Políticas

19/1/2012|1209

Querella de intelectuales

La sequía climática parece haber provocado daños irreparables en los cultivos de maíz y de forraje para ganado, pero ha sido pródiga, en este comienzo de 2012, en el surgimiento de agrupamientos de intelectuales. Una constelación contradictoria de firmas alumbró a Plataforma 2012, cuyo objetivo declarado es “recuperar el pensamiento crítico” contra el “relato disciplinador y engañoso” del oficialismo K, el cual “utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone”, en una obvia contra alusión al discurso oficial que castiga el monopolio de “la corpo”. Plataforma -según comidillas del ambiente- fue motorizada por operadores del PCR, un partido que se reivindica “abstencionista”, pero que integra la coalición sojera del Frente Amplio de Binner. La incomodidad por algunas características del rejunte dio por resultado el retiro de algunas firmas -en un caso filo kirchneristas, en otro de militantes populares como Herman Schiller. El motivo o pretexto fue la presencia de Beatriz Sarlo, una 'habitué' de La Nación (curiosamente una antigua camarada de armas del maoísmo vernáculo). La filiación del operativo supone un doble propósito: delimitarse, tardíamente, del amontonamiento oficialista que se parapeta en “Carta Abierta”, pero por sobre todo salir al cruce de la Asamblea de Intelectuales, Docentes y Artistas que respalda al Frente de Izquierda -algunos de cuyos nombres aparecen entre los firmantes de Plataforma.


Carlos Pagni, columnista de La Nación, caracteriza al nuevo agrupamiento de “vecino (a) la izquierda oficialista”. Alude a la condición filo kirchnerista de algunos de los signatarios y también al desarrollo conceptual del pronunciamiento. Ocurre que Plataforma denuncia las imposturas del “relato” de Carta Abierta, contradictorio con la realidad de la política oficial, pero no con sus pretensiones ideológicas nacionales y populares. Pagni confronta a Plataforma con el último documento de 2011 de Carta Abierta, para concluir que se ha abierto una crisis en la “izquierda oficialista”. Atribuye la crisis al ingreso de la política económica oficial a una etapa de ‘ajuste’ y al conflicto del gobierno con la CGT, cuestionados por los partidarios de la ‘profundización del modelo’.


Carta Abierta


La caracterización de Pagni, sin embargo, es muy generosa con Carta Abierta. Antes que una delimitación de posiciones frente al derrumbe de la orientación oficial, el texto de Carta Abierta es una operación de encubrimiento de la “sintonía fina” con la que el gobierno adorna el ajuste. Esta operación queda demostrada, de entrada, en el título: “Carta de la Igualdad” – como si la ‘igualdad’ (¡“que se avizora!”, nos asegura el texto) pudiera siquiera ser pensada en un régimen de explotación del hombre por el hombre. La grandilocuencia del propósito no logra disimular la tentativa grosera de tapar -con el abuso de la verborragia- el tarifazo, los despidos masivos y las reducciones de sueldos que se han anunciado en la administración pública de la nación y de las provincias, o el “techo’ para las paritarias -que ya se intentó en 2010, mediante un acuerdo de CFK con Moyano, el cual motivó la represión a los petroleros de Santa Cruz. La “recuperación del lenguaje”, que los intelectuales K se dieron como tarea suprema, ha sido convertida en su contrario. Los topes salariales, que luego del pacto de la Rosada no lograron imponerse en las paritarias, reaparecieron en el congelamiento del mínimo no imponible en ganancias. Sólo la complicidad con la desinformación oficial puede circunscribir el tarifazo a una “quita de subsidios a los ricos y a las clases medias altas”. El traspaso del subte a Macri fue pactado con un aumento de mucho más del ciento por ciento, que anticipa al que habrá para el conjunto del transporte. Afirmar, sin pestañeo, que esa quita “contribuye a la equidad distributiva” releva ya de la falta de pudor intelectual -como si la polarización de ingresos estuviera determinada por los consumos domiciliarios y no por las relaciones de propiedad entre el capital y el trabajo.


El texto de Carta Abierta, sin embargo, descubre una dificultad obvia para consagrar “el paradigma de la igualdad”: nada menos que la “estructura intacta (¡intacta!) de la extranjerización de la economía (…) más la concentración”, al punto que -dice “contribuyen a una persistente fuga de capitales (que en) los ’90 se financiaba con endeudamiento y hoy se hace con las divisas del superávit comercial”. ¡Así, sin la molestia de un mosqueo, Carta Abierta (no Clarín) pone un signo igual entre el menemismo y el kirchnerismo! Esta condena -a casi una década de gestión nacional y popular- tampoco logra ser disimulada mediante la falacia de reclamar “re-nacionalizar la economía”, efectuada desde la propia tienda oficial o de su retórica. Por otra parte, “renacionalizar la economía” es una generalidad, no significa nada ni tampoco tiene sentido. “La economía” es internacional, no puede ser encerrada en los marcos nacionales. Lo que hay que nacionalizar son los monopolios internacionales y nacionales. El fanatismo por la pureza del lenguaje descarrila a los ‘cartistas’ de ideas tan simples como la nacionalización sin pago de la banca bajo control obrero, o de los recursos naturales sin ninguna compensación. ¡Saludan la estatización de Aysa, una excepción determinada por el interés del monopolio francés de retirarse del país y cobrar la indemnización, pero no abren el pico para denunciar el salvataje de todas las privatizadas que quebraron en 2001 -las que en 2011 costaron al contribuyente 80 mil millones de pesos!


Los intelectuales K no se arredran cuando se trata de derribar su anhelado “paradigma de la igualdad”. Dicen: “la conquista de los montes por parte de los sojeros tiene la misma lógica que la conquista del desierto del siglo XIX”. Brutal. ¿“Cristina” es Roca? ¿O es Rosas, a quien la Presidenta comparó con Lincoln, quien más allá de la liberación de los esclavos consolidó la “conquista del oeste”, el cual se había convertido en el último reducto de los aborígenes? Carta Abierta, sin embargo, alude a los “montes” para no tener que referirse al regalo de tierras fiscales a los acaparadores capitalistas, desde Calafate hasta el departamento de Anta, en Salta, ni a los pooles de siembra que acaparan la producción mediante el alquiler de tierras, ni a la industria de semillas modificadas que están programadas para expropiar a los agricultores la capacidad de reproducción natural del ciclo agrícola -ni hablar de otra confiscación, como la pérdida de fertilidad del suelo producida por el monocultivo.


También es interesante la defensa que Carta Abierta realiza de la burocracia sindical, cuando el “cristinismo” quiere neutralizarla para “profundizar el modelo” -por ejemplo expropiando las obras sociales para manotearles la caja. En esta defensa, los burócratas intelectuales no se privan de enunciar un desatino: “es inimaginable (¡i- ni-ma-gi-na-ble!) -dicen- que (las) representaciones sindicales elijan el camino de la reacción” -esto después de la alianza de estas ‘representaciones’ con las Tres A y después del asesinato de Mariano Ferreyra y del apaleamiento de trabajadores por patotas sindicales a lo largo y ancho del país. Los pretendidos teóricos del “modelo” revelan una incapacidad supina para desentrañar los intereses sociales que dictan la conducta de la burocracia sindical -los que, si por un lado están ligados al movimiento obrero, residen fundamentalmente en los privilegios de la integración al Estado y en su paulatina conversión en camarillas empresariales. Por vía de una elipsis, los jefes de Carta Abierta ratifican la tesis oficial y la opinión que esgrimieron desde el comienzo: que el asesinato de nuestro compañero Mariano Ferreyra no fue responsabilidad de Pedraza y del gobierno que lo ha amparado políticamente, sino de su propio partido y de sus propios compañeros -o sea: responsabilidad de la lucha.


El llamado de Carta Abierta a “profundizar el modelo” posiblemente refleje “las vibraciones de la izquierda (que) sacuden al oficialismo”, como consecuencia del ‘ajuste’, porque de otro modo ese llamado sería ocioso. Pero mientras que esta operación de lobby- puede reflejar las conspiraciones de camarillas dentro del oficialismo, la perorata sobre el “paradigma de la igualdad” de Carta Abierta es una operación de encubrimiento mayúsculo del hecho consumado del ‘ajuste’ y la “sintonía fina”. Esto se refleja también en su ‘crítica’ a la “ley antiterrorista”. Para los firmantes de Carta Abierta, la tipificación como terrorista de la protesta social que el Estado o los jueces califiquen como delito (una huelga declarada “ilegal”) constituye una intromisión innecesaria en una ley que castiga el lavado de dinero. El gobierno habría pecado por ‘exceso’ legalista. En lugar de preguntarse acerca de las razones que llevaron a la eminencia gris del gobierno (Zanini) y a la jefa del movimiento a incurrir en ese exceso -o a los compromisos internacionales que se honraron con la introducción de esta legislación-, Carta Abierta absuelve a sus autores mediante un proceso de intenciones benévolo. El encubrimiento es aquí por partida doble, porque ha habido denuncias de presiones del G- 20 o de reclamos de los servicios de seguridad internacionales que actúan con visto bueno en el territorio argentino, con el pretexto de combatir la infiltración de Irán. ¿O no volaron algunos kirchneristas del gobierno precisamente por estas razones?


Plataforma 2012


Los dislates de los intelectuales de Carta Abierta refutan la aseveración de los firmantes de la Plataforma 2012 de que “lo que nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos”, o “leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto”. Los intelectuales no son un compacto homogéneo ni mucho menos una realidad supra-social a la que ‘piensan’ o ‘diagnostican’. No pueden operar en la forma abstracta que les adjudica Plataforma. Se encuentran tan escindidos -a su manera, es cierto- como el resto de la sociedad por las contradicciones de clase. El “debate de ideas” que pretende “promover” Plataforma, como método “hacia un accionar colectivo y transformador”, distorsiona o deforma la realidad social -o sea que la encubre. Se trata de una realidad social que se distingue por el antagonismo irrevocable entre el trabajo, por un lado, y el capital, por el otro, así como por el afán de supervivencia del capitalismo, de una parte, y su carácter histórico transitorio, de la otra. El discurso que presenta al debate como un medio de convergencia es alienante. Olvida que la crítica solamente se entiende dirigida contra el orden social existente. Plataforma opone al “doble discurso” del oficialismo otro ‘relato’ -que será fatalmente tan ficticio como el primero, porque oculta al servicio de qué intereses sociales se coloca. Que los términos de la Plataforma hubieran sido suscriptos por un arco que va del kirchnerismo crítico hasta la izquierda, pasando por todas las gamas de derecha e izquierda del centroizquierdismo, denuncia un frente oportunista que no puede tener sino un discurso encubridor, que unifica en la abstracción sus contradicciones insalvables. En la transición que inicia el derrumbe del llamado ‘modelo’, este abordaje político es tan peligroso para los intereses de los trabajadores como el macaneo del oficialismo intelectual. Sorprende que personas de un elevado nivel intelectual -como los firmantes de Plataforma- no expliciten sus intenciones políticas, no desarrollen ninguna reflexión acerca de la perspectiva de la transición (crisis) política que caracteriza a la situación nacional (ni qué decir de la situación mundial -la mayor bancarrota de la historia del capital). Debido a este nivel de improvisación y empirismo, Plataforma no sobrevivirá a la coyuntura que le dio luz.


La intelectualidad no existe como una fuerza social homogénea: no solamente refleja en forma distorsionada las contradicciones de clases, sino incluso la dependencia que se deriva de su condición de fuerza de trabajo intelectual en las diferentes modalidades y escalas de la gestión capitalista. Por eso, muchos de sus pronunciamientos responden a las circunstancias o conveniencias laborales, académicas o empresariales (privadas y públicas) del momento. La intelectualidad, si quiere desempeñar un rol social transformador, debe, con independencia de las circunstancias particulares de cada intelectual, formar Partido y tomar Partido. En las circunstancias históricas actuales, esto quiere decir una sola cosa: o que la crisis del capital la paguen los trabajadores (con un desenlace en la barbarie), o que la paguen los capitalistas -o sea la revolución social, la que significa la transformación socialista a partir de gobiernos de trabajadores. En estos mismos términos, se plantea también la cuestión de la independencia o autonomía nacional: o una federación socialista de América Latina -incluida Puerto Rico- o la Unasur de las mineras y contratistas brasileñas, norteamericanas y canadienses, interesadas en el corredor bioceánico para vender a China -al lado del Mercosur de los pulpos automotrices y al lado de la OEA de los operativos militares conjuntos, la ocupación de Haití y la financiación del BID y del Banco Mundial.


La Asamblea de Intelectuales


La aparición de Plataforma ha inquietado al estanque oficial y ha servido para poner en evidencia a otras capillas que se referencian en el kirchnerismo. El caso de un grupo del Centro Cultural de la Cooperación no tiene desperdicio, si se tiene en cuenta que sus mentores acaban de votar la ley antiterrorista. Recupera el relato de la historia del partido Comunista, pero olvida la colaboración de éste con la dictadura. Financiado por un banco, también desarrolla el discurso de la “igualdad” y termina con “la mirada puesta en las estrellas”, sin dejar de asegurarse que tiene “los pies firmes en el suelo” -es decir en la realidad del capitalismo en bancarrota del cual se nutre. Otro, que presenta “argumentos para una mayor igualdad”, al menos critica la ley antiterrorista (aunque no denuncia que fue votada por diputados con los cuales se relacionan, como los “sabattellistas”). “Argumentos” denuncia que “comienza a agrietarse una de las grandes conquistas democráticas posteriores a los asesinatos de Kosteki y Santillán”, en referencia a la represión kirchno-macrista al Indoamericano y a los Qom, pero omite a Mariano Ferreyra, crimen en el que intervino una burocracia sindical ligada al gobierno. Al final, propugna “una construcción de izquierda” ligada al kirchnerismo.


La Asamblea de Intelectuales que se formó en apoyo al Frente de Izquierda enfrenta un enorme desafío -que es, precisamente, su oportunidad. En oposición a todos los ‘relatos’, tiene el desafío de desarrollar la crítica al orden existente y, en particular, a la incapacidad del nacionalismo de contenido burgués para llevar adelante cualquier propuesta emancipadora, ya que la nacional va asociada a la social. Tiene el desafío de afirmar con claridad una conciencia y un programa socialistas, cuya realización depende de la acción histórica independiente de la clase obrera. Tiene el desafío, también, de desarrollar una vigorosa acción sindical en los ámbitos académicos y estudiantiles, para fusionar a la intelectualidad con el movimiento obrero en su acción práctica.


La querella de los intelectuales pone de manifiesto el impasse de la sociedad capitalista. Desarrollemos una intelectualidad que contribuya a la construcción socialista revolucionaria.