por el kirchnerismo (y hasta por partidos de la izquierda) como una estatización, cuando se expropió el 51% de las acciones que estaban en manos de Repsol. Esto no ha sido la base de la cacareada “soberanía energética”, sino una plataforma asociativa para que a la par del incremento de la producción de hidrocarburos, exista una escalada de precios de los combustibles y los tarifazos. Como gran parte de ese incremento se exporta, hemos sufrido crisis por desabastecimiento en las estaciones de servicio como presión para emparejar el precio de los surtidores con los internacionales.

El episodio, de paso, niega la teoría de Milei que afirma que el mercado “regula” los precios, de tal manera que cuando hay mayor oferta los precios tienden a bajar. Los “mercados” dominados por los grandes monopolios capitalistas (incluida y en especial por YPF) manejan cantidades y precios a su antojo.

Milei, que plantea “recomponerla, racionalizándola y ponerla a crear valor para que de esa manera se puedan vender a un precio muy beneficioso para los argentinos”, explota que la “estatización” es vista como un fracaso (juicio en Nueva York, desabastecimiento, naftazos). Pero el asunto no es tan simple como reacondicionar un auto y venderlo a mejor precio. Acá, como se dice popularmente, del dicho al hecho, hay mucho trecho.

En primer lugar, hay que desentrañar si, como dice Milei, hoy YPF “vale muchísimo menos del momento en el que se la expropió” en el año 2012. Al momento de la estatización trucha, la producción de YPF había caído estrepitosamente (un 47% desde 1997), al igual que las reservas. Tras más de una década de fuga de dividendos y de no invertir en el país, había llegado el momento de rescatar a los capitalistas y “estatizar” YPF, como hizo el kirchnerismo, presentándolo como un acto de “soberanía nacional”, para pasar en unos meses a iniciar la entrega de Vaca Muerta a través del pacto secreto con Chevron y otras compañías asociadas.

Esta antítesis de la soberanía es lo que capitaliza a su favor Milei cuando anuncia la privatización. Es que los éxitos capitalistas de la “estatización” (nuevo gasoducto, aumento de producción) ni siquiera derraman hacia el bienestar de la población, sino del negocio energético de un puñado de productoras y exportadoras.

La “estanflación” y Vaca Muerta

Los anuncios del nuevo gobierno ya han impactado en despidos (500) y suspensiones en las obras en los yacimientos. Por ahora centrados especialmente en los convenios Uocra yacimientos (obreros de la construcción que realizan tareas dentro de algún yacimiento con un convenio superior al del resto).

Además la “estanflación” golpea de lleno a la pléyade de miles de subcontratistas de todo tipo y tamaño, que emplean decenas de miles de obreros de la construcción y del petróleo. Se ha puesto en duda la continuidad del segundo tramo del gasoducto NK, lo cual sería un freno fenomenal para Vaca Muerta. La anunciada canciller del futuro gobierno, Diana Mondino, declaró que deberían hacer los privados, no el Estado. Pero los privados, las petroleras y los grandes consumidores, en décadas no han invertido un peso en la construcción de gasoductos de centenares de kilómetros. TGS y TGN no hicieron a su costo gasoductos desde la privatización de Gas del Estado.

Dada la posición dominante y ventajas que tiene Techint, desde la fabricación de los caños hasta la infraestructura montada para el primer tramo, lo que la canciller está diciendo es: que lo construya Techint y lo usufructúe en beneficio propio por décadas. Sería otra ventaja para una empresa que ya goza de las que le otorga en el régimen laboral la adenda al convenio colectivo petrolero, que despidió a mansalva en plena pandemia (cuando supuestamente estaban prohibidos los despidos) y que destinará gran parte de su producción a la exportación, sorteando cualquier limitación de precios “criollos”.

La “estanflación” la padecerán los laburantes y consumidores populares. Techint vivirá su gran negocio.