08/02/2007 | 980

¡Que los trabajadores decidan!


Luego de lo ocurrido con el Indec ha quedado despejada cualquier duda sobre la inaceptabilidad de los ‘pisos’ y de los ‘topes’ que las patronales y el gobierno quieren imponer a los aumentos salariales en las paritarias de 2007.


 


¿Cómo aceptar, de cualquier modo, que los aumentos de salarios deban acomodarse a un índice de inflación o de costo de vida, cuando las empresas anuncian aumentos de ganancias de un ciento por ciento anual?


 


¿Por qué no se pone un tope conforme a la inflación para las ganancias capitalistas?


 


Las mentiras del Indec y los abultados beneficios empresariales nos llevan a una única y absoluta conclusión: que el monto de los reclamos salariales lo deben determinar los trabajadores, nadie más.


 


¡Pero es precisamente esto lo que no está ocurriendo!


 


Las direcciones sindicales se han vuelto a arrogar la prerrogativa de discutir los convenios colectivos de trabajo sin consultar con los trabajadores. No solamente no tienen el derecho a hacerlo, sino tampoco la autoridad política o moral, porque en los cuarenta años que llevan atornillados a los sindicatos han sido responsables de un colosal retroceso histórico de la condición social y laboral de la clase obrera.


 


A partir de esto, nosotros, el Partido Obrero, sostenemos la consigna de que los trabajadores deben decidir. Sólo ellos, y nada más que ellos, deben elaborar los anteproyectos de convenio colectivo, incluso elegir directamente a los representantes paritarios, y decidir al final la aprobación o el rechazo.


 


En materia salarial hay que ser claros: es necesario recuperar los salarios reales que nos fueron arrancados, sistemáticamente, desde la dictadura militar.


 


¡Cómo es posible que con un rendimiento de la fuerza de trabajo, que ha crecido más del ¡mil por ciento! en treinta años, la remuneración de esa fuerza de trabajo haya caído a menos de la mitad!


 


Es la hora de ajustar las cuentas: la canasta familiar cuesta 2.200 pesos —ese debe ser el salario de base sobre el cual se determinará la escala salarial.


 


Pero no todo es salario, porque la mitad de los trabajadores no está amparada por los convenios, o sea que está en negro.


 


Asimismo, el conjunto de los trabajadores se encuentra sometido a jornadas y condiciones de trabajo brutales, que de un lado destruyen sus condiciones físicas y morales, de otro lado reducen su salario medido por la productividad.


 


Para abolir el trabajo en negro y revisar las condiciones de trabajo y la extensión de la jornada, es necesario que los convenios integren a la totalidad de los trabajadores y con la supervisión de las comisiones internas electas.


 


Del mismo modo, es necesario restablecer la unidad de la pertenencia sindical en cada lugar de trabajo, para fortalecer la capacidad de acción de los trabajadores. Para ello es necesario que los compañeros de empresas contratistas y tercerizadas pasen a integrar el convenio que rige para la mayoría de quienes se encuentran en un lugar de trabajo y cuyo convenio sea el más beneficioso.


 


¿Adónde, sino en las paritarias, debiera discutirse la situación de los contratados, los pasantes o directamente los que están en negro? Las paritarias deberían tratar también la cuestión de los ritmos infernales de trabajo, y de las jornadas laborales que superan las 10 ó 12 horas.


 


La gran tarea de las paritarias es modificar las relaciones de trabajo impuestas por la dictadura militar y las ‘democracias’ que la sucedieron; es necesario cambiar las relaciones de fuerza en los lugares de trabajo. Sin esto no saldremos de la esclavitud cotidiana a la que nos somete la patronal. Para lograr esto necesitamos, antes que nada, usar las paritarias para terminar con la división de trabajadores en blanco y en negro, tercerizados y contratados, pasantes y precarios.


 


Los trabajadores no podemos ser convidados de piedra en las paritarias.


 


Por anteproyectos de convenio aprobados en asambleas o plenarios de delegados con mandato, y por la elección por la base de delegados paritarios.


 


Por asambleas conjuntas de trabajadores, sea en blanco, en negro, de las tercerizadas o contratistas, pasantes o compañeros de tiempo parcial.


 


Por un salario base de 2.200 pesos.


 


Por la recuperación del salario real de 1970-75.


 


Supervisión sindical de los libros de las empresas, para determinar sus ganancias reales y su uso económico y social.


 


Compañeros: la manipulación del Indec es una evidencia de que entramos en un período inflacionario que afectará duramente a trabajadores y a jubilados. Sobre la base de esta apreciación llamamos a una movilización por paritarias electas por la base. Los activistas deben concientizar al conjunto de los compañeros sobre todo lo que está en juego.

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